Alegoría y revolución. La política de la literatura en El ... ?· geminación discursiva, la relación…

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Decimonnica 10.2 (2013): 50-69. Copyright 2013 Decimonnica and Maria do Cebreiro Rbade Villar. All rights reserved. This work may be used with this footer included for noncommercial purposes only. No copies of this work may be distributed electronically in whole or in part without express written permission from Decimonnica. This electronic publishing model depends on mutual trust between user and publisher. VOL. 10, NUM.2 SUMMER/VERANO 2013 Alegora y revolucin. La poltica de la literatura en El caballero de las botas azules (1867) Mara do Cebreiro Rbade Villar La bibliografa crtica sobre El caballero de las botas azules ha venido oscilando entre su consideracin como stira social o su consideracin como artefacto metaliterario. Los autores adscritos al primer marco exegtico suelen subrayar el propsito polticamente reformistao en trminos ms exactos, regeneradorde la fbula literaria de Rosala de Castro (Davies, Rivera, Garca Negro, Rodrguez, Migulez-Carballeira). Por su parte, los autores que defienden la consideracin de El caballero de las botas azules como parodia de la literatura espaola del siglo XIX, inciden en el carcter metaficcional de la trama y en su voluntad de transformar el panorama de la novelstica hispnica, dominado por el folletn y otras modalidades de la incipiente literatura de consumo (Risco, Gulln, Miralles, Fernndez Rodrguez, Posada Alonso, Rodrguez Yez). Esta oposicin se ha extendido incluso a aquellos trabajos situados en la rbita de paradigmas tericos ms recientes, como los estudios poscoloniales (Johnson-Hoffman), los estudios feministas (Charnon-Deutsch) o la sociologa literaria (Fernndez). En cambio, es obvio que a pesar de su polaridad ambas apuestas de lectura comparten al menos dos puntos de partida: el propsito de cambio (sea este poltico o literario) que acta como motor de la obra y la ambigedad semntica que atraviesa la trama. La ambigedad de El caballero de las botas azulesreconocida ya por los primeros intrpretes decimonnicos de la obra (Fernn Caballero, Albareda y Murgua)es precisamente el factor que ha dado origen a la sealada duplicidad hermenutica.1 Acaso a fin de minimizar la ambigedad, algunos investigadores contemporneos han puesto el nfasis en la relacin entre el propsito de transformacin social y el propsito de renovacin literaria (Lama 44). Este artculo pretende expandir el reconocimiento crtico de la complicidad entre ambos niveles de lectura, poniendo el acento en el carcter dialctico del vnculo entre el sentido poltico y el sentido literario de la novela. Para ello partir de un entendimiento de El caballero de las botas azules como ficcin alegrica y postular la existencia de una estrecha afinidad entre la alegora y la revolucin poltica en esta novela, unnimemente considerada como el aporte ms significativo de Rosala de Castro al gnero de la narrativa. Rbade Villar 51 Analizar en detalle las funciones de la alegora en la ficcin de Rosala de Castro implica enfrentarse a algunos escollos con los que la crtica de la novela ha tropezado reiteradamente. Uno de ellos se relaciona con la pretendida deficiencia estructural de El caballero de las botas azules, diagnstico que revela el peso adquirido por los modelos organicistas en la interpretacin literaria. Debido a la identificacin implcita de la novela con un modelo literario de estructura cerrada, la crtica de El caballero de las botas azules ha manifestado una cierta ansiedad en relacin con su carcter supuestamente incompleto.2 Y ello a pesar de la evidencia de que resulta poco operativo juzgar esta novela rosalianaal igual que otras muchas del siglo XIXbasndose en los presupuestos de ciertas ficciones regidas por el principio de unidad formal y de armona interna. A este imperativo organicista y armonizador hay que aadir los valores implcitos que el discurso historiogrfico suele atribuir a la oposicin entre antes y despus, considerada por Wlad Godzich como un ejemplo de cronopoltica. De hecho, la todava extendida consideracin crtica de Rosala de Castro como escritora tardorromntica ha dado pie a una caracterizacin en clave temporal de sus novelas. Y as, aunque lo ms frecuente ha sido sostener el dcalage de las apuestas literarias de la autora en relacin con el estado general de la novelstica hispnica del momento, para la mayor parte de sus estudiosos El caballero de las botas azules supondra, por el contrario, un avance de modos novelsticos muy posteriores a la narrativa de mediados del siglo XIX.3 Precisamente a la hora de considerar el peso de los juicios retrospectivos en la evaluacin de la obra puede resultar productivo notar que El caballero de las botas azules fue publicada justo en el momento en que la periodologa literaria del siglo XIX acostumbra situar el origen de la novelstica moderna.4 Editada en la imprenta lucense Soto y Freire, en el ao 1867, El caballero de las botas azules es una novela desafiante y compleja. El relato est protagonizado por un personaje con algo de dandy satnico, el duque de la Gloria, sin duda influido por hroes de la ficcin europea contempornea como el Petchorin de Lermontov o el Doctor Lauela de Ros de Olano. Con su anuncio persistente de una obra (el libro de los libros) que habr de cambiar el curso de la vida social e intelectual madrilea, el caballero de las botas azules se convierte en un verdadero martillo de la vida social capitalina. Acompaado de su sirviente Zuma y ataviado con una llamativa indumentaria que no tarda en ponerse de moda en la capital, el protagonista dirige sus amargas invectivas contra distintas clases y crculos sociales. Pero son dos, ante todo, los destinatarios de sus comentarios satricos: los escritores y crticos vinculados a la produccin literaria mercantil, y las seoritas y damas ociosas de Madrid, cuyas costumbres no pierde ocasin de reprobar y cuyos gustos literarios parodia en cuanto se le presenta la ocasin. Muchos de los elementos reconocidos y caracterizados por Angus Fletcher en su ya clsica teora del modo alegrico comparecen en El caballero de las botas azules. La geminacin discursiva, la relacin entre la alegora y la irona, el reconocimiento de la polmica como motor de la obra, el desplazamiento constante del hroe o la visin apocalptica son elementos inherentes a lo que el autor considera la causalidad mgica del modo alegrico (172-185). A la alegoresis debe vincularse tambin el protagonismo adquirido por el atuendo fantstico del caballero (desde las botas de un azul deslumbrante, hasta la corbata en forma de aguilucho), y el de los disfraces adoptados por Rbade Villar 52 sus seguidoras. Las frecuentes alusiones a la moda, concebida a menudo como un efecto del exceso imaginario, constituyen adems un indicio visible de la conciencia