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  • ARQUITECTURA Y URBANSTICA

    Fernando Tern

    A finales del siglo XIX, las ciudades constituan un conjunto de espacios heterog-

    neos , carentes en general de la prestancia y monumental idad de otras ciudades

    europeas . Verdaderos precipitados histricos, estaban hechos de ai'ladidos y reelabo-

    raciones sucesivas, en los que haba tanto el collage o ensamblamiento de piezas diver-

    sas, como de palimpsesto reescrito una y otra vez sobre s mismo.

    Pero ese complejo producto de muchos siglos de elaboracin, haba entrado en un

    proceso de transformacin, tanto por la renovac in del casero, como por operaciones

    ms amplias de dignificacin ambiental y de adaptacin funcional. As, importantes

    adiciones recientes, producidas en el propio siglo, constituidas por grandes elementos

    muy transformadores , haba cambiado, o lo estaban haciendo en ese momento, el

    aspecto y el funcionamiento de la ciudad (cfr. Quirs, 1991 ). Y por otra parte, en el

    terreno de las ideas, haban aparecido algunas elaboraciones que eran importantes con-

    tribuciones espai'lolas a la construccin de la incipiente urbanstica moderna, sintoni-

    zadas con la cultura universal, que incidan parcialmente en definir y encauzar esas

    transformaciones.

    Paseos y alamedas constituyen una de esas incorporaciones. Haba algunos

    antecedentes, desde luego, especialmente del siglo XVIII, espordicas huellas mag-

    nnimas de la Ilustracin , pero su generalizacin a un nmero importante de ciu-

    dades es del XIX. Haba sido impulsada durante el dominio francs, incluso a veces

    con proyectos de ingenieros militares. Luego, a iniciativas municipales, se fueron

    desarrollando y difundiendo, de modo que en la segunda mitad del siglo se haban

    convertido en atributos urbanos caractersticos, como se aprecia repasando los pla-

    nos de Coello (cfr. Coello, 1880) o las vistas de Guesdon (cfr. Guesdon 1855). Unas

    veces son simples caminos flanqueados por filas de rboles. Otras veces son for-

    maciones paralelas de varias calles. Y otras se trata de explanadas longitudinales

    arboladas y ajardinadas, con fuentes, parterres, farolas, bancos y, en ocasiones, con

    pavimentos, verjas de cierre y portadas de acceso. Entre ellos, uno de los ms

    monumentales era el Paseo del Prado de La Habana. (Muchas ciudades espai'loles

    de Amrica, que haban tenido gnesis y desarrollos totalmente diferentes de las de

    la metrpolis, ya que respondan a un modelo urbano unitario y geomtricamente

    ordenado, tambin haban iniciado procesos de transformacin modernizadora, ya

    antes del fin de la Colonia.)

    Otro tema relacionado con ese deseo de dignificacin, que demandaba escenarios

    de prestigio y nuevas centralidades representativas , es el de las nuevas plazas monu-

    mentales, generalmente rectangulares, porticadas, de cuatro o cinco plantas y de arqui -

    120

  • ARQUITECTURA Y URBANSTICA

    tectura estilsticamente uniforme. Haba una tradicin de conocidos antecedentes,

    incluso desde el siglo XVI, pero ahora estaban apareciendo en muchos ms casos, las

    caractersticas arquitectnicas uniformes, la completa regularidad formal, y una mayor

    especializacin funcional, una vez eliminadas las tradicionales funciones comerciales,

    albergando usos administrativos y viviendas de alto nivel, detrs de sus sobrias facha-

    das de hermoso clasicismo. Barcelona, Bilbao, La Corua, Gerona, Gijn, Palma de

    Mallorca, Pamplona, San Sebastin, son algunas de las ciudades que enriquecen

    entonces su espacio con estos elementos urbanos de prestancia. Madrid, que se haba

    adelantado en dos siglos con su Plaza Mayor, acababa de hermosearse tambin con la

    Plaza de Oriente y con la Puerta del Sol, que responden a la misma bsqueda de esce-

    narios dignos, aunque no se ajustan al modelo rectangular comn, por su mayor ade-

    cuacin a las preexistencias.

    Por otra parte, incidiendo desde la tecnologa modernizadora, que estaba

    imponiendo sus conquistas en temas tales como el transporte, uno de los ms

    poderosos agentes de esa transformacin urbana estaba siendo el ferrocarril. En

    ese fin de siglo, la red ferroviaria nacional estaba prcticamente acabada y, aun -

    que se trataba de un transporte interurbano, su contacto con las ciudades estaba

    produciendo en ellas importantes adaptaciones . Las estaciones se haban aco-

    modado en las periferias , pero su presencia alteraba el funcionamiento de la ciu-

    dad y las apetencias de localizacin dentro de ella. El nuevo edificio y sus fun -

    ciones desencadenaban reorganizaciones del entorno con la aparicin de plazas,

    paseos, edificios de almacenes o industrias, viviendas de ferroviarios , a veces un

    hotel. En las grandes ciudades hubo pronto ms de una estacin, con sus corres-

    pond ientes consecuencias urbansticas. Y los propios enormes edificios nuevos,

    con sus formas antes nunca vistas , constituan por s mismos importantes impac-

    tos, aunque adoptasen una apariencia arquitectnica mas convencional en la

    fachada a la ciudad, reservando hacia el exterior de sta las combinaciones

    entonces sorprendentes de hierro y vidrio . Algunas de estas estaciones haban

    empezado a construirse en Jos aos cincuenta y sesenta, pero son ms las que

    corresponden a las ltimas dcadas . En cualquier caso, eran todava una nove-

    dad y muchas estaban an en construccin o acababan de ser puestas en servi -

    cio (cfr. Artola , 1978 y Casares, 1973).

