antonin artaud los cenci

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  • ACTO I

    ESCENA I

    Una galeria profunda y en espiral. Camilo y Cenci entran con-uersando.

    CAMILO. - jBah!... Un asesinato no es un drama. Para quien dis-pone de la vida de las almas, despues de todo, ,que es en ulrirnainsrancia la perdida de un cuerpo? Sin embargo, existen las apa-riencias: sf, la moral publica, las costumbres, toda una fachada so-cial que el Papa vaJora especialrnenre, Es la causa de su dureza conUd ... Yde sus exigencias... Y fue necesaria toda mi influeneia enel conclave para inducirlos a librarlo a usred de toda sospecha.Cedale sus rierras siruadas mas alla del Pincio y pasara la esponjasobre sus pecados.

    CENCI.- jMaidici6n l jUn tercio de mis posesiones!CAMILO.- ,Le parece demasiado?

    CENCI.- Es demasiado que la vida de un hombre sea tasada enrres loces de tierra con sus viriedos incluidos.

    CAMILO. - ,De que se queja?CENCI. - Me quejo de mi cobardfa.CAMILO. - ,Le gustarfa mas, sin duda, que su crimen fuera de-nunciado?

    CENCI. - ,Y enronces? iLa publicidad que se le ha dado a mi cri-men no quiere decir que tenga que expiarlo!

    CAMILO. - ,Y que haria Ud.?

    23

  • CENCI. - La guerra. Me veo perfectamenre bien haciendole laguerra al papado, Este Papa es demasiado amigo de las riquezas, Yhoy dia es muy faci! para un poderoso terrareniente tapar sus cri-menes con sus denarios, Prefiero a la plebe antes que a todos esossoberbios, Detras de las muraHas armadas de mi castillo de Petre-lla, me sicnro capaz de desafiar las iras del papado,

    CAMILO. - [Caramba! iC6mo se deja impresionar por una sim-ple cuesrion de coneieneia!

    CENCI. - Lo que nos separa a nosotros, a Ud. y ami, es que yono tomo conciencia de las miserias de la misma forma que Ud.

    CAMILO. - jCalma, conde Cenci, calma' No va a soliviantar to-do un pais por un crimen que se Ie ha dicho que ya esta expiado.

    CENCI. - En efecro.es 10 que me deriene. iLa guerra me desvia-ria de cierto plan!

    CAMILO. - Sin duda alguna nueva ignominia con la cual su es-piritu se complace.

    ~EN.CI. - Puede ser, Pero es mi problema. La Iglesia no tienenmgun derecho a me terse en mi coraz6n secreto,

    CAMILO. - Conde Cenci, estamos cansados de batallas, E1 mun-do es debil. ansla la paz. El gesto del Papa es un gesto de rreguaque incita a la calma.

    CENCI. - Celebrarfa esra amnistia general COn una orgia d6ndev~n a estar rodos Uds. invitados: jefes de la nobleza y del saccrdo-ClO. una gran orgia de tiempos de molicie, donde los vicios delviejo Conde Cenci les mosrraran 10 que quiere decir la paz.CAMILO. - Suficienre. Conde Cenci, suficiente. Terminaria Ud.por hacerme [amentar rni elocuencia. Ud. no es tan joven comopara tener ciernpo atin para lamentar su pasado,

    24

    CENCI. - jPavadas! jEstas cosas de la Iglesia! Para mf no hay masni futuro ni pasado, por 10 tanto no hay ningun arrepentirnientoposible. S610 me ocupo de perfeccionar bien mis crlmencs, Unabella obra de arte negra, es la unica herencia que rodavia me im-porra dejar.CAMILO. - Ud. seria pueril, conde Cenci. si yo no fuese pagadopor creer en SU sinceridad.

    CENCI. - Al fin las palabras de un hombre que sabe compren-derme, Yo serla un nino, en efecro, si no se pudiese creer que soyun verdadero rnonstruo, porque rodos los crimenes que me irna-gino. ru sabes muy bien que soy capaz de comererlos.

