Alvaro Calderon - Prometeo La Religion Del Hombre

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<ul><li><p> PROMETEO </p><p>LA RELIGIN DEL HOMBRE </p><p>ENSAYO DE UNA HERMENUTICA DEL CONCILIO VATICANO II </p><p>LVARO CALDERN </p></li><li><p> 2 </p><p> Hefesto: Vendr la noche, ansiada de ti, y te ocultar la luz con su estrellado manto; de nuevo </p><p>enjugar el sol el roco de la maana; pero el dolor del presente mal te abrumar sin tregua, que an no ha nacido tu libertador. He aqu lo que te has granjeado con tu actitud de amor por los hombres! Dios como eres, sin temer la clera de los Dioses, honraste a los mortales ms de lo debido, y en pa-go guardars esta desapacible roca, de pie, sin dormir, sin tomar descanso, y vano ser que lances muchos lamentos y gemidos; que son recias de mover las entraas de Zeus. </p><p>Prometeo: No puedo hablar de mis desdichas, ni soy poderoso para callarlas. Sin ventura yo, que dispensando favores a los mortales, sufro ahora el yugo de este suplicio. Tom en hueca caa la furtiva chispa, madre del fuego; luci, maestro de toda industria, auxilio grande para los hombres; y de esta suerte pago la pena de mis delitos, puesto al aire y encadenado. Ay de m! </p><p> Esquilo, Prometeo encadenado </p></li><li><p> 3 </p><p>PRLOGO CONFIDENCIAL </p><p>Faltan apenas dos aos para que se cumpla el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, y todava no salimos del pasmo en que nos puso este giro de timn en la Barca de Pedro. Y utilizando el plural no me refiero solamente a los catlicos de buena fe, sino a todo el mundo: tradicionalistas y progresistas, catlicos y no catlicos. Hoy domingo, Benedicto XVI visita por segunda vez la sinagoga de Roma como signo de amistad, y el rabino aun se pellizca para creer lo que sus ojos ven - no es para menos: las dos veces que los visit San Pedro no se mostr tan afable1 -. Maana lunes, la Fraternidad San Po X visita por segunda vez el ex Santo Oficio de Roma, y no nos termina de sorprender el motivo que all nos tiene: discutir sobre el Concilio a la luz del magisterio anterior, porque el mismo Benedicto XVI reconoce que el Vaticano II todav-a no se acaba de entender. </p><p>S, se hace absolutamente necesario entender qu es el Concilio -quid sit, dicen los escolsticos- a la luz del Magisterio de siempre, que es la nica luz que tenemos en este tiempo de tinieblas. El Papa ha hablado de una necesaria hermenutica de los textos conciliares, trmino de etimologa griega que signi-fica interpretacin. Hasta ahora habra prevalecido una hermenutica de ruptura con el pensamiento catlico tradicional, y Benedicto XVI pide que se haga una hermenutica de continuidad. Bien, he queri-do responder a este pedido, y el presente librito -como reza el subttulo- es un ensayo de hermenutica del Concilio Vaticano II. Pero har algunas aclaraciones antes de comenzar la aventura. </p><p>Hasta no hace mucho, con la palabra hermenutica se significaba el arte de interpretar textos que ofrecan alguna dificultad especial, generalmente por su antigedad, y se deca especialmente del arte de interpretar las Sagradas Escrituras, que a la gran antigedad se le suma el tener mltiples autores humanos y un nico autor principal, el Espritu Santo. Pero el subjetivismo moderno habla de hermenutica para la interpretacin de todo texto, poniendo ahora la dificultad no en alguna caracterstica particular, sino en la dificultad general que el hombre tendra para transmitir su pensamiento. Un autntico telogo catlico no puede aceptar que se hable de una hermenutica, por ejemplo, de los textos del Concilio de Trento o del Vaticano I, porque son textos actuales que hacen justamente la interpretacin autorizada de la Tradi-cin, en lo que sta tena necesidad todava de ser explicada. Si para leer