de una brecha entre el significado y la apariencia. En un sentido igualmente tropolgico, la concepcin fletcheriana de la alegora como lenguaje trascendental revelado (Fletcher 29) hace pensar en el dilogo que abre el libro y lo enmarca, dando lugar a un primer nivel ficcional al cual, por medio de una mise en abyme continuada, la novela habr de remitirse en lo sucesivo. Su ttulo es Un hombre y una musa, yen consideraciones que, mutatis mutandis, pareceran preludiar a la Virginia Woolf de Un cuarto propiola musa defiende el carcter andrgino y literalmente descompuesto de la creacin literaria. Remitindose a la psicomaquia antigua y medieval, la Musa Novedad presenta sus credenciales ante el hombre que corre en su bsqueda ambicionando la inmortalidad. Pero, despus de desengaarle sobre la transcendencia del arte moderno, la Musa refuerza su caracterizacin hbrida presentndose como hija de la duda y del deseo, y pariente de la revolucin, la libertad, el orden, el desorden o el descaro: Pero, como iba diciendo, mi primer origen ha sido esa cosa que no se explica; engendrme la duda y parime el deseo. Despus, vuelta de arriba, vuelta de abajo, resbala aqu y tropieza acull, fuime criando, a puntapis, como quien dice; pues mientras los unos me amaban, detestbanme los otros, y unas veces viviendo al prestado, y otras vistindome de despojos, fuime criando, como la mala o buena yerba (que no slo la mala yerba crece) a la sombra de los pensamientos venales y de las imaginaciones ardorosas. Tena adems por mis familiares a la revolucin, dama desmelenada y entusiasta si las hay; a la libertad, matrona honrada como ninguna, pero a quien han dado en vestir con tales jaramallas que no la conoce quien la cri; al orden, persona un tanto hipcrita, pero de aspecto inalterable, y al desorden, que anda siempre a puadas con su antagonista, al honor desacreditado, y no sin razn, en los duelos... y al descaro y al qu se me da a m?, dos seres los ms groseros y mal educados del mundo, pero tambin los ms listos y que saben mejor que nadie abrirse paso por las sendas prohibidas. (Castro 104) A partir de este prlogo, la ficcin rosaliana seguir siendo profusa en pasajes de corte alegrico. La psicomaquia volver a hacerse presente en el segundo encuentro entre el duque de la Gloria y el seor de la Alburniga, coprotagonista de la novela. Despus de que ste le desafe a un duelo, el caballero expresa su desdn dibujando un escenario en que el miedo, el escndalo, la desgracia, el orgullo y la vanidad sirven de fnebre cortejo a una comparsa de graves apariencias y horribles resultados (124). En el captulo dcimo, la desolacin sentimental de Mariquita, joven enamorada del caballero, es referida por medio de una alusin al ceudo rostro del desencanto [que] asoma apenas el contorno de su desgreada melena al travs de las primeras ilusiones (211). Y el monlogo del duque al principio del captulo XIX, tras despedirse de la chiquilla, abunda en referencias alegricas al pudor, a la castidad y a la ignorancia (292). Rbade Villar 53 Otros muchos ejemplos podran ser aducidos en este contexto. Pero creo que en la obra la alegora trasciende la dimensin tropolgica, temtica y emblemtica que hemos hecho notar hasta el momento para participar plenamente de las cualidades reconocidas por algunos de los crticos contemporneos ms eminentes del concepto, singularmente Walter Benjamin y Paul de Man. Como es sabido, el primero formul sus hiptesis en el marco de un estudio sobre el drama barroco alemn, mientras que la concepcin de la alegoresis manejada por Paul de Man se halla muy vinculada a sus reflexiones sobre el funcionamiento del lenguaje en el romanticismo. Ambos referentes estticosbarroco y romanticismoresultan muy pertinentes para el esclarecimiento de la alegora en la ficcin rosaliana, que rinde homenaje a Cervantes desde el ttulo y muestra adems, como tendremos ocasin de explorar, una estrecha filiacin con la teora romntica del libro absoluto. En el desarrollo argumental de este artculo me centrar sobre todo en dos hiptesis. En primer lugar, tratar de ilustrar la existencia de un estrecho vnculo entre alegora y temporalidad en El caballero de las botas azules, hiptesis que sustentar en la nocin de alegora de Walter Benjamin, as como en sus trabajos sobre la teora de la historia y el significado del acontecimiento revolucionario. El vnculo entre tiempo y alegora permite reconocer la importancia del carcter proftico de la narracin, asentada en el anuncio de un cambio social de naturaleza revolucionaria, que toma por agentes al duque de la Gloria y a una serie de personajes (editores, autores, crticos, tertulianos) que valdra calificar como conspiradores. Desde el punto de vista de la recepcin, el nfasis de la novela en la inminencia de un acontecimiento novedoso y perturbador consigue activar en quienes leen mecanismos subjetivos como la curiosidad y la intriga. La paradoja consiste en que, al echar mano de estos procedimientos, El caballero de las botas azules reproduce en sus lectores algunos de los efectos asociados al uso y abuso de la literatura comercial, efectos que la propia novela parodia. Sin duda, este es uno de los factores que invitan a reflexionar sobre la relacin entre los procesos de cambio social (incluyendo aqu el afn por transformar el panorama literario de la poca) y el desengao melanclico. Pues, aun cuando la trama de El caballero de las botas azules parezca orientarse en todo momento hacia el cumplimiento de la palabra proftica, la burla y la melancola acompaan de cerca ese proceso, cuestionando en cierta medida la posibilidad real de un nuevo orden social y esttico. La segunda hiptesis, sustentada en la teora de la alegora de Paul de Man, se fundamenta en el postulado del modo alegrico como elemento cuestionador de una autoridad textual unvoca y como promotor de una textualidad descentrada. Por medio de estos mecanismos, El caballero de las botas azules parece anticipar algunos rasgos de la ficcin experimental posmoderna, aunque el romanticismo, sobre todo a partir de la esttica del fragmento, haba prefigurado ya algunas de estas posibilidades de descentramiento narrativo. Como corolario de esta hiptesis, intentar mostrar en qu medida es posible conectar el libro de los libros con el libro absoluto del pensamiento germnico y de qu modo esta figura permite sellar en la ficcin la naturaleza compleja del vnculo entre literatura y poltica. Empezaremos, pues, por tomar en consideracin las repercusiones temporales de la alegoresis.5 Tal y como han reconocido en su obra tanto Walter Benjamin como Paul de Rbade Villar 54 Man, la alegora se constituye siempre en primera instancia como una ficcin del ahora. Instalada en la cadencia temporal de la revolucin (prototipo de lo que Alain Badiou ha denominado acontecimiento), la alegora remite continuamente al tiempo de la enunciacin narrativa, pues la