77716432 odonnell guillermo el estado burocratico autoritario

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  • condiciones sodo-histricas explica~. el surgimiento de lasexperiencias de violencia poltica ms intensas de la historia moder~

    de la Arge~~~ina? Cul es differentia specifica de los sistema'>dominacin autoril:;;ria que se fueron imponiendo en el Conol

    partir de mediados de los '601 Cmo entender -en contra d~principales previsiones de las ciencias sociales- la aparicin de

    tongados ciclos de exclusin poltica y econmica en las regionesms industrializadas de Amrica del Sur? Qu sectores sociale;

    ganaron cules perdieron con estos ciclos?

    En El Estado Burocrtico entre 1974Y publicado en ofrece la re!ip~U!l!ta

    iluminadora Su eXlpn'cal~ibnengarza aootamiento historlco de la

    industrializadn sustitu1i';l,y la emergencia de un

    represiva del sector :)opular

    Lo que enbre 1970~y 1~76 eraque las el destino la dem(~'ac.

    pudieran entender una socieda

  • ?GUILLERMO O'DONNELL

    EL ESTADO BUROCRATICOAUTORITARIO

    Triunfos, derrotas y crisis

    Editorial de Belgrano

  • Primera edicin: 1982Segunda edicin: 1996

    1996 by Fundacin Editorial de Belgrano, Avda. Federico Lacroze 1959, (1426) Bue-nos Aires, Repblica Argentina, Telfonos: 772-4014118 775-8788.

    Printed and made in Argentina. Hecho e impreso en la Repblica Argentina

    LS.B.N.: 950 - 577 - 174 - 6

    Todos los derechos de esta edicin reservados parla Fundacin Editorial de Belgrano,Bucnos Aires, Argentina.

    La Fundacin editorial de Belgrano es una entidad que se rige conforme a las disposi-ciones del decreto ley 19.836172, que reglamenta la creacin y funcionamiento de lasFundaciones, y cuyo artculo o dispone lo siguiente: "Las Fundaciones a que se refiereel artculo 33 del Cdigo Civil son personas jurdicas que se constituyen con un objetode bien comn sin propsito de lucro ".

    Prohibida la reproduccin total o parcial de este libro, osu almacenamicnto en un siste-ma informtico, o su transrvisin por cualquier forma o medio electrnico, mecnico,fotocopia, registro u otros medios sin el permiso previo por escrito de los titulares delcopyright.

    Queda hecho el depsito que marca la ley 11.723. 1996 by Fundacin Editorial de Belgrano.

    PREFACIO A LA NUEVA EDICIN

    En la Introduccin cuento la accidentada historia de este libro. Estasera una curiosa historia si no fuera porque el proceso de investigar yescribir este libro (y, por cierto, el no poder publicarlo por varios aos)fue parte, claro que infinitesimal, de las tormentas que arrasaron nuestropas en la dcada del '7p y comienzos del' 80.

    [)espu~sdelAnirLt[Qdl{(CiQn terica, ellib.rocomienza con el golpede Estad()dejuniod(;j266 y terl111Cl COn los prolegmenos de la im-p{antacin. clf?.un. Estacl()!zllrgc.rtico-autoritario,golpe de marzo de 1976, mucho ms cruel socialmente destructivo

    el de 1966. Pero las races directas de reDresin v des-

    qq!l: .Como cuento en lq,;Introduccin, empec este libro en 1974 y lo

    termin afines de 1976, pocos meses despus del golpe de ese mio. Esun libr,g nacido de la desesperacin y la rabia que, un poco para misorpresa, he revivido intensamente al escribir este Prefacio. No es f-cil narrar, ni recordar, los pasos que conducen al despeadero de supropio pas, ni detectar un encadenamiento de hechos y decisiones que,hacia el final de la historia narrada en este libro, pareci conducir atodos, casi como en una tragedia griega, al amargo final con que, en elCaptulo X, termino el libro.

    Independientemente de mis aciertos y desaciertos en narrarla, staes una historia importante: est fresca en la memoria de muchos, haproducido vctimas que no deben ser olvidadas y dolores que no han

  • GUILLERMO 'DONNELL PREFACIO A LA NUEVA EDICIN

    libro. en desacuerdo consos hicimos demasiado poco para rebatirlos y para iJnped(r

    a que conducan -que en su momento esos intentos hubieran sidoo no efectivos no alcanza excusar esos silencios.

    Una segunda leccin importante, que se conecta cercanamente cones la del horror absoluto, la profunda deshumanizacin

    resultante de ser abarcado y penetrado por la violencia,ejecutor, como vctima, cOlno espectador (hubo meses, como comentoen el libro, en los cuales cada da la televisin y los diarios inform.abande hechos horribles) o, simple pero tambinconsecuencia.del temol~ ms oatenazador, de quien se siente una posible vctima

    La violencia sistemtica por razones polticas ha sido, felizmente,terminada entre nosotros -ste es un logro inmensamente importante,que los que vivimos en los aos del terror debemos recordar y ayudar areconocer a quienes no los han vivido. Haber pasado por estas violen-cias y estos miedos, y entender lo que en y por ellas se siente, es parapersonas de mi origen social un privilegio que no nos es habitualmenteconferido. Esto nos crea responsabilidades importantes.

    Digo esto porque me parece fundamental recordar que otras vio-lencias, no menos sistemticas y aterrorizadoras, persisten hastacontra los ms pobres y diversas minoras. Esto es un escndalo nomenor las carencias materiales de aqullos. Este escndalo desa-

    a un pas en el muchos talempatizarcon el hambre, vero en el

    miedo y conmomento a

    menudo de agentes estatales) ms poderosos que nQsgtros. Meparece qye otra de las lecciones de las pginas que siguen es que debe-

    '" Cuando era tarde para hacerlo porque ya nadie se hubiera atrevido a difundir testimonios contra la violencia, descubr lo que, con la amarga irona con que a veces unotrata de defenderse de! miedo, llam "el primero y principal derecho humano: saber quinva a matarlo a uno". Hacia fines de 1976, cuando nuestras casas y en el CEDES vivamosel temor de ser "desaparecidos" por [os agentes de la represin, pidi hablar conmigo alguien que invoc ser representante de Montoneros y me inform que. como era claro queen el CEDES ramos agentes del imperialismo (por entonces recibamos financiacin de laFundacin Ford y del SAREC sueco), debamos pagar a su "organizacin" un "impuesto"que exceda varias veces el ingreso anual del CEDES. Cuando me negu me amenaz concosas no menos terribles de las que temamos ele los represores estatales.

    cicatrizado, y contiehe algunas lecciones que tienen valor permanente.Una de estas lecCiones, a la cual dedico buena parte de los cp-

    tulos finales, es el terrible error de endiosar la violencia. Esto trans-form a algunos en asesinos convencidos de matar eor una buena cau-sa, a muchos en espectadores pasivos pero no ,siempre crticos de esoshechos y tambin a muchos en vctimas de un miedo que nos dej iner-.mes contra todas las violencias, especialrnete frente al terrorismo deEstado comenzado en 1974 Y llevado,!!: su paroxstico perfeccionamientodespus del golpe de marzo de I976.ilunto con el endiosamiento de laviolencia y como inevitable corolariO, ocurri la desvalorizacin de lademocracia, tanto por los que en algunos momentos la vieron comouna trampa insidiosa tendida por el "sistema" para perpetrarse, comopor los que, en otros momentos, la consideraron un obstculo paralograr la necesaria y justificable eliminacin de los adversarios.

    Es cierto, eran otros tiempos, que invito a los jvenes lectores deeste libro a tratar de captar y entender. Pero ste no es un pedido dejust~ficacin. Ni siquiera hoyes popular decir que hubo responsabili-dades amplia y solidariamente compartidas por todos los que partici-paron en ese frenes de violencia -aunque me parece claro que aque-llos que la ejercieron desde el Estado y, por si fuera poco,

    son los monstruos ms condenables.Creo importante, como intelectual que soy, insistir en las respon-

    sabilidades que los intelectuales hemos compartido. El mar deres de este perodo de nuestra historia no hubiera /JC)ddceficaz y persistente endiosamiento de la violencia perpetrado por inteclectuales de las ms diversas corrientes -cuando digo intelectualesme refiero a todos los que de alguna manera dedican parte de su tiem-po a la creacin y difusin de ideas, incluyendo a los que por nuestraidentidad profesional somos pblicamente reconocidos como tales yque por cierto no fuimos los menos culpables. El ruidd de esos discur-sos fue acompaado -tambin debemos reconocerlo- por el silencio'a~(fs Tritelettuales, los que por una mezcla de miedos y escasez deoportunidades no tuvimos el coraje de dar pblico e insistente testimo-nio, personal y colectivo, de lo que haca falta: una condena incondi-cional de todos y de cada uno de esos actos y discursos de violencia.Sabemos que el resultado de esos discursos de violencia -de los quemuy pocos se han hecho cargo- fue llevar a la muerte a miles de jve-nes, a los que rememoro en la Introduccin yen las ltimas pginas del

  • GUILLERMO O'DONNELL

    ramos esforzarnos junto con esas persistentes vctimas para que ellasse conviertan en autnticos sujetos del derecho de una polis democr-tica.

