a orillas de tanger

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A orillas de Tnger

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A mi hermano Juan y a nuestra ausente hermana Mariluz.

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El desenlace de la guerra civil espaola provoc la huida precipitada de miles de familias hacia numerosos destinos. Eran los espaoles del xodo y del viento, como los llam Len Felipe. La oleada de salida de las familias hacia tierras extraas se extendi sobre varios aos: unas huan de las represalias y otras de las penurias. En 1950, la familia del autor, que ya saba lo que era un xodo, regres al Tnger del Estatuto Internacional para intentar salir adelante, lo cual consigui, aunque no sin dificultades.

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vctor prez prez

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Diseo de la portada: Jonathan Prez Liedl Fotografa portada: el autor en la playa de Tnger, el 10 de octubre de 1954 Fotografa tomada por Luis Serrano Vzquez Fotografa contraportada tomada por Jonathan Prez Liedl Quedan prohibidos, dentro de los lmites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproduccin total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrnico o mecnico, el tratamiento informtico, el alquiler o cualquier otra forma de cesin de la obra sin la autorizacin previa y por escrito de los titulares del copyright. Inscrito en el Registro General de la Propiedad Intelectual con el nmero de asiento registral 02/2005/3719 2005-Vctor Prez Prez ISBN: 978-84-9981-059-1 DL: M-43937-2010 victor.perez.perez@hotmail.com

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NDICE

Un tangerino frustrado La casa de los patitos El campito El barrio de La MSallah El Primus El ditero La radio Escenas de la vida cotidiana Mi primer amor La playa Coser y cantar Una casa de verdad A la escuela, sin remisin El botiqun de mi abuela Piso en el centro Doa Rafaela Oremos La murallita La independencia Los realquilados Mis primeros empleos Pollos abuitrados El guatecn de Mariluz Mis juegos Dichos y hechos El cine Buarraqua Fun, fun, fun! De Cruz Roja10

13 16 29 36 43 48 50 55 60 66 75 85 92 99 112 121 124 131 142 148 152 164 167 174 181 189 192 199 202

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Sobre ruedas Villa Mogador Gallinas locas El cabrero Antonio Vzquez La fiesta del borrego ltimos das en Tnger

207 213 220 223 227 231 242

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Un tangerino frustrado Segn una creencia popular, es buena seal que, al nacer, los nios lloren. Al parecer, cuanta ms rabia pongan en el empeo, mejor. Por lo visto, es muestra de buena salud y de vigor. Yo, ms que llorar, grit desesperadamente por primera vez en mi vida en La Lnea de la Concepcin, un da de diciembre del ao 1945. Se me antoja que hubo de ser un da gris, fro y desapacible, de esos en los que no te apetece salir a ninguna parte. Ni siquiera a la luz La comadrona, al or mis gritos de terror, que debi confundir con enrgicas muestras de salud, probablemente le dijo a mi madre: - Elvira, has tenido un nio muy sano y con muchas ganas de vivir. J! Ya me hubiese gustado verla en mi lugar! Ante mi insistente llamada no hay mejor mdico que uno mismo supongo que la susodicha hizo una rutinaria inspeccin ocular del estado de mi persona. El inventario hubo de ser rpido: hernia inguinal -lo que prosaicamente llamaron una quebradura- en la ingle izquierda, y bulto sospechoso en la parte derecha del cuello del que, tambin prosaicamente, se refirieron como el buche porque se pareca a la bolsa que les crece a las gallinas en la base del pescuezo cuando se atiborran de grano. Ya con cuatro o cinco aos de edad, cuando se supona que poda distinguir entre el sarcasmo cruel y la broma cariosa, mi madre y mis hermanos mayores Juan y Mariluz, para consolarme de alguna de esas penas irrefrenables y de origen desconocido tan habituales en13

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los nios, me gritaban sonriendo: - Pobrecito l...! Que naci quebrao y embuchao! La primera vez que me dijeron eso me qued muy escamado. No saba si se rean cruelmente de m y tena que llorar ms, o si de verdad consideraban que lo que me pasaba no era tan grave y tena que dejar de llorar. El caso es que surti efecto porque, con tanto dudar, me call. Recuerdo que la hernia, como en el chiste, solo me dola cuando respiraba Y cuando estornudaba o tosa, cuando corra o me rea. En fin, que de pequeo no poda hacer ningn esfuerzo porque, al decir de mis mayores, corra el riesgo de estrangularla, cosa que, al parecer, hubiese tenido consecuencias muy graves. Varias veces al da, mi madre tena que fajarme con vendajes para contener la hernia. Normalmente, este tipo de afecciones ya se reparaba, incluso en aquellos tiempos, mediante ciruga, pero en casa no confibamos demasiado en los mdicos espaoles de la posguerra ya que, segn mi hermano Juan, encomendaban demasiado el futuro de sus enfermos a la voluntad de Dios El caso es que, gracias a los esmerados y amorosos cuidados de mi madre, tiempo despus, hacia la edad de 14 15 aos, la hernia desapareci por completo. Por fin consegu dejar de ser un quebrao! Solo tena pendiente deshacerme del buche gallinceo que, aos ms tarde, un mes despus del famoso mayo de 1968, por fin me extirparon. Como testimonio, desde ese da llevo en su lugar una ligera y discreta cicatriz en forma de siete de solo 29 puntos Mi madre sola decir que nac en La Lnea accidentalmente. Durante muchos aos cre que se14

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refera a que mi nacimiento fue aparatoso y accidentado y que por eso nac quebrao y embuchao. Ms tarde supe que se refera a que tena que haber nacido en Tnger, como mis hermanos Juan y Mariluz.