ilusin de realidad es suspendida en favor del peligro de desestabilizacin que acecha, como una amenaza constante, al mundo narrado. En El caballero de las botas azules, esta desestabilizacin afecta, en primera instancia, a la propia identidad del misterioso protagonista. No es casual que lectores tan avisados como Manuel Murgua o Fernn Caballero creyesen ver en el duque de la Gloria una encarnacin del turbulento siglo XIX, ni que, deplorando la agitacin en que lo ha sumido la aparicin del caballero, el duque de la Alburniga declare mi demonio se mete en una corbata y en unas botas azules, y heme aqu loco, atormentado y sin sueo. Y crea, necio de m!, no pertenecer al siglo XIX (306). Esta capacidad de la alegora para pactar con la condensacin y con la suspensin temporal llegar a su apoteosis en los ltimos captulos de la obra. As, durante el banquete previo al asalto del palacio por parte de la multitud, la alegoresis depone sus funciones explicativas o amplificadoras para convertirse en el mecanismo generador de una serie de visiones no necesariamente sujetas a un principio semntico rector. Estas imgenes (entre ellas la gruta de la ninfa o el pozo de la moderna ciencia) anticipan en sus cualidades visionarias el desenlace. El vnculo de la escena del banquete con la revolucin se ver, adems, reforzada por los personajes que la protagonizan. En efecto, el arranque del captulo XXIII, con su alusin a la guarida de conspiracin (319), hace pensar en el inicio del estudio The Paris of the Second Empire in Baudelaire (1938), en donde Walter Benjamin se propona dibujar en detalle el tipo poltico y social de los conjurados. A la hora de referirse a la posicin de Baudelaire, Walter Benjamin rescataba la relacin entre conspiracin y bohemia a partir de la cual Marx haba caracterizado el tiempo inmediatamente anterior a la Comuna de Pars (1871). Tambin los invitados al banquete del duque, en su mayora editores, crticos y escritores, constituyen la encarnacin de un grupo social que haba encontrado escasa representacin en las ficciones anteriores y que ser decisivo en los acontecimientos sociopolticos del siglo XIX. Conviene recordar aqu que cada aparicin del duque es precedida por un reguero de especulaciones, entre las que, por su valor poltico, sobresalen aquellas que lo relacionan con el socialismo: Lo que pretende el duque es establecer en Espaa un Banco universal y acaso... dar a la propiedad un golpe maestro (132). En su retrato de esta primera bohemia madrilea, que opina de poltica y de libros, Rosala de Castro parece percibir la relevancia de ciertos agentes ligados a la produccin cultural y a la constitucin de espacios pblicos en el llamado siglo de las revoluciones. En cuanto empiezan a trascender en la corte las inesperadas apariciones del caballero, los conspiradores, convertidos casi en una sociedad secreta, despliegan su trabajo verbal, que es tambin una suerte de intensa energa poltica. A ellos se dirigen en todo momento las acciones del duque, que llegarn a su culminacin en el mencionado despliegue ritual de visiones o misterios. El resultado de esa energa social activada por el duque no puede ser otro que la revolucin: Rbade Villar 55 Hay revolucin?preguntaban algunos con sobresalto. No se sabe lo que va a suceder, mas es indudable que se espera alguna cosa. (340) Definida por su intensa relacin con el tiempo de la enunciacin, la narrativa alegrica se dibuja, pues, como un territorio propicio a la figuracin de nuevas posibilidades de representacin temporal. Entre ellas cobra un destacado papel la representacin del acontecimiento inminente (es indudable que se espera alguna cosa), que en El caballero de las botas azules adopta la forma del cambio poltico abrupto. La aparicin o consolidacin de gneros como la utopa o la ciencia ficcin en el panorama de la ficcin decimonnica cobra a esta luz un intenso valor indicial. A partir del siglo XVIII, la representacin literaria del futuro haba permitido incorporar a la narrativa la conciencia de una fractura temporal, proceso en el que autores como Norbert Elias han situado uno de los trazos definitorios de la modernidad. En El caballero de las botas azules el futuro es definido por su conexin con un tiempo de liberacin, y el modo alegrico permite articular significados polticos sin forzar la sujecin lineal entre expresin, contenido y referente. La confusin de identidades entre el caballero, el Moravo y el ciego, que la novela de Rosala de Castro fomenta desde su inicio, subraya la complicidad entre la alegora y los discursos de anticipacin proftica. Pero tambin impide que el pacto interpretativo asigne a un nico personaje un significado nico. Las dudas sobre la autora del libro de los libros permitiran concebir al Moravo como un ambiguo sabio [. . .] del que el Duque sera una especie de albacea literario (Fernndez Rodrguez 51, n. 11), aunque lo cierto es que los tres son personajes en continua metamorfosis, cuya funcin primordial, no por casualidad, es anunciar la llegada de un cambio. Examinemos, por ejemplo, la impronta del tono proftico en el parlamento del ciego, situado al comienzo del captulo XXII: Ese hombre llevar en pos de s la atencin de las gentes, porque en sus pasos brillar el resplandor del cielo y ostentar en su pecho el smbolo del espritu que le anima. l har lo que ninguno ha hecho en nuestros tiempos... l es! Reconocedle y buscadle... apresuraos a reuniros en torno suyo, para ver lucir la nueva aurora que ha de salir de las tinieblas. Ese hombre llevar en pos de s la atencin de las gentes, porque en sus pasos brillar el resplandor del cielo y ostentar en su pecho el smbolo del espritu que le anima. l har lo que ninguno ha hecho en nuestros tiempos... l es! Reconocedle y buscadle... apresuraos a reuniros en torno suyo, para ver lucir la nueva aurora que ha de salir de las tinieblas. (309) La ficcin de Rosala de Castro est capturando una sensibilidad social seducida por la urgencia y por la posibilidad de comenzar de cero, manifestada en la metfora de la aurora e invocada ex contrario por el peridico Las Tinieblas, en el que colaboran muchos de los invitados al banquete del duque. Cabe recordar aqu que el lenguaje proftico no era Rbade Villar 56 extrao al tono imperante en los escritos periodsticos de la poca inmediatamente previa a la Revolucin de 1868, apodada La Gloriosa en rememoracin de Las Tres Gloriosas de Francia en 1830. La frmula esto matar aquello, atribuida al arcediano por Vctor Hugo en la novela Notre Dame de Paris (1831), ser comn en las proclamas revolucionarias de la poca. El fragmento citado permite ejemplificar, adems, el hecho de que la economa narrativa de El caballero de las botas azules parte del moldeado del intenso deseo de saber que afecta tanto a los personajes como a los lectores, guiados por anuncios y mensajes crpticos como el del ciego, y que desembocarn en el ltimo