    Si las pginas que siguen muestran contundentemente, a contrarioy ad absurdum, los males de la violencia y de la dominacin autorita-ria y, por lo tanto, las ventajas de la democracia, ellas tambin sea-lan el horizonte hacia el que deberan orientarse nuestros actuales es-fuerzos. Una forma de leer las pginas que siguen es, primero, como lahistoria de una escalada en la que diversos actores fueron producien-

    con creciente crueldad y decreciente conciencia, una abrumadoracantidad de violaciones de derechos humanos y, segundo, como unaserie de lecciones escrita por las vctimas -no sloque murieron- tan numerosas que ni siquiera hemos podido contarlascon exqctitud.Me parece que esta triste historia debe ser resignificadano slo seilalando la impunidad jurdica lograda por perpetradoresque ni siquiera muestran ~;n atisbo de arrepentimiento; a ellos pode-mos, y debemos, mostrarles nuestro desprecio y, con ello, hacerlos unpoco menos impunes. Se trata tambin, ms positivamente, de hacerque la validez de elementales derechos humanos sea efectiva para to-dos los habitantes de este no siempre bendito territorio.

    A pesar de sus numerosos defectos, sin la democracia que tene-mos no podramos siquiera plantearnos esta responsabilidad. Pero sinplantearnos esta responsabilidad no llegaremos a tener el tipo de de-mocracia que implicara, finalmente, la superadora negacin de losterribles aos sobre los cuales, ciudadano o intelectual sumergido enesas tormentas, escrib este libro.

    GUILLERMO 'DONNELLNOVIEMBRE DE 1996

    ADVERTENCIA PRELIMINAR

    Este libro es producto de trabajo acadmico, incluso de una detalla-da investigacin. Los datos emergentes de ella slo pueden ser inter-pretados mediante conceptos que tienen un cierto status terico.Pero mi esperanza es que este libro pueda ser ledo, sin dificulta-des, por cualquier persona que tenga un razonable inters en lapoltica. Por eso me permito una sugerencia. El lector del mundoacadmico seguramente querr comenzar por los conceptos queutilizo, sus definiciones e interrelaciones. Los mismos estn pre-sentados en el captulo I. Pero ese captulo es de ardua lectura.Por ello, cualquier otro lector podra comenzar directamente porel captulo II, a partir del cual el texto es mucho menos abstruso.A lo largo de su lectura, cuando se encuentre con trminos cuyosignificado quiera precisar, puede recurrir a las respectivas sec-ciones y acpites del captulo 1 (cuyos ttulos intentan facilitaresa bsqueda) o bien1eer ese captulo despus de haber termina-do los restantes.

    CGn la misma intencin he hecho un desdoblamiento de lasreferencias en el texto para facilitar su lectura. Aquellas que agre-gan detalles o matices a 10 aIl dicho van como notas al pie de lasrespectivas pginas. Otras que se limitan a identificar las fuentesde afirmaciones o datos, de inters para el lector que pueda quererverificarlos, estn transcriptas al final del libro.

    La ilusin no es slo que este libro contribuya al conocimien-to sino tambin que ingrese a la discusin poltica de quienescomparten valores realmente opuestos a toda forma autoritariade dominacin.

  • ,INTRODUCCIN

    1

    Este libro es un intento de contribuir, mediante el estudio de un~C~ AI"gentina"'.desde ':jnlo'I966ha.Stama.rzo 1973-, al cono-

    ~imiElIJ,t , de, las "I1ueYs:fW''1Ilsd.~(lmiI1;iI1 allt9l:"ital:"iaqueemergieron en Amrica Latina a IJl1rtir d~l ,~olIJe ,de EStli,d() ,~e1~4 en I3rl1sil,eoIltiIlllaron coIlgolpe en1a. Argentina de 1966y, en la dcada del 70, asumieron, en Chile, Uruguay y, nueva-mente,en la. Argentina,caractersticas mlicho ms aglidas.Belfa::~'ta.;pues,'de la hi.storiadeun perlodo de este pas, narrada no s610"

    porque tiene inters intrnSeco sino tambin por otras dos razo-nes. Una, porque (iE:lsd.e ella :l., comparIldola.e~:rl ~t,:oscas~s~eIoque llamo "autoritarismo burocrtico", permite desentraar algu-nas caraCtersticas de esa forma de dominCi6n.' Ofr;porque

    :;.;ife w . __ u. __ ..__ .u.'e __ __ '.' _-_., , " ........'., ..' . ',.-_ ,........, __ '- _- .. ,-- ' , ,' ,."', ...- ,_..,.,

    desde hoy (julio 1981), en aquel perodo se puede ver el germende muchas de las tragedias desde entonces

    Esta historia contiene una pequea historia personal. En1971, no bien terminado mi primer libro"', comenc la investiga-cin para ste, terminada en 1974. Entre 1974 y fines de 1976este libro tom su forma actual. En medio de ello, se fuerondesplegando acontecimientos que me llevaron a mil postergaciones,as como a la publicacin de un libro ** y artculos que me pareci

    '" Modernizacin y autoritarismo, Paids, Buenos Aires, 1972.** Dependencia y autonoma, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1973,

    con Delfin Linck.

  • 10 GUILLERMO O'DONNELL INTRODUCCIN 11

    respondan a prQblemas ms urgentes. A fines de 1976, cuandoslo me faltaba escribir esta introduccin, las conclusiones y ve-rificar las notas al pie, este libro ya no era publicable en la Ar-gentina. Pude haberlo sacado en otros idiomas, pero hasta hacemuy poco no logr retomarlo porque, aunque basado en una vastainvestigacin, su principal sentido para m es ser un texto paraser ledo no slo por acadmicos sino tambin por toda personainteresada en los avatares polticos de nuestro pas -y no porsimple curiosidad sino a partir de un inters en revertir la cre-ciente brutalizacin poltica y social que nuestro pas se impusoa s mismo. Dicindome que esa postergacin era uno de mis pe-queos tributos a los extraordinarios sufrimientos y frustracio-nes que tejen nuestra historia, hice otras cosas y continu publican-do artculos que, dadas las condiciones imperantes, tampocopodan aspirar a tener mucha difusin en mi pas. Hoy vuelvo aeste texto, en cuyos captulos slo he incorporado referencias aalgunas obras importantes aparecidas con posterioridad a 1976,as como algunos datos dados a conocer recientemente.

    Sin duda el libro que hoy escribira sobre Argentina 1966-1973 es diferente al que escrib entre 1974 y 1976. Pero no seranecesariamente mejor, porque mi visin desde la actualidad nopuede sino estar impregnada por todo lo ocurrido desde 1973. Estomismo exige al lector un esfuerzo de perspectiva histrica: cierto,las crisis, los fracasos y violencias del perodo 1966-1973 puedenparecer insignificantes comparados con los que se desplegarondespus. Pero durante los aos aqu estudiados tal experiencia nopoda estar presente en la conciencia de los sujetos. Lo que ocu-rri entonces -sobre todo- a partir de 1969, apareci como, ylo era, una confluencia de crisis, temores y esperanzas completa-mente inusitados en la experiencia de aquellos. Si imponemos-ahistricamente- nuestros curtidos criterios actuales acerca dehasta dnde puede negar una crisis, o la violencia, nada podremolilentender acerca de qu y por qu decisivos actores polticos ac-tuaron antes de 1973 -ni cmo algunas decisiones de aqullos(donde, en realidad, esos "aqullos" somos los "nosotros" queramos entonces) contribuyeron decisivamente para lo que ocu-rri despus. Pas ltimamente arrasado por crisis, violencias ypatrones autoritarios mucho ms profundos que los que estudia-remos, tal vez no nos sea intil reconocer por un momento lo quenos pas -y lo que hicimos- como antecedente inmediato a todoeso. En este sentido, este libro es tambin un intento -que co-

    mienza por su autor- de contribuir al examen autocrtico del queno me parece nadie pueda autoeximirse en la Argentina. Por esava, tambin intenta contribuir al aprendizaje poltico -la re-cuperacin de una memoria, no por placer masoquista sino parano volver a incurrir en errores que el anlisis puede mostrar co-mo cruciales-, que tal vez pueda conducirnos a una convivenciams humanizada.

