AAVV - Juan L Ortiz

Download AAVV - Juan L Ortiz

Post on 09-Nov-2015

8 views

Category:

Documents

2 download

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Poesa

TRANSCRIPT

<ul><li><p>NOTAS EN ESTA SECCION </p><p>Una voz subterrnea | Fui al ro, Juan L. Ortiz | Seleccin potica </p><p>UNA VOZ SUBTERRANEA . Puerto Ruz </p><p>(Entre Ros) es el lugar que vio nacer a Juan </p><p>Laurentino Ortz el 11 de junio de 1896. Al </p><p>poco tiempo la familia se traslada a las </p><p>selvas de Montiel; el paisaje de su provincia </p><p>marcarn a fuego al nio que aos ms tarde </p><p>convertir esos elementos en protagonistas </p><p>de su poesa. Estudia en la Escuela Normal </p><p>Mixta de Maestros de Gualeguay. Temprano </p><p>lo atrapa el ideario socialista; hace </p><p>vigorosos discursos y comienza a escribir en </p><p>la prensa grfica. Tiene un breve paso por </p><p>Buenos Aires, realiza estudios de Filosofa y </p><p>Letras, se relaciona con el ambiente </p><p>bohemio y literario de la capital, hace </p><p>amigos entraables entre escritores y poetas </p><p>y regresa a su provincia en la bsqueda de </p><p>su aire, de sus elementos, de su paisaje. </p><p>Nunca milit en grupos literarios ni en </p><p>partidos polticos. Construye as una de las </p><p>obras cumbres de la literatura en lengua castellana. </p><p>Este poeta no necesit el fasto luminario de la metrpolis para concebir una obra cuya dimensin es tan </p><p>vasta como profunda; su cuerpo lrico contiene una insospechada renovacin que sostiene como ejes su </p><p>entorno/paisaje, su indagacin metafsica, junto a su capacidad para rastrear en la realidad cotidiana. Su </p><p>voz extraordinaria an contina en secreto y confinada por el mundo oficial de la literatura por haber </p><p>asumido Ortz su derecho a ejercer su libertad sin concesiones, pagando por ello el alto precio del olvido a </p><p>una poesa fiel a s misma, autntica, que deja fuera de ella todo lo que no es digno de su contenido. </p><p>Celebr la revolucin rusa del ao '17 y la liberacin de Pars; denunci el asesinato de Garca Lorca y </p><p>los horrores del nazismo; padeci la crcel durante el golpe del '55 y en 1957 fue invitado a visitar China </p><p>y la ex Unin Sovitica encabezando una delegacin de intelectuales argentinos. Sus libros tambin </p><p>fueron alcanzados por la barbarie de la ltima dictadura teniendo como destino trgico la hoguera. </p></li><li><p>Desarroll una activa labor con la poesa extranjera traduciendo a Paul Eluard, los poetas chinos, </p><p>Guisseppe Ungaretti y Ezra Pound. La revolucin fue una idea permanente en Ortz, un motivo que </p><p>organiza y da sentido, pero no por ello puso en lugar secundario sus inquietudes filosficas y estticas </p><p>magistralmente transformadas en uno de los cuerpos lricos ms autnticos de las letras latinoamericanas. </p><p>Juan L Ortiz muere un 2 de setiembre de 1978 y consolida as la leyenda que con el tiempo instalar </p><p>definitivamente su verdadera estatura de poeta. </p><p>Obra de Juan L. Ortiz: "El agua y la noche" (1924-1932); "El alba sube..." (1933-1936); "El ngel </p><p>inclinado" (1938); "La rama hacia el este" (1940); "El lamo y el viento" (1947); "El aire conmovido" </p><p>(1949); "La mano infinita" (1951); "La brisa profunda" (1954); "El alma y las colinas" (1956); "De las </p><p>races y del cielo" (1958); "En el aura del sauce" (Obras completas 1970-1971, incluye "El junco y la </p><p>corriente", "El Gualeguay" y "La orilla que se abisma", inditos hasta el momento). El cuarto tomo de sus </p><p>obras completas, que el vate entrerriano haba dejado listo para su impresin con la produccin de sus </p><p>ltimos aos (su etapa ms fructfera) se perdi durante la ltima dictadura militar. </p><p>[De IslaPoetica La imagen pertenece al artista Ricardo Ajler] </p><p>Fu al ro... </p><p>Introduccin </p><p>Cuando Juan Laurentino Ortiz, nacido el 11 </p><p>de junio de 1896 en Puerto Ruiz, </p><p>Departamento de Gualeguay, Provincia de </p><p>Entre Ros, escribe en el poema "Deja las </p><p>letras", de su libro "De las races y del cielo": </p><p>"El sol ha bebido sus propias perlas </p><p>y hay apenas de ellas una memoria por </p><p>secarse... </p><p>No temas, no temas, y