captulo, que podra leerse como una suerte de juicio final. Pero frente al intenso sentido teleolgico de las ficciones apocalpticas, que orientan la trama hacia la resolucin del conflicto y hacia la revelacin de los enigmas (Kermode 93-126), el final de la novela parece dejarnos todava ms desconcertados que su comienzo. Ese Qu ser? Qu no ser?, ritornello que acompaa las idas y venidas del caballero, condensa la relacin de la alegora con el futuro y con el enigma. Nadie sabe qu o quin es el duque de la Gloria, y esa es exactamente la razn por la que todos lo esperan. En ese esfuerzo hermenutico por desvelar su identidad del caballerotarea simultnea de los personajes y de sus lectorescobra por tanto gran fuerza la nocin de inminencia. Regida por la Musa Novedad, y en virtud de los constantes cambios de ritmo y de escenario, la novela constituye una plasmacin de dimensiones de la vida mental y espiritual moderna como la prisa. Esa velocidad, esa sensacin alojada en la novelatransmitida a quienes la viven como personajes o como lectoresde que algo est siempre a punto de ocurrir, la conectan con la modernidad literaria y confiere un singular relieve al que sin duda es uno de los conceptos ms repetidos en la novela: la curiosidad. Porque la apelacin del ciego se fundamenta, ante todo, en la certidumbre de que ser escuchado por una turbamulta de personas curiosas y que, como la narradora apunta crticamente, disponen de tiempo de ocio. Autoras como Kathleen March o Mara Pilar Garca Negro han hecho hincapi en la crtica de la novela a las damas ociosas, proponiendo como clave de lectura la idea de la dignificacin del trabajo. Pero de algn modo, el demonio de la curiosidad (303) permite tambin caracterizar al grupo social de los conspiradores, en el sentido que haban dado al trmino Marx y Benjamin. Ellos sern, como hemos visto, los espectadores del banquete en el que el duque de la Gloria revelar su mensaje, donde el gran libro encarna la posibilidad de un nuevo mundo construido sobre las ruinas del viejo: Helo aqu todo reunido en un punto de donde no saldr ms, y maana el gran libro aparecer como un astro brillante en medio de una atmsfera limpia y pura, en donde sin estorbo podr esparcir la lumbre de su gloria. Brindo, seores, por la nueva aurora! (335-336). Aludida como origen de la novedad literaria en la alegora del prlogo, y anunciada como profeca a lo largo de la narracin, la revolucin reaparecer en el ltimo captulo con su rostro ms literal o, si se prefiere, histrico. El caballero de las botas azules haba dado comienzo en un paraje solitario, pero llega a su fin cediendo protagonismo a la multitud. Y as, tras referir la narradora el impacto de tres fuertes caonazos, [e]mpezaron Rbade Villar 57 entonces los atropellos y las corridas, cada cual caminaba aprisa y sin saber adnde. Los polizontes eran arrollados por los grupos, y muchos gritaban: A las armas! (342). Aux armes, citoyens, primer verso del estribillo de La Marsellesa, resuena aqu por boca de una multitud a la que la narradora califica de horda salvaje (343). La Revolucin Francesa, que abre el ciclo de luchas revolucionarias en Europa, y que la misma Rosala haba evocado en el prlogo de su primera novela, La hija del mar (1858), se convierte una vez ms en modelo para la representacin de todo cambio social y poltico presente o futuro. Incluso de este levantamiento literario que la crtica ha presentado reiteradamente como anticipacin ficcional de La Gloriosa de 1868, acaso la ltima revolucin liberal burguesa. Pero no es menos cierto que a lo largo de la novela el ceudo rostro del desengao parece mitigar la genuina esperanza en un cambio de naturaleza revolucionaria. En este sentido, la novela no sera exactamente una alegora de la revolucin, si por ello entendemos una suerte de pedagoga iluminista, asentada en valores positivos llamados a garantizar la llegada de un mundo nuevo a partir de la absoluta aniquilacin del anterior. Pues, como estamos viendo, en El caballero de las botas azules la revolucin no alude tanto a aquello que la alegora predica o contiene en modo encubierto como al propio funcionamiento desestabilizador y disruptivo del relato. Al cuestionar el advenimiento efectivo de un mundo nuevo, renunciando por tanto a la utopa, la novela es tan moderna desde el punto de vista poltico como desde el punto de vista esttico. La narracin parece orientarse, por una parte, a sostener la continua incertidumbre con respecto al advenimiento real de la profeca que anuncia. Pero una vez la llegada de la revolucin se hace imparable, el relato suspende cualquier valoracin adicional sobre el resultado efectivo de esa revolucin en trminos de la instauracin de un nuevo orden social. De un modo bien elocuente, El caballero de las botas azules termina all donde ese nuevo orden debera comenzar. La incertidumbre con respecto a aquello que la revolucin traer realmente consigo se traduce en una especie de irnico pesimismo, cualidad que, por otra parte, atraviesa la totalidad de la obra de la autora. De nuevo es Walter Benjamin el autor que ha vinculado de un modo ms consciente la alegora literaria con la melancola, y seguramente haya sido el primero en sugerir que la alegra infernal es la respuesta intelectual lgica a la melancola por la autoconsciencia de la propia terrenalidad [self-awareness of one's own earthiness (The Origin 225)]. No es de extraar el postulado de un vnculo entre la alegora y el desengao en una obra que, como el Ursprung des deutschen Trauerspiels (1928), constituye, segn ya hemos apuntado, un ensayo sobre el Barroco. Tampoco el establecimiento de un profundo nexo entre melancola y comicidad, tan apto como la esttica barroca para entender el funcionamiento del genio burln y cervantino que atraviesa El caballero de las botas azules. Lo que interesa subrayar ahora es que en ltimo trmino Benjamin hace depender la tristeza de la consciencia de un nuevo sentido de la temporalidad, ejemplarmente encarnado en la alegoresis: For an appreciation of the transience of things, and the concern to rescue them for eternity, is one of the strongest impulses in allegory (The Origin 223).6 Rbade Villar 58 Resulta esclarecedor confrontar estas consideraciones sobre la relacin entre la conciencia temporal y la alegora con lo sostenido por la narradora de El caballero de las botas azules en el primer captulo: [N]o hay nada en la tierra ni estable ni duradero, y todo lo que es obra del hombre cambia y perece al menor soplo (111). Y lo es ms todava considerarlas a la luz del dilogo entre los crticos en el captulo cuarto, donde, tras una sentencia sobre la decadencia contempornea de las costumbres, puede leerse: Volvemos a los tiempos de Roma. Ya desandaremos otra vez el camino. El mundo se asemeja a las mareas, va y viene (165). Significativamente, Benjamin nos recuerda que, al menos desde Robespierre, los revolucionarios