    II

    Aunque abandonado mil veces y archivado por aos, este libro tuvoel aporte de innumerables discusiones y conversaciones con mu-chos, demasiados para nombrarlos uno por uno. Pero no puedo de-jar de agradecer expresamente todo 10 que me dieron -de diver-sas maneras y en muchas ocasiones- algunos amigos, colegas ycompaeros de esperanzas: entre ellos, Fernando Henrique Cardo-so, Marcelo Cavarozzi, David Collier, Richard Fagen, ShepardForman, Albert Hirschman, Osear Landi, Abraham Lowenthal,Adam Przeworski, Philippe Schmitter, el recordado Kalman Sl-vert, Francisco Weffort y, en la misma categora que los anterio-res, con el agregado de su condicin de miembros del comit dedoctorado de la Universidad de Yale -que esper con infinitapaciencia y confianza qe este texto fuera mi prometida tesisdoctoral para aquella Universidad-, Alfred Stepan, Robert Dahly, muy especialmente, David Apter. Durante estos aos transitpor diversos lugatE!s con el manuscrito de este libro, y en todos ellosrecib valiosos aportes: nuestro Centro de Estudios de Estado ySociedad (CEDES), el Institute for Advanced Studies de Prin-ceton y la Universidad de Michigan. Finalmente, pude terminarloen la hospitalidad del Instituto Universitario de Pesquhas de Rode Janeir.o (IUPERJ); a Cndido Mendes y a mis colegas en eseInstituto mi cordial agradecimiento. Los diversos gastos fueronsustentados, en diversas etapas, por la Oficina de Yale de Ad-vanced Political Studies, la Fundacin Danforth, el Consejo Na-cional de Investigaciones Cientficas y Tcnicas de la Argentina(CONICET), la Fundacin Guggenheim, el Carnegie Endowmentfor "International Peace y el CEDES, ste en base a subsidiosinstitucionales de la Fundacin Ford y .. del SAREC de Suecia. A

  • 12 GUILLERMO 'DONNELL

    estas institucones tambin mi profundo agradecimiento. Final-mente, todas las personas que han estado o estn afectivamentecerca mo me han apoyado con nfatgable soldardad duranteeste prolongado proceso; a ellas m emocionado agradecimiento *.

    III

    Una menClOn fnal. Adems de gran cantdad de datos de otrotipo **, una importante fuente para este libro fueron entrevistasque realic (en 1968, 1971 y 1972) con actores de prmera lneadel perodo. Gracias a la confianza con que casi todos ellos me ha-blaron, pude entender el sentido de ciertos epsodios cruciales y ve-rificar inforn1acin que, sin el aporte de esos entrevistados, hu-biera dejado enormes lagunas en este Ibro. Muchos viven hoy,por lo que aqu tomo mximo cuidado en honrar mi promesa demantenerlos en el anonmato. No pocos de los que han muertopersonifican las innumerables vctimas -horrible e innecesaria-mente nmoladas- a cuya memoria dedico este libro.

    '" Esta comunidad de amistades, inquietudes y solidaridades, muchasde eUas a la distancia, incluye a William Smith, sobre quien debo haceruna especial mencin. Smith lleg a la Argentina en 1974, cuando yo yahaba completado mi investigacin para este libro y luchaba con la primeraredaccin del mismo. Su propio proyecto enfocaba exactamente sobre elperodo aqu estudiado. A raz de eso conversamos mil veces conSmith, conel agregado

  • 14 GUILLERMO 'DONNELLANTECEDENTES TERICOS E HISTRICOS 15

    anterior y que coloc fuertes restricciones a la continuada expan-sin de la presencia popular en nuestros pases: la transnacio-nalizacin de economa y sociedad operada entonces.

    De la confluencia de los procesos presentados en la segunday tercera seccin se fue conformando una crisis econmica que,aunque con diversos niveles de gravedad, fue un erucial anteceden-te de la mplantacin de los BA. La cuarta seccn contene unadiscusin genrica de dicha crisis, que retomaremos con ms de-talle al entrar al caso argentino. Pero esa crisis es tambin unaprofunda crsis poltica. En la quinta seccin discuto, tambin demanera genrica que ser especificada mediante el examen del ca-so argentino, diversos tipos de crisis poltica y social. Ello permite,en la misma seccin, ubicar los tipos de crisis que preceden, condiversos grados de intensidad, la implantacin de los BA. Laconfluencia de aquellas crisis, as como las particulares caracters-ticas que ellas asumieron en estos casos, permiten entonces enten-der al BA como resultado de la atemorizada reaccin de la bur-guesa (y sus aliados internos y externos) frente a un procesoacaecido en sociedades dependientes pero extensamente industria-lizadas que, impulsado por una creciente activacin popular, pa-rece amenazar (aunque con diversos grados de inminencia de ca-sO acaso) los parmetros capitalistas y las afiliaciones interna-cionales de estos paises.

    En la sexta y ltima seccin el camino recorrido desembocaen el enunciado de los atributos que definen al BA y lo distinguende otras formas polticas autoritarias. A partir de alli quedamosen condiciones de emprender el estudio del caso argentino. A lolargo del mismo, basndome en el material que esa historia ofrece,volver sobre las reflexiones tericas y comparativas que debopresentar aqui de manera sucinta y preliminar.

    1) 8ob,.e el Estado capitalista y temas conexos

    El Estado BA es un tipo de Estado de una sociedad capitalista.Por eso, antes de entrar a lo que es el BA, tenemos que precisarun poco el gnero -Estado capitalista- del cual es un tipo. Laindagacin sobre este tema, corno veremos, nos conduce a la deotros, que delineo en los acnites de Rta ~p{'{'in

    (

    a) Estado y aparato estatal'

    El entramado fundamental (aunque no nico) de una sociedad ca-pitalista, y lo que la caracteriza como tal so.cled,,

  • 16 GUILLERMO 'DONNELL ANTECEDENTES TERICOS E HISTRICOS 17

    las clases por ellas vinculadas) lleva al aparato estatal a desem-pear un papel custodial respecto de las clases dominadas, inclusoen contra de demandas de la burguesia. El inters general de clasede la burguesa en su conjunto implica, necesaramente, que seacote la racionalidad microeconmica de cada uno de sus miem-bros, ya que de otra manera stos tenderan a acentuar cada vezms las condciones de explotacin. En el limite, una simple agre-gacin de esas racionalidades individuales llevarla o bien a la de-saparicin de la clase dominada por una explotacin excesiva obien a su reconocimiento del carcter explotativo y antagnico delas relaciones que la ligan a la clase dominante, o a alguna com-binacin de aproximaciones a una y otra situacin. La primeraposibilidad entraarla la desaparicin de la burguesa, debido ala eliminacin de la clase dominada y, por lo tanto, de la relacinsocial que hace tal a la burguesa. La segunda conducira a unageneralizada impugnacin de dichas relaciones (y de la domina-cin que se asienta en ellas), desde que se habra evaporado lapercepcin habitual -sustento de la dominacin ideolgica- dedichas relaciones como puramente econmicas, libremente con-sentidas y no explotativas. He dicho que el Estado no es slo elgarante coactivo sino tambin el organizador de las relacionessociales capitalistas, porque es el momento que limita y, en diver-sos sentidos drige, el inters individual de los miembros de laburguesa hacia lo que, al acolchonar las condiciones de explota-cin y su posible develamiento ideolgico, es el nters general yde largo plazo de la burguesa en tanto clase: la reproduccin delas relaciones sociales que la constituyen, precisamente, en talclase dominante.

    Por ]0 tanto, el Estado es parte, intrnseca y originaria, delas relaciones sociales fundamentales de una sociedad capitalista,no slo como garanta coactiva sino tambin como organizador delas mismas. Advirtase que hasta este momento he hablado en unplano analtic. As delineado, el Estado es un concepto del mismonivel que el de clase o el de relacin social capitalista. Uno no ve,digamos, ni a "la burguesa" ni- a Hel Estado". Pero en un nivelconcreto (es decir, no analtico) esas categoras se objetivan, ocristalizan, en actores o sujetos sociales; entre otros, en las insti-tucion8s o aparato estatal.

    Argument que el Estado capitalista es, primaria y constitu-tivamente, un aspecto (que debe ser captado analtica, no concre-hlmE'nte) de las rebdz)nes sociales capitalistas. En este sentido

    fundamental el Estado es parte de la sociedad o, dicho de otramanera, esta ltima es la categora ms originaria y englobante.Pero en el prrafo anterior agregu que, en trminos de los su-jetos sociales concretos que son portadores de esas (y otras) re-laciones, el Estado es tambin (aunque, insistamos, derivadamente)un conjunto de aparatos o instituciones. Dentro de esta pers-pectiva terica la mercanca es un momento objetivado del proce-so global de produccin y circulacin del capital. Pero esta obje-tivacin se convierte en apariencia engaosa si no vemos que,antes de ella y dndole su sentido, se encuentran las relacionesde produccin; por eso, el anlisis que comienza por la mercancaslo puede araar la superficie de la realidad social que interesa-ra desentraar para, incluso, conocer adecuadamente el momentode la mercanca. Lo msmo ocurre con el Estado, del cual sus ins-tituciones son un momento objetivado del proceso global de pro-duccin y circulacin del poder. Lo mismo que la mercancia,dicchas instituciones son de enorme importancia y de ellas derivancruciales efec:t9s propl'os. Pero tambin entraan el riesgo de quelas confundamos con "todo el Estado" y, por lo tanto, perdamosde vista su fundamento profundo y originario en el seno mismo delas relaciones capitalistas (y, por lo tanto, de la sociedad).