Trento, que hace una hermenuti-ca de la Tradicin, yo, Padre Caldern, necesito la aplicacin de un arte especializado para poder, a mi vez, interpretarlo, quiere decir que Usted, Lector, tendr que hacer una hermenutica de mi interpretacin. Quiere decir que nunca nadie puede hablar claramente con nadie el mismo lenguaje? Exactamente eso es lo que piensa un moderno subjetivista, pero est gravemente equivocado. </p><p>Sin embargo, ya ha visto el Lector que intento hacer una hermenutica del Concilio Vaticano II. He dudado si dejar ese subttulo, pues da a pensar que participo del vergonzoso defecto del subjetivismo, y por eso lo aclar apenas en mi tercer prrafo -aunque muchos no pasarn de leer los ttulos-. Mas, si bien est mal hablar de hermenutica para los documentos del magisterio eclesistico, no lo est para los textos del ltimo Concilio, porque han sido redactados bajo una especie de cdigo para iniciados. Y aunque no digo que me haya vuelto un especialista en el asunto, me parece que he ido descubriendo la clave para in-terpretarlos. </p><p>Una nota ms respecto a hermenutica, que me surge de comparar una edicin antigua del Dic-cionario de la Real Academia Espaola con la versin digital ms nueva. En la edicin de 1914 se lee para dicho trmino: Arte de interpretar textos para fijar su verdadero sentido, y especialmente el de interpretar los textos sagrados, mientras que la edicin de 1992 trae lo mismo salvo las palabras para fijar su verda-dero sentido. Seal del triunfo del subjetivismo, pues ya no se cree que ningn texto tenga un sentido ver-dadero nico. Pero tampoco es cierto. El presente ensayo busca hallar el sentido verdadero, dentro -por supuesto- de la deliberada confusin con que esos textos se escribieron2. </p><p> 1 La primera vez que San Pedro compareci ante el sanedrn, fue por haber curado a un paraltico en el Templo, y con franqueza les dijo: Prncipes del pueblo y ancianos: Ya que somos hoy interrogados sobre la curacin de este invlido, por quin haya sido curado, sea manifiesto a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que en nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros habis crucificado, a quien Dios resucit de entre los muertos, por El, ste se halla sano ante vosotros. El es la piedra rechazada por vosotros los constructores, que ha venido a ser piedra angular. En ningn otro hay salud, pues ningn otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos (Hechos 4, 8-12). La segunda vez no fue menos claro: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucit a Jess, a quien vosotros habis dado muerte suspendindole de un madero. Pues a se le ha levantado Dios a su diestra por Prncipe y Salvador, para dar a Israel penitencia y la remisin de los pecados. Nosotros somos testigos de esto, y lo es tambin el Espritu Santo que Dios otorg a los que le obedecen (Hechos 5, 29-32). Ay, si por lo menos hoy los Papas fueran a decirles lo mismo! 2 P. Alvaro Caldern, La lmpara bajo el celemn, Ed. Ro Reconquista, Bs. As. 2009, p. 204: Los problemas plantea-dos por el Vaticano II son confusos por dos motivos; primero, porque el grupo innovador que domin el Concilio tuvo </p></li><li><p> 4 </p><p>El Papa ha pedido que se haga una hermenutica de la continuidad, y eso es lo que hice. En el Concilio hubo algo de nunca visto -de all el pasmo general-, pero haba mucho de antiguo. Ante el temblor conciliar, los catlicos hemos visto de repente caerse todo. Pero si uno se pone a pensar, la causa de este derrumbe no puede reducirse a lo que pas hace cincuenta aos: las termitas debilitaban desde hace mucho la estructura del edificio. Una tesis principal de la explicacin que aqu doy es que el Vaticano II se inserta en un proceso continuo que arranca con el Renacimiento. Pero como no nos da el