franceses encontraron en la repblica romana un modelo de desarrollo poltico. Y en su clebre discurso De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos (1819), muy influyente en la tradicin del liberalismo espaol, Benjamin Constant acuaba la moderna nocin poltica de la libertad a partir de (y en contraste con) la concepcin antigua del trmino. La conciencia de una distancia temporal entre Roma y Europa se constituy as en el fundamento de una poderosa alegora cultural, que obliga a interpretar de modo no lineal la relacin entre el pasado y el presente. Este reconocimiento de una temporalidad no cronolgica est sin duda llamado a reforzar el continuo aplazamiento del enigma. Ms all de la comicidad de algunas consideraciones de la narradora y del intenso grado de autoconciencia en el juego de niveles ficcionales, en El caballero de las botas azules es la renuncia a la resolucin del enigma lo que engendra el concepto de irona. Cabra recordar aqu la reflexin con la que Paul de Man da trmino a sus Allegories of reading: Irony is no longer a trope but the undoing of the deconstructive allegory of all tropological cognitions, the systematic undoing, in other words, of understanding (301). En contraposicin a lo que haba sostenido Northrop Frye a propsito de la alegora, Paul de Man insisti en su complicidad con un modo narrativo descentrado e intensamente cuestionador de la autoridad textual.7 Interpretada y valorada generalmente de un modo teleolgico por la historiografa literaria espaola, la objetividad narrativa propia del modo mimtico no sera, de acuerdo con de Man, sino un precedente de la digesis deconstructiva que demanda de los lectores a certain critical vigilance with regard to the promises that are being made as one passes from reading to action by means of a mediating set of metaphors (Allegories of Reading 65). A esta luz, la marginacin crtica de los autores y obras no realistas en el canon espaol del siglo XIX tiene sin duda algo de paradjico. Como subraya Leonardo Romero Tobar, basndose en una observacin del romanista Friedrich Wofzettel, las particularidades del realismo espaol, frente a otros realismos europeos como el francs, se deberan a la profunda influencia del modelo cervantino, proclive a una tensin constante entre el yo subjetivo y la omnisciencia tradicional (La construccin 179-180). Al modo quijotesco, en El caballero de las botas azules el propio proceso de representacin llama la atencin sobre s mismo hasta acabar determinando el desarrollo de la trama. La verosimilitud, principio rector del modo mimtico-realista, depone en la novela de Rosala de Castro su protagonismo. Contribuye sin duda a ello su carcter metaficcional, Rbade Villar 59 proclive a la representacin de instancias narratolgicas como el autor implcito, y a estrategias de ruptura y descentramiento de los marcos narrativos como la metalepsis. Lo vemos con claridad en los momentos en que, con un claro propsito humorstico, la novela hace referencia a la precariedad de la propia novela desde el punto de vista del valor literario: Y he aqu cmo, en guerra con el sentimentalismo, puerta de escape de todos los escritores tan ramplones como el autor de El caballero de las botas azules y de otros muchos aficionados a las novelas terriblemente histrico-espaolas, nos inclinamos a escribir ahora algn parrafillo melanclico-potico, tomando por tema nada menos que la Corredera del perro. (137) As como la ficcin realista convierte la representacin literaria en un mecanismo de sujecin de la trama a lo real, el pacto pragmtico instaurado por la literatura fantstica se atiene a reglas bien diferenciadas. Entre ellas, adquieren un papel relevante aquellas que violan deliberadamente las tcticas de consolidacin de una identidad estable entre lenguaje y referente. Es esta cualidad activa lo que Charles Sanders Peirce, en su Studies in Logic (1883), denominar semiosis infinita. Creo que el protagonismo adquirido por el libro de los libros en El caballero de las botas azules permite ilustrar de un modo ejemplar el funcionamiento de esta semiosis infinita, cuyo propsito, como estamos viendo, es cuestionar, e incluso en ocasiones disolver, la autoridad narrativa. La expresin libro de los libros aparece por primera vez en el captulo tercero de la novela, en el curso de una tertulia entre crticos y escritores (128). La novela vincula en este pasaje el libro de los libros con el carcter demonaco y hasta satnico del hroe, del que las botas azules son su emblema ms destacado. La naturaleza mgica del objeto parece actuar como un indicio de su genealoga terica, pues segn Hans Blumenberg la nocin de libro absoluto, estrechamente vinculada al Athenum y al Crculo de Jena, se halla ligada a la capacidad del libro para representar la totalidad de lo real. Segn Blumenberg, el romanticismo y el idealismo alemn constituirn la culminacin de la poderosa metfora cultural del libro como metfora del mundo (251). En un proceso histrico del que participarn plenamente autores como Goethe o Schleiermacher, la metfora del libro como imagen del mundo tender a acentuar el carcter potico de la representacin esttica. Pero tambin, y en no menor medida, el carcter potico de la interpretacin, que la modernidad convierte en clave de acceso privilegiada al objeto artstico. El libro absoluto es la imagen capaz de condensar la transicin de una concepcin mimtica de la literatura (el arte como imitacin del mundo y representacin de lo existente) hacia una concepcin cada vez ms autnoma de la creacin verbal (el arte como produccin del mundo e indicio, a la vez, de su carcter irrepresentable). En este contexto, Hans Blumenberg no tardar en sugerir que para autores como Friedrich Schlegel o Friedrich von Hardenberg, Novalis, la novela moderna, forma de escritura emergente en el contexto de produccin del idealismo alemn, ser el gnero literario llamado a funcionar como alegora de la posibilidad o imposibilidad de representar la totalidad de lo existente. Rbade Villar 60 Ha sido convincentemente documentada la relacin de la obra de Rosala de Castro con la produccin artstica e intelectual de Goethe, de Hoffmann o de Heine. A travs de este ltimo pudo acceder a algunas de las principales ideas estticas del idealismo alemn. Baste ahora con recordar que Manuel Murgua encabeza el captulo que dedica a su mujer en Los Precursores con una cita del poeta y pensador alemn.8 Pero, no es menos cierto que Heine representa la hora final del romanticismo, y que entre el Das Allgemeine Brouillon (1798-1799) de Novalis y los ltimos poemas de Heine (1853-1854) ha transcurrido medio siglo de acontecimientos econmicos, polticos y estticos, que obligan a reflexionar por fuerza sobre la evolucin y fortuna histrica de nociones como la de libro absoluto. Es obvio que en la ficcin de Rosala de Castro el concepto de libro de los libros aparece en buena medida