    Tambin haba ferrocarriles menores dentro de la ciudad. Su aparicin data de Jos

    aos sesenta, asociada a empresas inglesas que haban ensayado ya el tramway. En la

    ltima dcada del siglo se estaba produciendo su electrificacin, que vena a sustituir

    al grupo de mulas y empezaba a llenar de cables la escena urbana. En muy buena

    medida, el tranva hizo posible el rpido crecimiento urbano superficial en las lti -

    mas dcadas del siglo, prolongando sus lneas hacia las periferias. La iniciativa pri-

    vada, a travs del sistema de concesin, articul en gran medida la organizacin y

    produccin de la ciudad decimonnica, al revalorizar con acceso, suelos antes traba-

    josamt.Jte accesibles.

    Pero si las estaciones ferrovi arias eran manifestaciones especialmente visi-

    bles de la nueva arquitectura de cristal y hierro, haba otros edificios nuevos que

    121

    A Corua. Galeras acristaladas

  • 59 Madrid visto desde la Casa de Campo. 1893 Antonio GOMAR y GOMAR

    Madrid. Edificio de la Real Compaa Asturiana de Minas

    Fernando Tern

    estaban apareciendo para albergar nuevas o antiguas funciones en formas nue-

    vas. Y en ellos se luca tambin con nueva belleza, la integracin de ambos

    materiales, combinndose frecuentemente dentro del mismo edificio, como ocu-

    rra en las estaciones, con tratamientos ms tradicionales. Eran edificios admi -

    nistrativos, museos, bibliotecas, palacios y palacetes, teatros, edificios para

    compaas, fbricas, y los nuevos mercados, de amplias naves difanas gracias

    a la ligereza de las nuevas estructuras de hierro. En ellos se manifestaba ese

    caracterstico eclecticismo, a veces enftico, integrador de clasicismo, histori-

    cismos varios y nueva tecnologa, que haba triunfado en la Exposicin

    Universal de Pars de 1888 y se haba consagrado en la de Chicago de 1893.

    Slo el movimiento del Art Nouveau , an con toda su diversidad, se ofreca

    como alternativa estilstica, exaltando la libertad imaginativa, las curvas din-

    micas, la morfologa orgnica de referencias naturalistas y geometras blandas,

    en ruptura con la solidez clsica de los cnones universalmente aceptados. No

    tuvo mucha difusin en Espaa, fuera de Catalua, donde la especial fortuna del

    modernismo, no fue independiente de los esfuerzos de afianzamiento de una

    identidad distintiva, por parte de la burguesa local (cfr. Fahr, 1996). Ah se ins-

    cribe el desarrollo de la obra singular realizada por Antonio Gaud, que en ese

    final de siglo, haba construido ya parte de la serie de sus sorprendentes crea-

    ciones y tena a medias la fantstica ptrea mole de la Sagrada Familia (cfr.

    Martinell, 1967). Mientras tanto desde Madrid, y desde 1874 en que se inaugu-

    r la plaza de toros anterior a la actual, se extenda por casi toda Espaa, con el

    nombre de neomudjar, otro intento de fundamentacin estilstica alternativa,

    que explotaba las posibilidades econmicas, constructivas y expresivas del ladri-

    llo, dentro de un historicismo casticista, de suficiente versatilidad como para

    manifestarse en una extensa gama edificatoria, desde la iglesia a la fbrica o a

    la modesta vivienda obrera, y que lleg a constituir uno de los captulos cuanti -

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  • ARQUITEC TURA Y URBANS TICA

    tativa y cualitativamente ms importantes de la arquitectura espaola del siglo

    (cfr. Gonzlez Amzqueta, 1969).

    Pero tambin hay que aludir al espacio urbano nuevo que, para aliviar el exceso de

    concentracin y sus efectos muy negativamente percibidos, estaba formndose al lado

    de algunas ciudades: amplias superficies surcadas regularmente por anchas calles rec-

    tas, que se cortaban en ngulo recto formando manzanas. Las fotografias del momen-

    to muestran filas de esculidos rboles recin plantados, junto a los primeros edificios.

    Sabemos, adems, que por debajo discurran, aprovechando la regularidad geomtrica

    del trazado de las calles, los tubos de hierro (o de novedoso cemento) de las conduc-

    ciones de agua, gas y alcantarillado.

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