presupuesto para meter-nos a historiadores, este aspecto histrico no est propiamente explicado, sino slo sealado por algunos jalones. De todas maneras, alcanza para mostrar que los que hicieron el Concilio estaban en continuidad con cinco siglos de catolicismo liberal. La pretensin, entonces, de Benedicto XVI tiene su parte de verdad. </p><p>* La palabra clave de toda mi interpretacin es el humanismo, pronunciada por primera vez en el </p><p>siglo XIV. Aunque no siempre con rencor, desde el comienzo se contrapuso a la palabra cristianismo. Afirmo, entonces, que el Concilio Vaticano II es el mayor -y quizs ltimo- esfuerzo por sostener un huma-nismo catlico, que se levanta ante el cristianismo o Religin de Cristo, como la Religin del Hombre. </p><p>Los seres humanos tenemos una fuerte tendencia a reducir todas las cosas a un nico principio, y se suele observar que las explicaciones que lo logran resultan muy mentirosas. Mi hermenutica puede caer bajo esta sospecha, pues habiendo puesto el humanismo como principio, pretendo resolver de all uno tras otro los mil problemas que plantea el Concilio. Pero si bien puede ser cierto que, en la mayora de los casos, quien mucho simplifica mucho miente, le hago la observacin, querido Lector, que no siempre. Por-que toda la realidad tiene, en verdad, un nico principio, que es Dios Nuestro Seor, y la sospechada ten-dencia a la reduccin del intelecto humano, no es otra cosa que el habitas de la sabidura -teologa es su otro nombre- que trata de aparecer. Cuando las cosas se ven a la luz de los verdaderos principios teolgicos, entonces se simplifican enormemente, tendiendo a verse tan simples como simple es Dios. S, aun los erro-res. Esto puede resultar un poco ms misterioso, pero los errores teolgicos no tienen muchas maneras de cometerse, por la misma simplicidad de las verdades a que se oponen. He aqu mi defensa entonces: si la luz bajo la que he enfocado el problema del Concilio es de sabidura verdadera, puede ser que mi explicacin sea simple y cierta. Y, en confianza, me parece que es as, que no por otro motivo se publica este librito. </p><p>Como suele pasar, una defensa pide otra. La sabidura de la que me gloro no es ma, es la de Santo Toms, a la que veinte aos de paz en mi querido Seminario me han permitido acercarme. Si hay algo por lo que pecaron los telogos del Concilio, es por haberla abandonado. </p><p>* El ttulo propio del librito es La religin del hombre. Lo de Prometeo fue por no dejarlo tan se-</p><p>co. A los humanistas del Renacimiento les gustaba resucitar los mitos griegos, y la figura de Prometeo en-carna de manera interesante el espritu del humanismo. Segn Esquilo, Prometeo sera un titn - de natura-leza divina - hermano de Atlas y de Tifn, pero a diferencia de ellos, su virtud no consista en la fuerza bruta sino en la astucia : su nombre significa Prudente. Cultor de Zeus en un principio, se vuelve tan favorable al gnero humano - a quien segn otros autores habra plasmado - que lo salva del diluvio en que el airado Zeus quera anegarlo, termina robando el fuego divino en unas caas para drselo a los hombres, y en el sacrificio de un buey decepciona a Zeus ofreciendo al hombre la parte mejor. Como castigo divino, l ser encadenado a una roca, donde un guila le devora perpetuamente el hgado, y los hombres sern seducidos por Pandora, que desata todas las calamidades. Finalmente Hrcules lo libera y lo reconcilia con Zeus. [En la entrada del Rockefeller Center hay una especie de altar levantado a Prometeo, en el que una estatua do-rada lo representa trayendo a los hombres la divina llama]. </p><p>El Concilio es Prometeo en el acto de su latrocinio. Fue una maniobra de prudencia humana llevada a cabo por una jerarqua de constitucin divina, que hizo arder