despojado de su trascendentalismo inicial, que en la formulacin enciclopdica de Novalis llega incluso a implicar una equiparacin con la Biblia, considerado el precedente por antonomasia del proyecto de totalizacin textual. Mediado el siglo XIX, al referente bblico se han adherido nuevos matices, que en el caso de autores como Rosala de Castro ataen al reconocimiento de una tensin entre el valor de uso y el valor de cambio en la circulacin de los productos literarios. Para formularlo en otras palabras, uno de los acontecimientos ms decisivos que tuvieron lugar entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX fue la intensificacin de la dinmica comercial en la circulacin de la literatura, proceso que Susan Kirkpatrick ha situado, para Espaa, en la dcada de los aos cuarenta (77). Esto explica el sentido de la segunda aparicin del trmino en El caballero de las botas azules, en el momento en que el caballero da instrucciones a su sirviente Zuma: Tan pronto como le hayas enseado a los libreros la cara rusa, y expurgado la mayor parte de sus depsitos de libros, te pones la cara de lord ingls y, en el coche de las yeguas bayas, visitas las sastreras y zapateras de gran tono ofreciendo sesenta mil libras bajo las garantas que pidan al que haga una corbata y unas botas como las del duque de la Gloria. Despus de esto, terminars la obra colgando en el frac la gran cruz de la legin de honor y ponindote la cara francesa. Con ella debes presentarte ante esos editores mal intencionados y usureros que tratan al escritor como un mendigo. (195-196) Los editores mal intencionados y usureros que tratan al escritor como un mendigo (196) sern invitados por Zuma no slo a editar el libro de libros, a cambio de una suma considerable de dinero, sino tambin a adivinar su contenido antes de la publicacin. Planteado como un convite hermenutico, el desafo del caballero a los editores se sita de lleno en la problemtica central de la novela: la dificultad para discernir el sentido de la ficcin marco por parte de sus lectores. Para hablar de los ms cercanos al libro y a la autora, Manuel Murgua o Fernn Caballero subrayaron la literal imposibilidad de un desciframiento de la obra, juicios que invitan a pensar que tal vez el sentido de la novela sea la imposibilidad de descifrarla. Es una promesa de satisfaccin hermenutica incumplida, es el absoluto fantstico o enigmtico, porque la revolucin del ltimo captulo trunca el enigma, al tiempo que de algn modo lo culmina. Rbade Villar 61 Entendida como libro de libros, El caballero de las botas azules apunta hacia el reconocimiento de un nuevo concepto de la narracin literaria, cercano, entre otros, al postulado por Schelegel en su clebre Carta sobre la novela. Al ordenar la expurgacin de los libros existentes, el caballero no se propone tanto destruir los malos libros (en el sentido moral del trmino) sino sacrificar un mundo viejo para hacer nacer un nuevo mundo. Nacido del pozo de la moderna ciencia, el libro de los libros resulta ser un meta-libro que, a la manera hipertextual, tiene el don de fundir y de reconfigurar los existentes. La nueva novela no parece situarse, por tanto, en el plano de la prescripcin de valores morales y pedaggicos para los autores y lectores sino ms bien al de la tica, tal y como ha sido caracterizada por Paul de Man, cuando la define como the structural interference of two distinct value systems (Allegories of reading 206). El libro absoluto, capaz de reunir todo lo viejo en un punto de donde no saldr ms, consigue cifrar de un modo poderoso esta interferencia estructural de dos sistemas de valores. Por una parte, la crtica reformista de la literatura de consumo y de sus efectos perniciosos sobre la sociedad; por otra parte, la supeditacin de esta misma crtica a los propsitos del juego y de la humorada. Es aqu donde el libro de los libros viene a adquirir una funcin emblemtica. La imagen, que parece prefigurar el aleph de la posmoderna ficcin borgeana, se constituye en alegora de una textualidad descentrada y capaz de mofarse incluso de s misma, y a la que la narradora, en un giro metaficcional, llegar a aludir directamente por boca de uno de los conspiradores: Hablo de este modo, seora, porque me ha indignado la reciente lectura de una novela desconocida que lleva por epgrafe: El caballero de las botas azules. En ella, una gracia bellaca, como dira Cervantes, una audacia inconcebible y un pensamiento, si es que alguno encierra, que nadie acierta a adivinar, se hermanan lastimosamente con una falta absoluta de ingenio; he ledo la mitad y no puedo saber todava en qu captulo empieza, puesto que es en todos a la vez. (314) El libro que simultneamente termina y da comienzo en todos los captulos describe uno de los mecanismos de ordenacin textual ms caractersticos de la modernidad: la similaridad fractal, que en cada pequeo tramo de significacin conecta metonmicamente la parte con el todo y que subyace tanto al simbolismo potico, basado en la analoga entre lo ms prximo y lo ms distante, como a la relacin entre imgenes promovida por el lenguaje cinematogrfico: Le he visto en el panorama tan perfectamente como ahora os veo a vosotros (107), dir uno de los hombres al trmino del encuentro entre el Hombre y la Musa. Imagen del mundo como sombra y apariencia en la que, una vez ms, late la nostalgia por la imposibilidad de referir la totalidad de lo existente. A este mismo tipo de melancola aluda Hans Blumenberg cuando hablaba de la locura asociada a la semiosis infinita del libro absoluto, vislumbrada ya por la primera generacin del romanticismo alemn. No es difcil percibir la lnea de sentido que al mismo tiempo quiebra y da continuidad a la idea del libro de los libros, que viaja desde la goethiana novela del universo a la novela trascendental de Schlegel para evolucionar, ya en el siglo XX, hacia el postulado de una textualidad cabalstica, paradjica cifra de lo indescifrable, y Rbade Villar 62 que fue tan poderosa en autores como Walter Benjamin. De algn modo, el genio burln que anima la novela de Rosala de Castro nos advierte de que, como quera Paul de Man, toda alegora es siempre una alegora de la imposibilidad de la lectura. Creemos, en suma, que el componente fantstico de la obra, unnimemente reconocido por la crtica al menos desde Antn Risco, y que algunos autores han querido remitir al territorio de lo gtico (Estrada, Cla Gins), debera entenderse tambin a la luz del modo alegrico como activador de un componente daimnico constitutivo de ficcin europea desde el siglo XVIII. En el caso de Rosala de Castro, este inters obedeci sin duda a la atenta lectura de autores como los citados Lermontov y Ros de Olano, pero tambin Edgar Allan Poe (Rbade Villar) y Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann.9 Asimismo, hemos tratado de mostrar que la concepcin de la novela de Rosala de Castro como una stira