    La conciencia ordinaria -no crtica- cree ver en las insti-tuciones estatales el alfa y omega. Con ello queda apresada tantopor la objetivacin del capital en mercancas como por la objeti-vacin del Estado en sus instituciones. La consecuencia de nocaptar la realidad profunda de uno y otro fenmeno es no perci-birlos como, respectivamente, explotacin y dominacin. En otraspalabras, la limitacin de la conciencia ordinaria a la aparienciaconcreta -fetichizada- del capital y del Estado, es el principalmanto con que la dominacin de clase (y, dentro .de ella, el Esta-do) se recubre ideolgicamente. La apariencia fetichizada del Es-tado-aparato frente a los sujetos sociales le hace aparecer comoun tercero externo a las relaciones sociales fundamentales entreaquellos sujetos, a pesar de que, como hemos 'listo, el Estado esconstitutivamente parte de dichas relaciones.!Esa apariencia deexternalidad sustenta la posibilidad del Estadb de constituirse enorganizador de la sociedad capitalista o, lo que es equivalente, enorganizador de la dominacin de la burguesa~Es sobre esta baseque el aparato estatal se proclama -y suel ser habitualmentecredo- custodio y agente del inters general. Pero esto, comotodo 10 que estamos viendo (de aH la intrn.seca dificulhHl del t~

  • 18 GUILLERMO O'DONNELL ANTECEDENTES TERICOS E HISTRICOS 19

    mal contiene un lado de verdas! que es, por otra parte, el oculta-miento de su lado de falsedad. 'l!'n efecto, el Estado -ya lo h~mosvisto-- es agente de un inters general pero parcializado; esto es,del inters general (incluso contra voliciones de la clase dominan-te) de vigencia" y reproducciTl cie ciertas relaciones sociales) Noes, como se proclama y se suele creer, agente de un inters generalrealmente comn e imparcial respecto de las posiciones sociales delos sujetos sociales.

    b) Nacin

    El inters general a que est referido el Estado es un inters declase, que -por eso mismo- incluye un papel custodial en la re-produccin de la clase dominada en tanto dominada. Pero el dis-curso desde el aparato estatal se postula "ervidor de un intersgeneral indiferenciado: no el de las clases en la sociedad, sino elde la nacin. La nacin es el arco englobante de solidaridades quepostula la homogeneidad de un "nosotros" frente al Hellos"deotras naciones. Por otro lado, la efectividad de la garantia coacti-va del Estado requiere supremaca en el control de los medios decoaccin. Esta supremaca queda. delimitada territorialmente ; esadentro de esa delimitacin que tiende a constituirse, por su pro-pia dinmica y como consecuencia de reiteradas invocaciones des-de el aparato estatal, el arco de solidaridades de la nacin. Ppreso el Estado es, o tiende siempre a ser, un Estado nacional: suterritorialidad es el mbito de su supremacia coactiva y los suje-tos sociales --en tanto nacin- son el referente aludido por elaparato estatal en su postulacin de servir un inters general.

    e) Pueblo y clase

    Por aadidura, el papel custodial del Estado hacia las clases do-minadas pued llevar al reconocimiento de otra entidad: el pueblo.Esto es, la subcomunidad adentro de la nacin, constituida por losmenos favorecidos, a los que razones de justicia sustantiva llevana atender especficamente. Los pobres, los ms dbiles que son el

    \

    pueblo, en ciertas coyunturas (algunas de las cuales estudiaremos)pueden ser canal de explosiva reivindicacin de justicia sustanti-va contra el Estado y el pacto de dominacin *que aqul garantiza'y organiza. Pueden ser tambin canal de develamiento de identi-dades de sus miembros no slo en tanto tales sino tambin en tantoclases dominadas y, por esta va, de impugnaciones que apuntanal corazn mismo de la dominacin en la sociedad -las relacionessociales que los constituyen en tales clases dominadas. Pero lamisma categoria de lo. popular puede, en. otras circunstiiciaS,ocluir estos develamientos y convertirse fundamentalmente en ins-trumento de reacomodacin de relaciones entre las clases domi-!}}antes **.

    Si lo sealado sugiere la inherente ambigedad de la catego-, ra pueblo, la sociedad capitalista tiende a generar otra categora

    no ms unvoca. De la misma forma que en la esfera fetichizadade la circulacin del capital -el mercado, la mercanca y el di-nera-- cada sujeto social aparece como abstractamente igual ylibre, el ciudadano es otro momento de igualdad abstracta. En el"mercado poltico", la formalizacin de relaciones que genera (yen la que sustenta su viabilidad ideolgica) la sociedad capitalista,queda presupuesto que el fundamento del derecho de las institu-ciones estatales a mandar, y a coaccionar, es la libre voluntadabstracta e igual, de los miembros-de-Ia-nacin en-tanta-ciudada-nos. Lo mismo que las anteriores, esta categora es una transmu-tacin parcial del subyacente constitutivo de todas ellas, la soce-dad. Pero, igual que las otras, sus faces conjuntas de verdad yfalsedad tienen fundamentales consecuencias. La figura del ciu-dadano igual a todos los dems con abstraccin de su posicin enla sociedad es falsa en diversos sentidos, pero su lado de verdades la razn de que la forma menos imperfecta de organizacinpoltica del Estado captalista sea un rgimen de democracia po-ltica (no social ni econmica). En ella quienes mandan dicenbacerlo (y suelen ser credos) porque as los han autorizado ciu-dadanos (abstractamente) libres e iguales, quienes, "dems, tie-

    * Fernando H. CardaBa, "Estado Capitalista e Marxismo", EstudosCebrap, nQ 21, 1977.

    ** Estas consideraciones acerca de lo popular as como las que siguenen la prxima seccin se inspiran en las contribuciones de Ernesto LadanPolitics and Ideology in Marxist Theory, NLR Books, Londres, 1978, y Os-ear Landi, "Sobre lenguajes, identidades y ciudadanas polticas", CEDES,No 19

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    nen en princlplO derecho a proteccin y reparaClOn frent~ Jtac-ciones atbltrarias del aparato estatal y de otros sujetos sociales.Pero la democracia poltica contiene ambigedades similares a lasque hemos detectado en las restantes categoras./En efecto, s benpor un lado suele ser un ptimo encubrimiento' de la dominacinde clase y de la nherente vnculacn del Estado con esa domina-cin, por el otro contiene TIlcanismos y posibilidades que, al darlugar para diversas acciones de las clases dominadas, permitenel logro de ntereses y demandas objetvas y subjetivamente im-portantes para aquellas clases. Asimismo, en ciertas coyunturaE?tales mecanismos y posibilidades pueden llevar a hacer tambalearesa misma dominacin de clase. Nada es unvoco ni, en sus im-pactos de largo plazo, predeterminable a prio1'i; esto depende decircunstancias especficas que deben ser detectadas y evaluadasen el curso de la historia.

    Recapitulando tenemos, primero y fundamentalmente, la so-ciedad, y dentro de ella, como su corazn -en toda sociedad enla qne el capitalismo ha llegado a ser predominante-, las rela-ciones capitalistas de prodnccin. Este es el nivel celular de ladominacin de clase. Dentro de esas relaciones y, por lo tanto,dentro de la sociedad en sn nivel celular, tenemos tambin elEstado coma aspecto, analticamente detectable, de garanta y or-ganizacin de esas relaciones. Luego, derivadamente, las objetiva-ciones de esas relaciones en sujetos sociales concretos, incluso elaparato estatal. Finalmente, como otras emanaciones de la socie-dad, parciales pero fundamentales (tanto por su presencia comopor su ausencia, como veremos), la nacin, la ciudadana y elpueblo. Por otro lado, subyaciendo a ellas como principal modo dearticulacin de la sociedad, las clases *.

    * Para no complicar demasiado la exposicin, las consideraciones pre-cedentes se refieren a una sociedad en la que rigen exclusivamente relacio-nes capitalistas. Adems, me he ceido a las relaciones de produccin. Porsupuesto, el Estado suele ser tambin garante y organizador de otras rela-ciones de dominacin en la sociedad, cuyo. fundamento originario puede o nohdlarse en la esfera de la produccin. ,/Entre las primeras pinsese, porejemplo, en diversas relaciones pre-capitalistas de produccin (histrica-mente importantes en Amrica Latina). Entre las segundas, las que ligana diversos sedores medios como las clases dominantes, o diversos mecanismosde explotacin o subyugacin sexuaL El Estado "real" ---es decir, el obser-vable en el desIlliegue de la especificidad histrica de cada caso-, eS 1&sntesis compleja, a ser indagada empricamente, de esta serie de detenni-l1aciones; esto 0S lo que intcntaremos resrceto de un tipo de estado, el BA,con esec:iclI ,-ercn.:;nci,-, ,,1 caso J\rgcnlnD de lDiJG-lD73, Pero; a pesar de

    d) Gobierno!J rgimen

    Debemos ahora preesar otras dos categoras: rgimen y gobierno.Entiendo por rgimen al conjunto de patrones realmente vigentes.(no necesariamente consagrados jnrdica o formalmente) que es-tablecen las modalidades de reclutamiento y acceso a los rolesgubernamentales, as como los criterios de representacin enbase a los cuales se formulan expectativas de acceso a dichosroles *.1 Dichos criterios pueden ser los presupuestos por la

    . teora ciemocrtica clsica (ciudadanos y partidos), y/o articula-ciones de intereses de la sociedad civil (por ejemplo, representa-cin corporativa) y/o instituciones estatales (por ejemplo, lasFuerzas Armadas), que abren acceso a los roles formalmente su-periores del aparato estatal **. El conjnnto de esos roles es el go-bierno, desde donde se movilizan, directamente o por delegacina escalones inferiores en la jerarqua bnrocrtica, en apoyo de

    esa complejidad, todavia tiene sentido hablar de Estado capitalista, en tantosea vlido afirmar (otro punto que pasa por, aunque no termina en, unaetapa emprica) que son las relaciones de produccin (y el proceso de acu-mulacin de capital y formacin de clases que de ellas deriva), el eje din-micamente subordinante de las otras relaciones.