    CAMILO. - La que me da miedo no es la muerte de un hombre.porque final mente a esra vida humana tan preciada, la hipocresfasocial se las arregla para sacrificarla en exceso, cada vez que so pre-texto de golpe de estado, de revoluei6n, de guerra. ella se escudadetras de su habitual cornplice, el destine.

    CENCI. - No me has enrendido tan mal. Porque mira. yo. elvie-jo Conde Cenci. solido todavia en su frigil esqueleto, me pasamas de una vez en suefios de identificarrne COn eI destine. Ahf es-fa la razon de mis vieios y de esta inclinaci6n natural al odio, don-de mis mas cercanos son los que mas me molesran, Yo me creo ysoy Una fuerza de la naturaleza, Para rnl, no hay ni vida, ni muer-re, ni dios, ni incesto, ni arrepentimiento, ni crimen. Obedezco ami ley que no me da vertigo, y mala suerte para quien esta atra-pado y se hunde en el abismo en que me he transformado. Buscoy hago el mal porque es mi destine y por principio. No sabrla re-sisrir a las fuerzas que arden por abalanzarse en mi.

    CAMILO. - Si creyera en Dios, diria que hay aqul una prueba dela antigua hagiografia crisriana: Lucifer no habla mejor que ru.

    25

  • (Aqui se oye La voz de Andrea desde bastidores)ANDREA. - Senor, aquf hay alguien de Salamanca que dice te-net noticias imporrantes y convenientes para comunicarre.

    CENCI. - Esta bien. Que espere en mi gabinere privado.CAMILO. - Adios, Sin embargo, voy a rezar al Senor para quetus palabras impfas y sacrllegas no obliguen a su espfriru a aban-donarte tan rapidarnente,

    (Sale Camilo)CENCI. - iUn tercio de mis bienes! Y 10 que queda para endul-zar los dfas de mis descendientes. iAy Dios! Salamanca no esta aunbastanre lejana: solo queda la muerre de la cual se sabe por expe-riencia que las almas se resisten a aparecer una vez que ya se hanido. Sin embargo. yo esperaba verme liberado de esas dos. Las ve-las del entierro es todo 10 que yo puedo todavla pagarles.Lo que diferencia los hechos de la vida de los del teatro, es que enla vida se hace mas y se dice rnenos, y que en el reatro se hablamucho para hacer muy poca cosa. Sin embargo, yo, reestablecerlael equilibrio y 10 reestableceria en perjuicio de la vida. Lo restariade mi numerosa familia.

    (Sepone a contar con los dedos)Dos hijos alia, una mujer aqui. En cuanto a mi hija rarnbien laperjudico, ipero por otros caminos! El mal despues de rodo, no es-ra desprovisto de gozo. Torturarfa el alma aprovechando el cuer-po, yen cuanro esto este hecho en la medida que un hombre vi-viente pueda hacerlo, que vengan a revelar mi farsa y mi gusto porel teatro, si pueden. Quiero decir, si se atreven.

    (Aqui, il estira La mano derecha y muestra su dedo me-fiique que cuelga)

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    Queda todavia una cosa pendiente: Bernardo. Les dejare a mi hi-jo menor, Bernardo, para que pueda llorar sobre ellos, .

    (Exhala, al aire)

    Aire, te conflo mis pensamientos.(Vtl Y vienepor La galeria)

    Y ni, eco de mis pasos, corre por el aire. Ustedes son tan silencio-sos uno como el otro, Ni los muros los escuchadan.

    (Saca su espada y da un gran golpe sabre un gong. An-drea, elsirviente, aparece)

    ANDREA. - Monsefior,

    CENCI. _ Ve y dile a Beatriz, mi hija, que quiero verla a solas.Esta noche, a medianoche. Desaparece.