de la literatura comercial no debera empaar el esclarecimiento crtico de algunos aspectos presentes en el libro de los libros, sin duda una de las nocionese imgenesms relevantes de El caballero de las botas azules. No es posible dudar de la voluntad rosaliana de crtica a ciertas instituciones y agentes de la poca vinculados a la transmisin cultural y pedaggica de la cultura escrita, desde los editores y crticos a los maestros a la moderna. Tampoco su familiaridad con las ideas reformistas de Krause o con el socialismo utpico de autores como Fourier o Proudhon, convincentemente argumentadas en la clsica monografa de Catherine Davies Rosala de Castro no seu tempo. Pero la misma novela parece sugerir que la transformacin social y la transformacin literaria no son procesos que obedezcan a la misma lgica, ni que, por consiguiente, la modificacin de los hbitos de lectura haya de implicar automticamente la modificacin de las instituciones de la sociedad. Aunque crticos como Francisco Rodrguez parezcan tomar al pie de la letra las pretensiones reformistas del caballero, no siempre resulta sencillo atribuir una funcin pedaggica a una ficcin que como El caballero de las botas azules se desliza continuamente hacia el territorio de la autoparodia. Quien, como ya hemos visto, es capaz de incluir irnicamente su libro en la esfera de los malos libros difcilmente pretender postularse ante los lectores nicamente como proveedora de un modelo de buena literatura. Tal vez sea conveniente situar en otro punto el sentido poltico de la obra. El descentramiento textual, del que es alegora el libro de los libros, viene a acentuar la relacin no isomrfica entre los propsitos de transformacin social y los propsitos de transformacin literaria, de acuerdo con las pautas con las que Andrew Ginger caracteriz el experimentalismo esttico de los escritores romnticos vinculados a los procesos revolucionarios del siglo XIX. Al centrar la atencin de los lectores en el libro absoluto y al sugerir que la finalidad de este es la de reemplazar a los existentes, literalmente devorados por aqul, el nfasis no se sita en la necesidad de producir buenos libros sino en la conveniencia de cuestionar al mismo libro que parece servir como modelo de la totalidad de lo existente. En la imagen del libro absoluto Rosala de Castro parece reunir las dos dimensiones fundamentales de la novela: la alegora del cambio literario y la alegora del cambio social. La filiacin romntica del motivo, que hemos tratado de argumentar aqu, permite Rbade Villar 63 echar luz sobre el sentido de alegoresis entendida en un sentido esttico. Pero tambin la alegora de la revolucin poltica cobra nuevos matices si atendemos a la dimensin sensible del propio libro, considerado ahora como objeto. En el ltimo captulo, la narradora alude varias veces a la misteriosa proliferacin de una serie de libros del tamao de tres pulgadas, encuadernados en terciopelo y con broches de oro [que] encerraban un encanto irresistible para todos Como que eran tan lindos y se daban de balde! (343). Resulta muy sugerente que en su forma fsica el libro descrito por Rosala sea muy similar a los ejemplares de la Constitucin de 1812, texto de inmenso capital simblico para los liberales espaoles a lo largo del siglo XIX y caracterizado como ese libro forrado en terciopelo rojo (9-10) en un trabajo reciente de Jos Mara Portillo.10 Cabe considerar aqu que los postulados ms radicales de ese texto constitucional nicamente fueron recuperados por la generacin que gest la revolucin Gloriosa, con cuyas ideas simpatizaba el crculo de Rosala de Castro. En palabras de Varela Suanzes-Carpegna: Slo durante el sexenio que se abre con la Revolucin de 1868 el proyecto doceaista [. . .] recupera toda su pureza en manos de los demcratas, legtimos herederos de los doceaistas liberales (27). Al representar literariamente un libro tan parecido a una constitucin, tal vez la autora estuviese tratando de velar contenidos que, en el contexto de publicacin de la novela, podran ser ledos a la luz del radicalismo poltico. Aunque la poca isabelina no fue tan refractaria a la libertad de expresin como el reinado de Fernando VII, Fontanella aduce ejemplos ilustrativos del proceder censorio, como la siguiente nota de los aos cincuenta: Han sido llamados por orden del Gobierno algunos libreros para prevenirles que se anden con pulso sobre la venta de libros extranjeros, en especial los que tienden un poco al socialismo (28). No podemos determinar con exactitud cul es el referente real del libro absoluto, pero sus referentes intelectuales ms plausibles, tal y como hemos intentado dibujarlos, parecen situarse en una relacin contradictoria, o al menos tensa. De una parte, el pensamiento mstico-religioso del romanticismo alemn, que convirti el libro absoluto, de inspiracin bblica, en estmulo para una moderna resacralizacin del arte. De otra parte, el pensamiento constitucional revolucionario, inspirador de la primera constitucin del Estado moderno. En medio de este extrao binomioque de algn modo vendra a refrendar aquello que Jacques Derrida, parafraseando a Montaigne, denomin fundamento mstico de la autoridadel libro de los libros se perfila en sentido literal como una obra abierta. Lo que permitira cifrar el valor poltico tanto de El caballero de las botas azules como del libro de los libros es su carcter en cierta medida indiciario y metonmico. Indiciario porque seala dos referentes textuales posibles, sin llegar a confundirse plenamente con ellos. Metonmico porque el potencial de la novela no depende tanto de su valor moral o pedaggico (relativamente ignoto para quienes la leen), sino de su capacidad para suspender ficcionalmente los libros existentes en favor de la posibilidad de un libro que los contiene a todos y que, desde su mismo nombre, se concibe como summa. Anulada toda pretensin de fijacin simblica en aras de la alegora del vaco y de la semiosis infinita de la lectura, la leccin de esta fbula sin moraleja aparente no podra ser Rbade Villar 64 ms esclarecedora: el sentido, si lo hay, debe permanecer radicalmente abierto para poder ser actualizado en cada acto de lectura. En trminos polticos, el libro de los libros funciona como acontecimiento que desbarata el orden del saber, y as parece confirmarlo la violencia ejercida por el duque contra todos los libros anteriores. En su ltimo rostro, el caballero se presenta ante los lectores como un iconoclasta. Al modo moderno, est afirmando que tras la destruccin de los signos cualquier cosa puede suceder. En tanto alegora de un violento cambio literario y social, El caballero de las botas azules puede ser leda como uno de los paradigmas hispnicos de la novela revolucionaria. Forma sensible de la idea (o ideologa de la forma, en la terminologa de Jameson), la alegoresis literaria no es esencialmente dismil de otras manifestaciones tropolgicas