mira, mira hasta las </p><p>islas... </p><p>Viste alguna vez la meloda de los brillos? </p><p>La viste ondular, todava de gasa, </p><p>desde tus pies al cielo, sobre el ro?" </p><p>Tambin est bien lejos de describir un paisaje. Apenas si se apoya suavemente en l, lo hace penetrar en </p><p>su corazn y lo transforma en poesa. Una poesa de esplendorosa espiritualidad donde convive su decir </p><p>siempre delicado y leve con una infinita piedad hacia la condicin humana. </p></li><li><p>Para que su potica sea a la vez completamente localista y absolutamente universal, Juan L. Ortiz no </p><p>necesit viajar demasiado a lo largo de su vida. El complejo recorrido por sus senderos interiores, </p><p>poblados de "cielos que se cerraban sobre un monte lleno de largos brazos negros y miradas lvidas" que </p><p>haba comenzado en Gualeguay, continu en Mojones Norte, enclavado en plena selva de Montiel donde </p><p>su padre fue capataz de estancia, continu luego en Villaguay para regresar, a los diez aos, a su amada </p><p>Gualeguay. </p><p>Entre estos pocos kilmetros, sin embargo, se fue conformando un nio contemplativo inclinado a la </p><p>soledad, actitud que se constituir en una de sus marcas indelebles. Tanto, que a pesar de recordar con </p><p>afecto sus escapadas a Buenos Aires, de la que rescataba la bohemia de una pobreza enriquecida por sus </p><p>estudios libres en Filosofa y Letras, las clases de literatura en la Universidad de La Plata, su relacin con </p><p>algunos amigos entraables y, sobre todo, la lecturas de poetas que le fueron abriendo su propio camino, </p><p>nunca pudo soportar el movimiento vertiginoso y agitado de la gran ciudad. </p><p>Era dueo de una formacin literaria envidiable. Rilke, Juan Ramn Jimnez, Antonio Machado, </p><p>Mallarm, Pound, Eliot, Maeterlinck, Tolstoi, entre una lista interminable de autores, fueron sus </p><p>inseparables compaeros junto al sereno transcurrir del ro Gualeguay. No obstante, o precisamente por </p><p>ello, su primer libro "El agua y la noche", seleccin de poemas manuscritos, apareci recin en 1933, </p><p>gracias a la insistencia de Crdoba Iturburu, Csar Tiempo y, especialmente, de su gran amigo Carlos </p><p>Mastronardi. </p><p>En su segundo libro "El alba sube", </p><p>publicado en 1937, no slo el paisaje </p><p>cobra mayor protagonismo sino que va </p><p>afirmndose con ms fuerza su </p><p>despojamiento de las cosas materiales. </p><p>Este desapego ser uno de los pilares </p><p>que le permitir alcanzar el sello </p><p>distintivo de una exquisita espiritualidad. </p><p>En el poema "Hay entre los rboles" se </p><p>pregunta: </p><p>"Hay entre los rboles una dicha plida. </p><p>final, apenas verde, que es un </p><p>pensamiento </p><p>ya, pensamiento fluido de los rboles, </p><p>luz pensada por stos en el anochecer?" </p><p>Pero ha de ser en "Fui al ro" de su tercer </p><p>libro "El ngel inclinado" (1938), donde Juanele celebra con incontenible alegra su fus in con la </p><p>naturaleza, la que ya nunca volvera a ser la otra parte de la ceremonia dialgica. Por fin, l era el ro y el </p><p>ro era l. </p><p>En la ciudad de Rosario, </p><p>provincia de Santa Fe, los </p><p>militares usurparon la </p><p>Biblioteca Popular Constancio </p><p>C. Vigil, La Vigil, una </p><p>institucin que tena una </p><p>biblioteca de 55.000 </p><p>volmenes en circulacin y </p><p>15.000 en depsitos, a principios de la dcada del setenta. </p><p>El 25 de febrero de 1977 fue intervenida mediante el </p><p>decreto N 942. Ocho miembros de su Comisin Directiva </p><p>detenidos ilegalmente, su control de prstamos </p><p>bibliogrficos utilizado para investigar a los socios. Miles </p><p>de libros de la entidad fueron quemados, por ejemplo </p><p>seiscientas colecciones de la obra completa del poeta Juan </p><p>L. Ortz. </p></li><li><p>"Regresaba </p><p>--Era yo el que regresaba?