    TEL6N

    27

  • FSCENAII

    ORSINO. - BEATRlZ.A la derecha, Ia galeria delPalacio Cenci. Al centro, unJardin alum-brado por /a luna.

    BEATRIZ. - ,Se acuerda usted dellugar donde ruvimos nuesrrapr~mera co~versaci6n? ]u'tamente desde aqui se ve e1lugar del ci-pres. La rrusma luna que esa noche descend fa por las laderas delPincio,

    ORSINO. - Me acuerdo, entonees deda que me queria.

    BEATRIZ. - Usrcd cs cura, no me hable de amor.

    ORSINO. - Que importan mis votos, puesto que la he vuelto aenc~nrrar; no hay Iglesia que pueda luchar Contra mi propio co-razon,

    ~EAT~Z. - No es la Iglesia ni su corazon 10 que nos separa, Or-Sino, srno el desrino.

    ORSINO. - ,Que destino?

    BEATRIZ. - Mi padre. Ese es mi rnaldito destine.

    ORSINO. - ,Su padre?

    BEATRIZ. - Por su culpa ya no esroy hecha para los amores hu-manos. Mis amorcs cuentan solo para la muerte.

    ORSINO. - Abandone esc tono sibilino. Cualquiera sean los obs-taculos, me hare fuertc para vencerlos, siempre que me sienta res-paldado por usted,

    BEATRlZ. - iRespaldado por mi' No cuente con eso, no cuente

    28

    mas con eso, Orsino. Aqui hay algo mas que un hombre que va yviene entre esas rnurallas de rniseria, y me obliga a ml, a quedar-me. Y por mas que me parezca dura mi esclavitud tiene nombresqueridos. Antes de Orsino, esra Bernardo, y mi madre que sufre.EI arnor para rni no tiene mas las virtudes del sufrimienro. El de-ber es rni unico amor.

    ORSINO. - Hoy sopla pot aqui, un extrafio aire de misticismo.Confiesese, hace falta un sacramento insigne, para exorcizar codasesas locuras,

    BEATRIZ. - No hay sacramento para luchar contra la crueldadque me oprirne. Hay que actual. Esra noche mi padre da una fies-ta sunruosa, Orsino; ha recibido noticias felices de Salamanca, dernis hermanos que estan alia. Es por esta demosrraci6n exterior deamor que se buda de su odio secrero. Es una audaz hipocresla,pues tendrla mas alegria en festejar sus muertes, por las que 10 hevisro rogar de rodillas ... iGran Dios, que un padre sernejanre pue-da ser el mio!Se han hecho grandes preparatives y rodos mis parientes Cencivan a estar alla con toda la alta nobleza de Roma.Nos ha mandado decir a mi madre yam! que nos vistarnos connuesrras mas bellas galas de fiesta [Pobre mujer' Ella espera algunfeliz alivio a sus sombrios pensamiemos; yo, nada.En 1a cornida, volverernos a hablar de rodo coraz6n; hasta enton-ces, adios.

    (Salt Beatrlz)

    ORSINO. - iHasta I. ceria! No voy a esperar hasta enronces. Yonecesito tu corazon, Beatriz, y estarta muy loco si lo dejara es-capar.

    (Orsino sale)

    TEL6N

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  • ESCENA III

    Cenci, Camilo, Beatriz, Lucrecia e inuitados entre las cuales estd e!Principe Colonna. Gran cantidad de maniquies. La escena recuerdamds 0 menos las bodas de Cana, pero es mds bdrbara. Vuelan al vien-to los cortinados purpura y caen en pesados pliegues sobre las mura-llas. Repentinammre, al leuantarse e! telon, estalla la escena de unaorgia furiosa, pintada como en rrompe I'oeil.

    Las campanas de Roma suenan a todo ouelo, pero en sordina, deacuerdo con el ritmo turbulento del ftstin.

    Las voces suben de tono, tomando el sonido grave 0 sobreagudoyclarificado de las campanas. Por momentos