de la revolucin. Es evidente, por ejemplo, la funcin poltica de la alegora en la estatuaria propia de la arquitectura civil revolucionaria, en el himno nacional-romntico o en la personificacin pictrica de ideas abstractas como la libertad. Pero el carcter no mimtico de la novela alegrica aade cualidades especficas que merecen ser tenidas en consideracin, cualidades que parecen conectar todava ms la alegora literaria con la temporalidad disruptiva propia de la Revolucin, vinculada para Walter Benjamin con el presente absoluto del ahora (Jetzeit). En la medida en que el desarrollo de la novela del siglo XIX europeo tendi a la consolidacin de la representacin mimtico-realista, la crtica y la historiografa literaria que toma novelas como la aqu analizada ha de esforzarse en tratar de comprender en sus propios trminos todos aquellos materiales que no hallaron fcil acomodo en el modelo cannico. En ese sentido, habr que distinguir si la atribucin de rareza, extravagancia o extraeza a El caballero de las botas azules obedece a la descripcin de modelos histricos o a la valoracin retrospectiva. Yendo un poco ms lejos, tal vez una de las funciones del estudio contemporneo de esta novela sea observar qu modelos crticos posibles para su anlisis fueron dejados de lado y por qu, conectando la fortunao infortuniohistrico de ciertos procedimientos literarios con determinados procesos de cambio social y poltico que resultaron decisivos en el curso del siglo XIX. Esta contribucin al anlisis del modo alegrico ha querido situarse bajo esta perspectiva. Universidad de Santiago de Compostela Rbade Villar 65 Notas 1 Gracias a Ricardo Carballo Calero, que la transcribe parcialmente en el artculo La obra castellana de Rosala (102) tenemos noticia pormenorizada de la carta en que Fernn Caballero acusa recibo a Rosala de Castro del envo de El caballero de las botas azules. Manuel Murgua se haba referido en Los precursores al contenido de la carta, al parecer hoy perdida (Rodrguez 22). Segn el parecer de Rodrguez Fisher (24-26) y Catherine Davies (Rosala de Castro no seu tempo 277-278), Jos Luis Albareda, editor de la Revista de Espaa, es el autor de la resea de El caballero de las botas azules incluida en esa publicacin. 2 Carvalho Calero (Falta um captulo) lleg a defender la ausencia de un captulo de la novela en la primera edicin. 3 Para ilustrar la consideracin de Rosala como autora retrasada con respecto al curso de la literatura espaola del siglo XIX, puede verse esta consideracin de Ricardo Carballo Calero: Como novelista, Rosala se queda retrasada en el curso de la evolucin de la literatura peninsular, y as El primer loco, de fecha tan tarda como 1881, y que hubiera hecho veinte aos antes un buen papel, supone una frmula superada en el ambiente de la Restauracin, por los mismos das que Galds publica La desheredada. (La obra castellana 28) En cambio, el propio Carballo Calero subraya el carcter precursor de El caballero de las botas azules (Siete ensayos sobre Rosala 37) y ha sido un leitmotiv de la crtica rosaliana desde entonces. La consideracin se repite, con ligeras variaciones, en Benito Varela Jcome, que ve en ella un avance del simbolismo de La quimera, de la Pardo Bazn (57); Antn Risco, que subraya su funcin anticipadora en el cultivo hispnico de la literatura fantstica (Unha novela fantstica); Germn Gulln, que la considera una obra superadora del romanticismo y anticipadora del realismo; o Enrique Miralles, para quien El caballero de las botas azules hace pensar ya en la novelstica de la Restauracin (457). En su prlogo a la edicin de la novela, Ana Rodrguez Fisher presenta un panorama ms detallado de su recepcin (11-22). 4 En palabras de Romero Tobar: El expeditivo procedimiento de las traducciones de textos extranjeros y la reviviscencia a la moda de los cuadros de descripcin costumbrista inciden, por activa y por pasiva, en el proceso de creacin de la narrativa espaola decimonnica hasta el extremo de que se ha hecho opinin generalmente admitida el nacimiento de la novela moderna a los aos de la revolucin del 68. (La novela 28) 5 Aunque se situaba a cierta distancia de lo sostenido por Benjamin al desvincular la alegora de la nostalgia, Paul de Man reconoci tambin en la temporalidad la marca que permite diferenciar el smbolo de la alegora: Whereas the symbol postulates the possibility of an identity or identification, allegory designates primarily a distance in relation to its own origin, and renouncing the nostalgia and the desire to coincide, it Rbade Villar 66 establishes its language in the void of this temporal difference (Blindness and Insight 207). 6 En un anlisis de la narrativa alegrica de Ros de Olano, Jaume Pont relaciona la comicidad con el sentido de aceleracin temporal caracterstico de la literatura moderna: No otra es la notacin alusiva y evocadora de un mundo fantstico tintado de alegora. Por ello mismo, Ros de Olano ceder siempre, a los impulsos de una literatura que va aprisa, aprisa como anda la vida, una almciga de dolores en reducido espacio: y para que mi vivero no se muera de sequedad lo riego con lgrimas de risa. (7) 7 Segn Frye, hay una relacin entre alegora y auctoritas, pues la tcnica del autor alegrico es indicar cmo debe proceder un comentario sobre l y refirindose a ciertas reticencias de la crtica moderna ante el modo alegrico, aade: [E]l crtico que comenta parte con frecuencia de prejuicios respecto a la alegora sin saber cul es la verdadera razn para que sea as y sta es que la alegora continuada preestablece la direccin de su comentario y, por lo tanto, limita su libertad (90). 8 He aqu la cita: Quin eres t y qu te falta?Soy un bardo alemn; cuando hablan all de los primeros, pronuncian mi nombre. Me falta lo que a muchos en Alemania; cuando hablan all de los desgraciados, repiten tambin mi nombre. H. Heine (Murgua 171). 9 Adems de las influencias literarias que han sido reseadas para el dilogo Un hombre y una musa, tal vez habra que tener en cuenta Some Words with a Mummy (1850) de Edgar Allan Poe, sobre todo en lo que atae al reconocimiento del carcter espectral de la musa y al desdoblamiento enunciativo como origen del conflicto diegtico. 10 Debo a la generosidad de la profesora Catherine Davies la incitacin para reflexionar sobre la posible relacin entre la Constitucin de Cdiz y el libro de los libros, as como la referencia al trabajo de Portillo, resea de una monografa de Garriga y Lorente. Rbade Villar 67 Obras Citadas Albareda, Jos Luis. Boletn Bibliogrfico. Libros espaoles. Revista de Espaa 1-2 (1868). N. pag. Impreso. Badiou, Alain. El ser y el acontecimiento. Trad. Ral J. Cerdeiras, Alejandro A. Cerletti y Nilda Prados. Buenos Aires: Manantial, 1999. Impreso. Benjamin, Walter. The Origin of German Tragic Drama. Trad. John Osborne. Londres: Verso, 2003. Impreso. ---. 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