    * Para una definicin semejante, que tambin tiene la ventaja dedistinguir claramente entre rgimen y Estado, David Collier en David Co-lIier, ed. The nc-w uuthoritu'rian-ism in [.;Ut-in America, pp. 402~403, Prince-ton University Press, Princeton, 1979.

    ** Tipo de Estado y tipo de rgimen suelen corresponderse cercana perono unvocamente. Un rgimen competitivo (o democrtico, o polirquico enla terminologa de Robert DahI, cf. esp., Jlodern Politica! A.nalywis, Pren-ti ce-H all , New York, 1966) implica la vigencia de criterios universalistasde representacin (ciudadana) as como de patrones pluralistas de repre-sentacin corporativa, no unilateralmente determinados por las institucionesestatales (cf. Phillipe Schmitter, "Still the century o corporatism?" enFrederick Pike y Thomas Stritch, comps., The new corporatisrn: social-political structures in the [beran TVorld, University o Notre Dame Press,pp. 85-131, Notre Dame, 1974). Este tipo de rgimen es incompatible con,por ejemplo, el Estado BA, que definir ms adelante. Pero, por su lado. unEstado autoritario puede combinarse con un rgimen de partido nico, o departido dominante (Mxico), o de dos partidos formalmente autorizados(Brasil hasta 1979) o de ningn partido (Chile), as como regular convariada rigidez (y con diferent.es sesgos hadH diversas clases sociales) 1",representacin (:QfI101.'

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    rdenes y disuasiones, los recursos controlados por el aparato es-tatal, incluso su supremacia coactiva. Se pueden resumir las defi-niciones de gobierno y rgimen diciendo que el primero es la cum-bre del aparato estatal, y que el rgimen es el trazado de las rutasque conducen a esa cumbre.

    ..

    Con este bagaje podemos comenzar el estudio de algunos pro-cesos que tuvieron decisiva incidencia en la implantacin del Es-tado EA en varios paises de Amrica Latina. No se encontraraqu una explicacin puntual de la emergencia del EA argentinode 1966', sino la explicitacin de algunos temas centrales paraentender esa emergencia y la dinmica posterior a la msma.

    2) Pueblo en Amrica Latina

    a) Pueblo

    En Amrica Latina la formacn de identidades colectivas a nivelnacional, por parte de vastos sectores hasta entonces margnados,se hzo mucho ms cama pueblo que como ciudadana ". Ms tardeo ms temprano -no slo mediante los llamados populsmos***-,

    * Dicho intento puede hallarse en Guillermo 'Donnell, ModeTniza-ein 11 autoritarismo, Editorial Paids, Buenos Aires, 1972, y "Moderniza-cin y golpes militares. Teora, comparacin y el caso argentino", en Desa-rrollo ccon,nico, nQ 47, octubre-diciembre, 1972.

    ** Esto no obst para que tambin se expandiera la participacin elec-toral, pero el proceso desbord ampliamente ese plano.

    *** Debo tratar estos temas con gran generalidad, en parte por razonesde espacio y en parte porque no abundan trabajos comparativos que seocupen con suficiente detalle de los avatares politicos de Amrica Latinacon. posterioridad a la ruptura del Estado oligrquico. Un anticipo de unainvestigacin apuntada a clarificar diversos aspectos de los perodos ante-riores al Estado BA puede hallarse en Marcelo Cavarozzi, "Populismos y-(partidos de clase media (Notas comparativas)", CEDESjG. E. CLACSOTIQ 3, Buenos Aires, 1976. La principal contribucin al estudio de este tema

    diversos sectores apartados de toda participacin (salvo como ele-mentos subordinados en sistemas clientelisticos) irrumpieron co-mo pueblo. Esto implicaba hacerse reconocer como miembros de

    -la nacin a travs de demandas de justicia sustantiva planteadasno en tanto clases sino como pobres, como postergados que, ade-ms, encarnaban a 10 ms autnticamente nacional. En esto ju-garon un papel subordinado a otros actores, soretod :l'i'::ic!nesde la burguesia urbana Y algunos sectore. me

  • * De all el inmenso valor simblico de ciertas expropiaciones o in-cluso de gestos ms moderados como la compra de los ferrocarriles inglesesdurante el primer gohierno peronista (1946-1952) en la Argentina, quetambin estuvo rodeada del solemne ritual implicado por la postulacin deque en ese aeto la Nacin, identificada con su pueblo, se constitua plena.mente en tal.

    ** El carcter parcial --en relacin con los paises centrales-- de laartkulacin capitalista de nuestras sociedades y algunas de sus consecuen-cias en relacin con los temas que aqui nos ocupan es destacado por MareeloCavarozzi, "Elementos para una caructerizaein del capitalismo oligrquico",CEDES/G, E. CLAC SO, n'} 12, Buenos Aires, 1979.

    ridad del capital transnacional ligado a la exportacin de pro-ductos primarios, daban el blanco contra el que se defina la iden-tidad colectiva de lo nacional-popular *.

    Qu sentido tiene afirmar que en Amrica Latina las identi-dades colectivas de la mayora se forjaron ms como pueblo que

    i corno ciudadana? En primer lugar, esto nos remite a la texturade la sociedad, en la que la emergencia del pueblo en tanto actor-subordinado, pero actor- en la escena poltica se dio junta-mente con una gran expansin de las relaciones capitalistas, laindustrializacin y la urbanizacin. Se ha sealado muchas vecesesta superposicin del tiempo histrico en nuestros pases, encontraste con los ritmos ms largos y secuenciales de los del cen-tro. Aun en casos de homogeneidad intranacional relativamentealta como los de Argentina, Uruguay y (en menor grado) Chile,esa superposicin entra que las significaciones implicadas porla ciudadana no tuvieron -ni en las experiencias de las clasesdominadas ni en la carencia de una plena textura capitalista dela sociedad**- posibilidad de anclarse en las identidades que seiban elaborando en medio de aquellos grandes cambios sociales.En las invocaciones desde los liderazgos populistas, y las consi-guientes identificaciones de los sectores recientemente incorpora-dos a la arena poltica nacional, no hubo, entonces, un sentidopredominante de aqullos cOmo ciudadanos. Lo que sobresali fuela invocacin de lo popular como fundamento de demandas dejusticia sustantiva que un Estado tutelar habra de atender, ascomo la autoafirmacin nacional-popular frente a la oligarquay a 10 extranjero entrevisto en el anterior sistema de dominacin.En un primer momento esto coincidi con una fuerte expansinde la economa urbana, que pareca demostrar que el aparato es-tatal se ocupaba efectivamente de los intereses del pueblo y que,adems, pareca sugerir que las demandaspeudieutes no tardaranen ser atendidas. Ms o menos plena y brevemente segn cada

    b) Ciudada-na y democracia poltica

    " A la vez que el componente de garantas individuales de la eiudad

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    electoral con que contaban quienes invocaban a lo popular. Entanto, entonces, para unos los mecanismos de la democracia pol-tica slo parecan trabar la eclosin popular y, para otros, levan-taban el fantasma de toparse con mayoras electorales adversas,la cuestin de la democracia recorri el perodo sin que los prime-ros quisieran ni los segundos pudieran apropiarse de ella. Pa-ralelamente, su correlato -la ciudadania- se imbric en la texturade la sociedad, quedando para unos como identidad secundariarespecto de su constitucin en lo nacional-popular y, para otros,como temible cana] que a travs de! voto poda impulsar an msun proceso que haba que detener -a pesar de que quienes assentan eran los mismos que seguan declamando la democraciacoptra las inclinaciones "despticas" de los liderazgos populares.

    As, cuando caducaron los autoritarismos y las restrictivas demo-cracias del perodo oligrquico, el proceso que se lanz tendi aescindir, en la experiencia histrica de las clases dominadas y enlos trminos en que se plante uno de los principales ejes de lalucha ideolgica, la identificacin en tanto pueblo con las cate-goras de ciudadana y democracia poltica *.