-- </p><p>en la angustia vaga </p><p>de sentirme solo entre las cosas ltimas y secretas. </p><p>De pronto sent el ro en m, </p><p>corra en m </p><p>con sus orillas trmulas de seas, </p><p>con sus hondos reflejos apenas estrellados. </p><p>Corra el ro en m con sus ramajes. </p><p>Era yo un ro en el anochecer, </p><p>y suspiraban en m los rboles, </p><p>y el sendero y las hierbas se apagaban en m. </p><p>Me atravesaba un ro, me atravesaba un ro!" </p><p>Esta consustanciacin no exclua, ciertamente, un agudo dolor por la guerra civil que en ese </p><p>momento padeca Espaa. Cuando Rilke deca que el da de nuestro nacimiento encamina tanto a </p><p>morir como a vivir, estaba hablando con dulce piedad acerca de la inevitable angustia que le </p><p>produca la finitud del ser, angustia que mitig a travs de la lectura de la Biblia y su profunda fe en Dios. </p><p>La sensibilidad de Juanele tena el mismo tono mayor que la de su admirado Rilke, slo que fue </p><p>depositando la esencia de su fe en un sincretismo, abarcador por definicin, que fusion lo inefable de sus </p><p>percepciones con los elementos concretos del paisaje. Esta maravillosa fuente fenomnica le permiti </p><p>elaborar una potica de gran belleza lrica, de hondo sentimiento de misericordia tanto hacia lo humano </p><p>como hacia los elementos y criaturas de la naturaleza. Model cada palabra creando delicados matices de </p><p>una sutileza incomparables, emergiendo, as, una suerte de continuidad entre inmanencia y trascendencia. </p><p>En "La rama hacia el este" (1940) pero ms an en "El lamo y el viento" (1947), muestra el conflicto </p><p>anidado en su alma: Viva en la natural serenidad de su entorno y, a la vez, senta una desgarrada </p><p>impotencia por el espanto que signific la segunda guerra mundial. Los temas insisten sobre el dolor, la </p><p>angustia y el mal, como odiosos contaminantes. </p><p>Por otra parte, en "El lamo y el viento" se pueden leer sus primeros poemas extensos donde, a </p><p>pesar de que el seguimiento de su decir se asemeja a </p><p>un andar por meandros, no desdea por cierto el </p><p>ordenamiento de la narrativa. En estos poema es </p><p>posible internarse en su particular cosmovisin del </p><p>universo, a travs de sus constantes percepciones y su </p><p>permanente lirismo. Los poemas "Las colinas" de "El </p><p>alma y las colinas" y "Gualeguay" de "La brisa </p><p>profunda", son dos claros ejemplos de ello. Y es en </p><p>este libro donde intenta, adems, el develamiento de la </p><p>esencia de todo cuanto le rodea bajo la forma de </p><p>interrogaciones. Preguntar y preguntarse. Traspasar lo </p></li><li><p>oscuro y ver en qu consiste el misterio, llegar hasta la despersonalizacin si fuese necesario para poder </p><p>as informar acerca de sus hallazgos. Slo que la luz que esplende detrs de la oscuridad nos observa y </p><p>nos retacea su grandiosidad, quiz porque nuestra capacidad de comprensin es insuficiente para </p><p>aprehenderla. </p><p>En sus libros posteriores "El aire conmovido" (1949), "La mano infinita" (1951), "La brisa profunda" </p><p>(1954), "El alma y las colinas" (1956) y "De las races y del cielo" (1958), la red que va tejiendo con su </p><p>natural compasin por todas las criaturas vivientes, la memoria recreadora de lo que am, y la captacin </p><p>de los sutiles colores y las voces que emanan de la naturaleza, se va haciendo cada vez ms compleja y, </p><p>paradjicamente, tambin sus visiones se despojan ms. </p><p>En 1942 se radic en Paran hasta donde llegaban, a manera de una peregrinacin laica, amigos </p><p>entraables, estudiosos de su potica y poetas de todas las edades pero, y sobre todo, lo visitaban lo s </p><p>jvenes atrados no slo por la calidad de su poesa sino por la transparencia de su conducta. En Juan L. </p><p>Ortiz, poesa y vida son por completo inseparables. Tanto que de su tica surge su esttica y su esttica </p><p>profundizar su tica. </p><p>En 1971, con prlogo de Hugo Gola, apareci en Rosario "En el aura del sauce" que incluye diez libros </p><p>editados ms dos inditos: "El junco y la corriente", producto de lo vivenciado en su viaje a China y otros </p><p>pases de Oriente y "La orilla que se abisma". En 1996, El Centro de Publicaciones, Universidad Nacional </p><p>del Litoral, Santa Fe, edita "Obra Completa" , antologas ambas de lectura imprescindible, gracias a las </p><p>cuales es posible sentir placer por la multiplicidad de imgenes y riqueza de smbolos en una potica casi </p><p>despojada de metforas, profundizar en la riqueza de su poesa gracias a los valiosos estudios