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La casa de los patitos De las casas en las que vivimos en La Lnea solo recuerdo la casa de los patitos, en la calle de Gibraltar. La llambamos as porque en la parte superior de su coqueta fachada haba una cenefa de azulejos con patitos. Nos mudamos a esa casa cuando yo solo tena unos meses. Del entorno de la casa de los patitos recuerdo que jugbamos en un vacie. El vacie no era ni ms ni menos que el lugar donde las familias del barrio que no tenan baos con alcantarilla -que eran todas- vaciaban las aguas sucias. Aguas menores y, naturalmente, aguas mayores. Estas aguas se mezclaban con la tierra y producan un barrillo fino y grisceo que despeda un olor nauseabundo. Supongo que nuestra madre nos tena prohibido acercarnos a ese lugar pero, Mariluz y yo, junto con los otros nios del barrio, nos sentamos atrados por l. Era como un parque infantil, una especie de parque temtico con sus peligros, sus emociones y sus sensaciones. Para llegar al vacie tenamos que pasar por encima de una barrera de chapas onduladas con las que Mariluz se hizo un da un corte en la pierna que le caus una tremenda infeccin. Conserv la cicatriz para siempre. En esa casa, Mariluz y yo tuvimos una experiencia muy desagradable: el de la tortilla de cicuta. Resulta que nuestra madre, cuando nos haca tortilla a la francesa, sola alegrarla ponindole unas motas verdes de perejil. Ese da, en vez de perejil, en el mercado le dieron cicuta. De todos es sabido que es sta una planta muy txica, incluso mortal (si no, ver Scrates). Recuerdo que16

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Mariluz y yo nos pusimos muy enfermitos. Nunca ms, incluso ya de adultos, fuimos capaces de volver a tomar tortilla con perejil. Algo increble es que an puedo recordar el sabor de aquella tortilla. Tambin recuerdo que de pequeo mi estado natural permanente era estar resfriado. Eso les disgustaba mucho a los mos porque yo tena la sucia costumbre sucia, pero prctica- de limpiarme los mocos con las mangas de mi pulver de rayas (que es el que recuerdo gracias a una nica foto de la poca). Siendo ya mayores, Mariluz me contaba que, de pequeo, era resbaladizo como una anguila Una de las cosas que ms me impresionaban era que mi madre, para que me portara bien o para que no me escapara a la calle, me deca que el hombre del saco poda llevarme para sacarme la manteca. Por lo visto, el hombre del saco se dedicaba a raptar nios para quitarles la manteca de las muecas de los brazos. El lobo o el coco no eran suficientemente persuasivos para impedirme salir a la calle. El hombre del saco s. Le tena verdadero pnico! Segn mi hermano Juan, todas las madres terminaron creyendo de verdad en esta leyenda urbana y, hacer referencia al mantequero, no era una broma sino un aviso muy serio. Aterrador! La Lnea se encuentra en una comarca llamada Campo de Gibraltar y, al igual que muchos pueblos del entorno, tena algunas influencias inglesas que se manifestaban principalmente en el vocabulario. As pues, a las canicas nosotros le llambamos meblis. Esta palabra, totalmente deformada, proceda de la palabra inglesa marble que es como se llaman las canicas en ingls y cuyo origen se debe a que, antiguamente, las17

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canicas se hacan con trocitos de mrmol. Por otro lado, al punto de lana tejido con agujas, las mujeres le llamaban niti, palabra que proceda de knitting. Tambin, tombamos una especie de miel a base de mucho azcar que llambamos siru. No era ni ms ni menos que syrup jarabe- trado de la britnica Gibraltar. A nuestra manera, los andaluces del Campo de Gibraltar, como los catalanes, los gallegos y los vascos, tambin ramos bilinges. Juan, que en aquel tiempo deba tener entre trece y quince aos, hered de nuestra madre la capacidad para los negocios y, para ganar unas perras, montaba un tenderete cerca del mercado municipal donde venda revistas, novelas y libros. Recuerdo que el tenderete consista en unas cuerdas que fijaba en la pared por medio de unos clavos y sobre las cuales colgaba sus revistas y novelas. Las novelas pertenecan a unas series muy populares tales como El Pirata Negro y El Coyote. De mayores, mi hermana Mariluz contaba a menudo que en la casa