    Las eclosiones populares no fueron movimientos de clase, enel sentido de que las clases subordinadas pudieran plantearse me-tas autnomas y oriental' la direccin general del proceso. Antesbien, se canalizaron hacia una recomposicin de las clases domi-nantes que prepar el lugar para que su franje superior fueraocupada por los nuevos apndices del centro capitalista mundial.En algunos casos (Mxico y Argentina, cada uno a su manera yen sus respectivos tiempos) la emergencia popular-nacional yaestaba exange cuando se produjo el gran salto hacia la transna-cionalizacin de la estructura productiva urbana~ En otros (Brasily Chile, tambin cada uno a su manera) ambos procesos se su-perpusieron en el tiempo. Pero en todos los casos el proceso con-dujo a una reacomodacin de las clases dominantes, a una velozexpansin del capitalismo y a una fuerte transnacionalizacinde la estructura productiva. Que esa recomposicin de las clases

    " Ciertamente, un componente fundamental de estos proeesos fu,:!"ollls avances de participacin econmica y social que lograron al meno" lasfranjas ms activas y mejol' organizadas del sector popular urbano, no s!oen trminos de sus ingresos sino tambin en tanto benefic:ial'ios de accionestutelares del aparato estatal. Pero estos a\'lmces se lo;o;raron 111 impuhio deinvocaciGnes e id.entificaciones como pueblo y muchas veces, en contra de; 1 >:,acotamiento:" que ;;12 pretenda nt:"odudl'.

    dominantes marcara los lmites de un proceso que sin embargocolocaba en la arena poltica a vastos sectores populares, permiteentender que el Estado no pudiera aportar ni una articulacin mso menos fcil entre aqullas ni una hegemona sohre las clasessubordinadas. El "Estado de compromiso" * fue viable mientraslo popular corno principal contenido de la nacin ** no encontr,en sus demandas de justicia sustantiva, lmites en las modalidadesen que tenda a expandirse una economa que, ms o menos simul-tneamente, se transnacionaliz profundamente. Los intentos degobiernos y partidos por resolver la incongruencia entre esa pre-sencia popular, por una parte, y dichos lmites, por la otra, apa-reci entonces como "demagogia", como "prematuro distribucio-uisma", como suma de "ineficiencias" y como agobiante expansinde un aparato estatal que, mejor o peor, pretenda seguir tute-lando al pueblo.

    Debido a esto, antes de que se adoptaran "soluciones" desem-lJozadamente autoritarias, muchos sectores, cualquiera que hubierasido su posicin haca poco, buscaron caminos que implicaban escin~dir a la nacin de lo popular y anclarla en algn otro referente. Estoocurri en una _sitmlcill.que poco.haba avanzado en la instaura-cin de la ciudadana y que contena a un 'pueblo que, aunque par-cial y subordinadamente, haba superado su anterior marginacinpoltica. Esta presencia, aunque se desconociera a s misma comoclase y cada vez tuviera menos espacio econmico para concretar-se como justicia sustantiva, entraaba siempre la posibilidad,percibida como crecientemente peligrosa, de invocarla "demag-gicamente". Para las clases dominantes -nuevas y viejas- estofue convirtindose en el nudo gordiano que haba que cortar ***.

    ~ C. Francisco 'Veffort, O pop'Ulislllo ... , op. cit."'* La invocacin a lo popular fue caracterstica fuere o no que el

    gobernante proviniere o no de movimientos dispuestos a promover talesidentificaciones. Su voz poda sonar ms o menos verosmil, pero el lapsoque media entre la ruptura del Estado oligrquico y la implantacin delEA es el de la "populizacin" del diSCUTO de las instituciones estatales.

    "'~'" Mis propios trabajos han girado alrededor de estos procesos, desus "afinidades electivas" con la emergencia de los BA y ~contrapuntualmcnt,,_ con las tortuosas, pero novedosas, formas en que queda as plan-ieado el problema de la democracia en nuestros pases. Ninguna discusinde ('stas temas puede dejar de comenzar por reconocer el inmenso aportelel"ho, para su lcido y critico anlisis, por Fernando Henrique Cardoso;d., adems de su OlJ. cit. con Enza Faletto (Dependencia ... ), esp. las co-leccioncs de sus artculos en Estado 'Y sociedad en Ji mrica Latina, Nueva

    Yi.i:~':l, Buenos Aires, 107~j; .4u/oriteu'18H1o 13 J}enIOCT(lt':at;(/O, Paz e Terra,

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    3) Depende-ncia y desborde transnacionalizante de la sociedad

    Las teorizaciones sobre el Estado han dado por supuesta la coex-tensividad de ste con la sociedad y la nacin. Esto es, no se haproblematizado si las "fronteras" de Estado, sociedad y nacinpudieran o no coincidir. sta ha sido la visin desde el centro delcapitalismo mundial, donde el Estado pudo ser visto como engarceentre el sistema de dominacin social y las relaciones capitalistasde produccin, por una parte, y el arco englobante de la nacin,por la otra. No es casual que esta visin haya sido cuestionadadesde la periferia, sobre todo en los estudios de la dependencia.Ellos han planteado la no coextensividad de la sociedad con lanacin *, pero pocas veces se ha ligado explcitamente esto conla triloga Estadowsociedad~nacin**.

    Despus de la segunda guerra mundial nuestros pases conwservaron sus vinculaciones con el mercado mundial a travs deexportaciones de productos primarios, pero estas actividades que-daron subordinadas -en la dinmica de la acumulacin de capi-tal y en el peso relativo de las respectivas clases- a la expansinde las empresas transnacionales (en adelanteET_s) ***. Ellas sondinmicas impulsoras de la transnacionalizacin del capital, el que,como consecuencia de ese patrn, acentu sus caractersticas oli-goplicas, a nivel mundial y dentro de cada mercado. Ya no se

    Rio de Janeiro, 1975, y el "Post-Scriptum" (con Enza Faletto) a la edicinen ingls de Dependencia ... , op, cit., University of California Press, Ber-keley, 1979.

    * Cf. esp., el pionero y hasta hoy magnfico libro de Fernando H. Car-doso y Enza Faletto, Dependencia y desaxt'ollo en Amrica Latina, SigloXXI, Mxico DF, 1969.

    ** Un sugestivo intento en este sentido es Norbert Lechner, La crisi"del gstado en Amhica Latina, El Cid Editores, Buenos Aires, 1977. .r~nrealidad, la visin del centro sobre s mismo tambin debe ser puesta encuestin; en "La internacionalizacin de las relaciones capitalistas de pro-duccin y el estado nacional" (en Las clases sociales en cl capitalismo ele hoy,Siglo XXI, Mxico DF, 1975), Nicos Poulantzas realiza un interesanteanlisis de este problema en el contexto de los pases de Europa Occidental.

    *** Sobre esta expansin, Myra Vlilkins, TILc ml1king al mull.iilatlonalI'nterprise. American BHsress a.l'oad /'om 1.1114 lo -1970, Harvurd Vnivel'sityPress, Cambridge, 1974.

    trat, como antes (aunque no la anulara), de la extraccin en laperiferia de materiales cuyo mbito de circulacill son los pasescentrales. La novedad fue que los mercados internos de los capita-lismos perifricos pasaron a ser mbito directo de acumulacinde capital para las ETs. ~;sos trasplantes del capital transnacio-nal se convirtieron en las unidades econmicas ms dinmicas yrentables de los pases en que se insertaron. Saltando barrerasaduaneras y cambiaras, convirtindose as en productoras direc-tas en y para los mercados de la periferia, las ETs se adaptaron, apartir de la crisis del 30 y sobre todo de la segunda guerramun-dial, a polticas proteccionistas que implicahan la par.celacin demercados por los Estados nacionales. Con ello avanz la transna-cionalizacin del capital, no slo mediante la expansin global delas ETs sino tambin debido a los cambios que provoc en el co-mercio y en el sistema financiero internacionales. El resultadopara los paises recipendarios (sobre todoJo~ de mayor mercadointerno, que lo fueron en mucho mayor medida que los re,stantes,debido a la lgica de una expansin que ahora ~e interesaba en laperiferia como mbito directo de a acumulacin), fue que eu po-cos aos el eje dinmico de su crecimiento econmico (sobre todoen industria y en servicios no tradicionales) se haba desplazadohacia las filiales de ETs.