publicados, </p><p>y advertir la estatura de Juan L. Ortiz, ese gran renovador de la poesa argentina. </p><p>El 2 de setiembre de 1978 Juanele abandon definitivamente su cuerpo, el que fue llevado de regreso a su </p><p>amado Gualeguay, quedando su espritu con nosotros, caminando para siempre entre las pginas de sus </p><p>libros. </p><p>FUI AL RO... </p><p>Fui al ro, y lo senta </p><p>cerca de m, enfrente de m. </p><p>Las ramas tenan voces </p><p>que no llegaban hasta m. </p><p>La corriente deca </p><p>cosas que no entenda. </p><p>Me angustiaba casi. </p><p>Quera comprenderlo, </p></li><li><p>sentir qu deca el cielo vago y plido en l </p><p>con sus primeras slabas alargadas, </p><p>pero no poda. </p><p>Regresaba </p><p>-Era yo el que regresaba?- </p><p>en la angustia vaga </p><p>de sentirme solo entre las cosas ltimas y secretas. </p><p>De pronto sent el ro en m, </p><p>corra en m </p><p>con sus orillas trmulas de seas, </p><p>con sus hondos reflejos apenas estrellados. </p><p>Corra el ro en m con sus ramajes. </p><p>Era yo un ro en el anochecer, </p><p>y suspiraban en m los rboles, </p><p>y el sendero y las hierbas se apagaban en m. </p><p>Me atravesaba un ro, me atravesaba un ro! </p><p>ELLA... </p><p>Ella anuda hilos entre los hombres </p><p>y lleva de aqu para all la mariposa profunda </p><p>-ala del paisaje y del alma de un pas, con su polen... </p><p>Ella hace sensible el clima de los das, con su color y su </p><p>perfume... </p><p>a su pesar, muchas veces, como bajo un destino. </p><p>Testimonio involuntario, ella, </p><p>de un cierto estado de espritu, de un cierto estado de las cosas, </p><p>en que la circunstancia da su hlito. .. </p><p>Pero se dirige siempre a un testigo invisible, </p><p>jugando naturalmente con la tierra y el ngel, </p><p>el infinito a su lado y el presente en el confn... </p><p>Mas es el don absoluto, y la ternura, </p><p>ella que es tambin el trmino supremo y la ltima esencia </p><p>con las melodas de los sentidos y los smbolos y las visiones y </p><p>los latidos </p></li><li><p>para el encuentro en los abismos... </p><p>Mas tiene cargo de almas, y es la comunicacin, </p><p>el traspaso del ser, "como se da una flor", en el nivel de los </p><p>nios, </p><p>ms all de s misma, en el olvido puro de ella misma... </p><p>Y no busca nunca, no, ella... </p><p>espera, espera toda desnuda, con la lmpara en la mano, </p><p>en el centro mismo de la noche... </p><p>AH, MIS AMIGOS, HABLIS DE RIMAS... </p><p>Ah, mis amigos, hablis de rimas </p><p>y hablis finamente de los crecimientos libres... </p><p>en la seda fantstica os dan las hadas de los leos </p><p>con sus suplicios de tsicas </p><p>sobresaltadas </p><p>de alas... </p><p>Pero habis pensado </p><p>que el otro cuerpo de la poesa est tambin all, en el Junio </p><p>de crecida, </p><p>desnudo casi bajo las agujas del cielo? </p><p>Qu harais vosotros, decid, sin ese cuerpo </p><p>del que el vuestro, si frgil y si herido, vive desde "la divisin", </p><p>despedido del "espritu", l, que sostiene oscuramente sus </p><p>juegos </p><p>con el pan que l amasa y que debe recibir a veces </p><p>en un insulto de piedra? </p><p>Habis pensado, mis amigos, </p><p>que es una red de sangre la que os salva del vaco, </p><p>en el tejido de todos los das, bajo los metales del aire, </p><p>de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio, </p><p>a no ser una escritura de vidrio? </p><p>Oh, yo s que buscis desde el principio el secreto de la tierra, </p><p>y que os arrojis al fuego, muchas veces, para encontrar el </p></li><li><p>secreto... </p><p>Y s que a veces hallis la meloda ms difcil </p><p>que duerme en aquellos que mueren de silencio, </p><p>corridos por el padre ro, ahora, hacia las tiendas del viento... </p><p>Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la </p><p>poesa </p><p>igual que en un capullo... </p><p>No olvidis que la poesa, </p><p>si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva, </p><p>es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin, </p><p>cruzada o crucificada, si queris, por los llamados sin fin </p><p>y tendida humildemente, humildemente, para el invento del </p><p>amor... </p><p>DEJA LAS LETRAS... </p><p>Deja las letras...</p></li></ul>