para los hombres el incienso que pertenece a Dios - la pintura de la tapa representa este momento, con un Prometeo de torva mirada; es obra de Jan Cos-siers, siglo XVII, segn un boceto de Rubens, y se halla en el Museo del Prado -. Como en la parbola del administrador infiel (Lc 16), el Concilio anul los pagars de las deudas de los hombres para con Dios, pro-metiendo a todos la salvacin; y en el culto de su nueva Misa ha dado al hombre la parte mejor. Pero tam-poco faltan las consecuencias, pues la caja de Pandora ha volcado sus males en toda la Iglesia, mientras la </p><p> la prudencia de no ser explcito para evitar la confrontacin abierta con la mens tradicional de la mayora; segundo, porque el pensamiento moderno que lo anima es necesaria y deliberadamente ambiguo, pues no cultiva los instrumen-tos que dan rigor al pensamiento, con la intencin de permanecer en el pacfico mbito del pluralismo doctrinal. </p></li><li><p> 5 </p><p>jerarqua catlica ha quedado encadenada, con su propia incoherencia royndole las entraas. Quin ser el Hrcules capaz de liberarla? Creemos que slo un retorno del tomismo a Roma. </p><p>* Las pginas que siguen son difciles. Este trabajo, segn creo y espero y estoy persuadido, es mi </p><p>ltima palabra acerca del Concilio. Cuatro son -siguiendo mtico- los hercleos trabajos que he acometido respecto a la crisis desatada por el Vaticano II: </p><p> El primero ha tratado sobre la autoridad doctrinal del magisterio conciliar, publicado hace poco bajo el ttulo de La lmpara bajo el celemn. No puede uno meterse a telogo sin resolver de algn modo ese asunto. </p><p> El segundo lleva como nombre El misterio pascual, que fue publicado sustancialmente en los Cuadernos de La Reja n 4. All trato de desentraar los sofismas de la nueva teologa en torno a su nueva versin del misterio de la Redencin. El asunto es infinito y siempre quedan cosas por decir. Me publicaron un artculo complementario en las actas del Primer Simposio de Pars, de octubre del 2002: La Iglesia, sacramento universal de salvacin (en francs). Qued en el tintero otro artculo que se habra llamado Alter Christiis, sobre la nocin moderna del sacerdocio. Pero al menos se public una sntesis que incluye este punto en las Actas del 5o Congreso Teolgico de Si Si No No, de abril del 2002: Cuestin disputada sobre la Redencin. Nocin teolgica del Misterio Pascual, cuya versin espaola fue publicada en los Cuadernos de La Reja n 6. Redondear algn da estos asuntos? No he descartado la intencin, pero por ahora no tengo nimos ni para pensarlo. Aunque creo haber hecho lo que deba y estoy muy satisfecho por eso, es extremadamente desagradable tener que gastar el cerebro en considerar un pensamiento tan falso y hueco como el moderno. </p><p> El tercer trabajo es El Reino de Dios, cuya primera versin fue presentada en el Tercer Simposio de Pars, de octubre del 2004, pero nunca lleg a publicarse en sus actas. Por qu? Porque al trabajito le creci una rama ms grande que su propio tronco y no quise podarlo. Lo que ocurri es que, al querer saber por qu los modernos distinguen la Iglesia del Reino de Dios, salt a la vista una confusin que la mayora de los telogos antiliberales no haba evitado: identificar el fin temporal propio del orden poltico con un fin puramente natural. Cometido este error, no se pueden refutar Dignatis humanae ni Gaudium et spes. De all que la investigacin, que en un primer momento se pensaba reducir a los autores modernos en torno al Concilio, tuvo que retroceder siglos en el tiempo y cambiar notablemente de objeto. Este asunto me parece importantsimo, porque involucra a los mismos maestros que los tradicionalistas tenemos, y con la ayuda de Dios, tengo decidido llevarlo a trmino. </p><p> El cuarto trabajo e...</p></li></ul>