    De esto result una sociedad capitalista cuyas caractersticasla defineu como un original producto histrico. Es un capitalismodependiente, porque su funcionamiento l/normal" '" entraa un de-cisivo papel del capital transnacional y porque la acumulacin ensu mercado no cierra all sino que es un grifo abierto hacia losgrandes centros del capitalismo mundial. Pero -aunque tardoy dependiente-- es tambin un capitalismo extensamente industria-lizado, tanto debido al fuerte peso de la industria como por el altogrado en que sta determina las caractersticas y modalidades dearticulacin del conjunto de las clases. Pero, aunque extensamen-te industrializada, es una sociedad marcada por agudos desequilicbrioso Baste sealar" que: 1) produce pocos de los bienes de

    * Lo de "funcionamiento normal" ser explicado ms abajo,** La informacin ms c;ompleta sobre las caractersticas de la in-

    dustrializacin de Amrica Latina, desde el punto de vista de las peculiari~dades que sintetizo aqu, es Juan Ayza, Gerard Ficht y Norberto Gonzlez,Anrrica Lat'ina. Integracin econmica y 8ustitucin de importaciones,CEPAL, Fondo de Cultura, Mxico DF, 1975. Con referencia al caso argen"tino, dos interesantes esfuerzos por conceptualizar la especificidad reSultan-te de estas y otras caracteristicas son Richard Malloy y Juan Sourrouille,

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    capital y de la tecnologia que utiliza; 2) buena parte de los ser-vicios de generacin, transmisin y procesamiento de informacintampoco es producida localmente; 3) su balanza de pagos tiendea ser negativa, aunque pueda ser positivo el saldo de su balanzacomercial; 4) cuenta, cuanto ms, con el embrin de un mercadointerno de capitales; 5) la distribucin de recursos (no slo eco-nmicos) es significativamente ms desigual que la de los capita-lismos centrales; 6) a pesar de lo cual la oferta de bienes y ser-vicios tiende a imitar la de aqullos, y 7) buena parte de sus uni-dades econmicas privadas de mayor tamao y tasa de crecimientoson filiales de ETs.

    Estas caractersticas pueden resumirse diciendo que si bienla estructura productiva de estas sociedades es diferenciada ycompleja, es tambin desequilibrada e incompleta, en el sentidoque su integracin vertical es limitada, sobre todo, por la escasaproduccin interna de bienes de capital complejos y de tecnologa.A lo cual hay que agregar que buena parte de sus actores msdinmicos de capital privado son filiales de ETs o firmas de ca-pital nacional que se hallan intimamente ligadas, por diversos me-canismos, al capital transnacionaL Lo dicho basta para anotar queestas economas no son, ni en sus caractersticas ni en los proble-mas que tpicamente deben afrontar, iguales a la de los pasescapitalistas centrales -que lo son, precisamente, porque su estruc-tura productiva est ms verticalmente integrada Y porque lasunidades econmicas all originadas, actuantes en cualquier partedel mundo, cierran y deciden estratgicamente en aquellos centrosSll acumulacin de capital *. Esto tambin seala las diferencias

    Poltica eco7!mica en un pas conflictivo. El caso de la Argentina, Amo~rrortu Editores, Buenos Aires, 1976, y Marcelo Diamand, Doctrinas eco-1lmicas, desa'rrollo e 'independencia, Editorial Paids, Buenos Aires, 1973.

    '*' Las caractersticas y las principales consecuencias econmicas de laexpansin de las ETs en nuestros pases han sido materia de valiosas in-vestigaciones. Sobre Brasil, esp. Carlos van Dellinger y Leohardo Caval-canti, Empresas 1nultwcionais naindstria brasileira" IPEA, Ro de Ja-neiro, 1H75, y li'ernando Fajnzlber, E'stratgia industrial e empresas intet-nacionais. Posigio relativa de Amrica LaUna e do Brasil, IPEAjINPES,Rio de Janeiro, 1971; sobre Mxico esp. Fernando Fajnzlber y Trinidad Mar-tnez Tarrag. Las empre.':;a,$ tnl1lsnacionales, Expansin a nel rmuulial 11prollcccin en la industria mexicana, Fondo de Cultura Econmica, MxicoDF, 1976; sobre Argentina, Juan Sourrouille, El impacto de las empresastransnacionales sobre el empleo y lo8 ingres08: el caso de la Argentina,OIT, Programa Mundial del Empleo, Ginebra, 1976, Y La p'resencia y elcornportltmiento de las empresa8 extranjeras en el sector industrial argcn~

    de las sociedades que aqu estudiamos con otras, ms cercanas alas imgenes arquetpica,s del "subdesarrollo", q'ue tienen un nvelsignificativamente menar de complejidad de la estructura pro-ductiva y, en particular, de extensn de la industria.

    De lo sealado ha resultado una estructura productiva (y unasociedad) profundamente transnacionalizadu. No se trata slo deque muchos de SllS actores econmicos ms dinmicos y rentablessean filiales de ETs. El proceso que ha llevado a esta introyeccindel capital transnacional como productor directo"en y para susmercados ha sido un tpico fenmeno de recreacin, destrucciny subordinacin del conjunto de la sociedad. Y esto en variossentidos. En primer lugar, la insercin del capital transnacionalen la economa urbana, montndose en la ola de los esfuerzos in-dustrializantes de los perodos populistas, despl~ l:l:..tlnterior su-premaca de las actividades primarias-exportndoras y de las cla-ses ligadas a ellas. En segundo lUlIar, provoc una profunda re-composicin de la burguesa. Lo que ocurri no fue la captura.deuna estructura productiv~... Y~.L.!:,:!_~j.$t~mle (aunque en sus formasms parasitarias lo hiciera) ~il1o la creacin fX novo.de:raIrlal3.Xactividades industriales ..Y eO!Il~~'~~aIeEj y_de sery~ci~. Ante ellobuena parte de la burguesaur}:mna preexistente --en Su abru-madora mayora nacional, en lo que respecta al origen de su ca-pital y a la ubicacin de sus centros de decisiones- qued arrin-99n.ada en ramas Il1~ tradicionaJes, de crechnientoIlll3 le:nt(), :Il1e-nos capital y tecnologa intensivas, y sujetasa.condici0'Iles mscompetitivas. Algunas de esas empresas se sumaron a otras nue-vas de capital nacional, para colocarse en los eslabonamientos ha-ca atrs o hacia adelante * de las actividades de las filiales. Ya__-0---'-'." H '

    tino, Estudios CEDES, volumen 1, nI' 2, 1978, 'as como la recopilacin deinformacin en Guillermo O'Donnell y Delfina Linc.k, Depenrlcncift y aut-?lmnia, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1973, Cap. III. Ver tambinConstantino Vaitsos Inter-country in come Dishib1l.tion (1nd trans1wtioltolrnterpriscs, Oxford University Press, London, 1974; J11ult-inational corporrLtions in Brazil and Mexico.' Stn{etuml Sourccs 01 ecollornic and noncconomic}}ower, Report t the Subcommittee on Multinational Corporations o theCommittee on Foreign Relations del Senado de Estados Unidos, por RichardNewfarmer y Willard Mueller, U.S. Government Printing Office, Wash~ington DC, 1975, y Herbert de Souza, "Notes on "\-Vorld Capital", r",ARUShuUes, vol. lI, n 2, 1978.

    '*' C. Alberto Hirschman, Tite Stratcgy o[ Econmnic J)el'clopnicnt,Yale Universty Press, New Haven, 1957, y llThe political econorny of im-port-substituting industrialization in Latin Amcrica", en Albert Hirsch,man, .4 Bias [al' Rape, Yale University Press, New Haven, I7L

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    sea, hacia atrs, como proveedoras de insumas, partes o serVICIOS,o hacia adelante, como comercializadoras de productos de las fi-liales o adquirentes de sus insumas para elaboracin final, esasempresas nacionales son parte subordinadas de sistemas de poder(no slo econmico) controlados por las filiales respecto de lascuales se eslabonan *. stas suelen ser oligopolios ti oligopsoniosque controlan la tecnologa del proceso y suelen hallarse en con-diciones de gobernar las modalidades de acumulacin de capitalde sus subordinadas. El grado en que esas empresas eslabonadassiguen siendo "nacionales", ms all de un punto de vista formal,es dudoso si se considera que estn insertas en la red de relacioneseconmicas tendida por las filiales de ETs para promover Su pro-pia acumulacin de capital. Por lo menos, dichas empresas no son.el mbito institucional de una burguesa independiente, rectora desu acumulacin, de la tecnologa que utiliza y de las relaciones so-ciales -salvo las internas a cada empresa- que entabla. Otroefecto de transnacionalizacin es el que deriva de las empresas_que han logrado competir exitosamente con las filiales y/o quehan podido expandirse dinmicamente en las ramas tradicionales:las empresas locales ms exitosas en este sentido suelen ser lasms transnacionalizadas. Esto es, las que han podido expandirse

    .vigorosamente afuera de"la red de eslabonamientos directos de lasfiliales son las que, para ello, ms han debido "modernizarse" enun doble sentido. Uno, imitando el tipo de oferta de bienes, decomercializaCin y de publicidad de las filiales ---con lo cual, aun-que nacionales, extienden an ms el perfl transnacionalizado deproduccin y oferta de bienes y servicios. Otro vinculndose conotros segmentos del capital transnacional mediante adquisicin deequipos, contratos de provisin de tecnologa, usos de marcas ydi~versos servicios que las convierten en rplicas de aquellas filiales **.De manera que se ha generado *** una estructura y un "estilo

    "' Lo cual -contrariamente a lo que suponen las versiones simplistasde la dependenda- no obsta para que puedan suscitarse importantes con-flictos; pero ellos tienden a plantearse y resolverse dentro de los lmitesimpuestos pOr aquella subordinacin, tal como podremos ver en este libro.Estos temas y los que siguen los he desarrollado en "Notas para el estudiode la burguesa local" CEDES, Estudios sociales nQ 12, Buenos Aires, 1978.

    ** Aunque no dejan -de ser rplicas parciales, porque esas empresasnacionales suelen ofrecer una gama ms limitada y ms lentamente reno-vada de productos, con las ~onsiguientes rigideces para adaptarse a lascondiciones econmicas internas y a la competencia internacional.

    *** Como salvedad, pertinente para el lector interiorizado de la situa-cin argentina reciente, cabe sealar que un trabajo de Jorge Schvarzer

    de desarrollo" que, tanto a travs de las filiales de ETs, como delas empresas a ellas eslabonadas, como de las fracciones de capitalnacional que han logrado expandirse dinmicamente, imita al delos centros del capitalismo mundiaL Dado esto, es elemental quela tecnologa en uso sea la que corresponda a, e impulsa, el patrnde crecimiento del centro, y que la estructura productiva de laperiferia, aun de la extensamente industrializada, siga descabe-zada de esa tecnologa y de los bienes de capital que la corporizan-y que cuando logra avanzar en este plano, el ingenio local tien-da a reproducir tardamente la tecnologa del centro, o a adaptar,creativamente pero adaptar *, las innovaciones del centro a lascondiciones locales de produccin y mercado. Tambin es elementalque lo que se siente como "necesidad" obedezca a esta determina-cin social. Esto es, acceder a un consumo cuyo eptome es el de-vorador de nuevos productos. La estructura productiva y el cir-cuito subyacente del capital se flexionan entonce., hacia la r-plica del centro mundial, ratificando a ias ETs como conductorasy principales beneficiarias de la transnacionalizacin del capital.

    Pero esta tensin hacia la rpli.ca ocurre en una sociedad quedifiere sustancialmente de las que originaron el modelo ejemplar.Ya anot algunas caractersticas, suficientes para que ese flexio-namiento imitativo se inserte en, y plasme, una sociedad muy di-

    ("Estrategia industrial y grandes empresas: el caso argentino", Desarrolloeconmico, n" 71, octubre-diciembre 1978, pp. 307-352), muestra una reali-dad que parecerja apartarse de lo que acabo de afirmar. Esto es, las altastasas -de expansin y rpida conglomeracin de algunos grupos de grandesempresas de capital local, impulsadas en buena medida por generosas sub-venciones estatales y por el bajo inters mostrado ltimamente por las ETsen el mercado argentino. Pero, segn los datos de Schvarzer, el comienzode esta expansin de algunos grandes grupos de capital local (en granmedida colocados, por otra parte, en la produccin de insumos y de expor-tacin, no de articulos de 'Consumo, "modernos" o no) comenz durante lapoltica econmica 1967-69, que aqu tendremos oportunidad de estudiar.Por otro lado, el desinters de las ETs en el mercado argentino (que enalgunos casos se convirti en una verdadera fuga), se acentu marcada-mente a partir de los conflictos y la crisis econmica que se desatarondurante el perodo aqu estudiado. Volveremos sobre estos temas.

    "' Las contribuciones de Jorge Katz (c., esp., Jorge Katz y EduardoAblin, "Tecnologa y exportaciones industriales = un anlisis econmico dela experiencia argentina reciente", Desarrollo econmico, n Q 65, 1977), mues-tran por un lado una notable creatividad en ese plano pero, por el otro,que ella suele limitarse a adaptadones de innovaciones de productos, pro-cesos o equipos generados en el centro. No suele tratarse ni de una purarplica pasiva ni, tampoco, de ir ms all de a veces creativas adaptaciones.

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    ferente de las del centro. Adems, si bien no pocas de las demandasde justicia sustantiva atrs de la afirmacin de lo popular refle-jan "necesidades" socialmente inducidas por este patrn de "de_sarrollo", ellas tambin son parte de una presencia popular frentea la cual no slo no pudo constituirse una hegemona burguesasino tambin, corno veremos, tuvo, con la implantacin del EstadoEA, que retroceder an ms en SllS posibilidades de ser lograda.Dichas demandas son, por ello, por una parte ratificacin del fle-xionamiento imitativo y transnacionalizante de la estructura pro-ductiva y, por la otra, un continuo rebotar contra los lmites deesa estructura, que tiende a agudizar las desigualdades -relativasy absolutas- preexistentes.

    Hay otro punto, cercanamente conectado al anterior, sobre elque quiero insistir. Si bien las fronteras reales de la sociedad enla era de exportacin de productos primarios ya eran mucho msborrosas que en los capitalismos centrales, a partir de la inf"o-yeccin del capital transnacional en la estructura productiva ur-bana fue claro que la sociedad se haba estirado bastante ms all,.de lo que supuestamente demarcaba el respectivo Estado/La franjasuperior de esta burguesa eontiene numerosos centros de deci-sin que no pueden sino hallarse afuera del territorio que el Es-tado pretende acotar. \Esto es asi, porque la insercin en estosmereados es funcin (f~ un proceso de acumulacin a nivel trans-nacional que para poder cumplirse ha llevado, precisamente, ainstalar las filiales de ETs como productoras directas en ellos,sta es, a su vez, una de las modalidades del proceso ms ampliode transnacionalizacin del capital *, De esta manera la sociedad,en sus franjas ms dinmicas y econmicamente poderosas, hadesbordado al Estado, desde cuyas instituciones se puede negociaralgunas de sus modalidades de inserdn en la economa mundial-pero no el papel que dichas franjas cumplen como crucialespalancas de la transnacionalizacin del capItal-o Esta presenciaostensible y dinmica le lo ajeno (en el sentido de lo no-nacional)ocurre, sin embargo, en el mbito de un Estado que no plJede dejarde presentarse como un Estado nacional; es decir, como la deli-mitacin de un "nosotros" frente a un "ellos" que, sin embargo,

    * La situacin aqu descripta se complic an ms debido a la intro-duccin de un nuevo factor, que aqu no considero porque despleg su im-portancia con posterioridad al trmino del perodo aqu estudiado --- elcreciente papel que, en conexin con cambios en la coyuntura mundial a par-tir de 1973/4, y pas a jugar el capital finandero internacional privado enlos patrones de vinculacin de estos paises con el mercado internacional.

    ahora aparece introyectado, nada menos que como parte de la(ranja superior de la propia burguesa.

    De lo dicho el' la primera seccin se desprende el sesgo siste-mtico del Estado (como aspecto de una relacin social y comoaparato) hacia la reproduccin de la sociedad como, fundamental-mente, un plexo de relaciones sociaJes capitalistas y, por lo tanto;de la dominacin de clase que resulta de ellas, Ese sesgo tiende avelarse cuando el Estado aparece ciimo Estado-para"la-nacin.Pero esta apariencia se vuelve ms tenue cuando la socedadseestira hasta incluir como franja superior de la burguesa a losmencionados segmentos del capital transnacional. El Estado, en-tonces, por imperio de ese desborde de la sociedad, no puede yaabarcar dentro de su mbito a buena parte de los actores econ-micamente ms dinmicos ni de las relacioneS sociales ~no sloeconmcas- que ellosirrfldiall~' gOl' la.:rni#"marri~?n,elEst3:dopierde verosimilitud como .sntesis activa de la nacin. Esto ahon-da un hiato que es especfico del capitalismo dependiente altamen-te transnacionalizado en su estructura productiva **.

    Ese hiato reduce las posibilidades de hegemona de la domi-naen que desde el Estado se aporta para la reproduccin de lasociedad. Por otro lado, las posibilidades de conduccin ideolgicadel conjunto de la sociedad por las fracciones superiores de laburguesa quedan trabadas por la evidencia de que buena partede aqullas no es lIde" ni "para" la nacin, Otro obstculo surgede que la subordinacn estratgica de las filiales a sus matricesno les permite desplegarse como una burguesa que tiene su m-bito principal en un mercado nacional y en la construccin de unEstado con el que podra lograr exactamente lo que las casas ma-trices de las ETs no pueden querer: defenderse de intrusionesexternas y proyectarse conquistadoramente hacia afuera del mer-cado nacional --esto es, ser propiamente una burguesa nacionaly hegemnica. Por su parte, el capital propiamente local no puede,por imperio del mismo proces-a-efe recreacin -ir subordinacin ya'e(erido, convertirse en tal burguesa nacional,

    '" Sobre este punto y conexos, Norbert Lechner, La CT1S1S " op, di.** La nocoextensividad entre Estado, Sociedad (incluyendo la econo-

    ma) y Nacin es una -dimensin insuficientemente resaltada en la litera-tura que ha insstido en la "crisis hegemnica" que recorre la historia de),\ regin desde -por lo menos- la ruptura de la dominacin oligrquica,El ms influyente y provocativo trabajo en la perspectiva de esa proble-li1tica sigue siendo Jos Nun, "Amrica Latina; la crisis hegemnica y elgolpe militar", Desa1'l'ollo ccmlmico, n" 6, junio-agosto, 1967.

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    Los tempos de los procesos mencionados en esta seCClOll y laanterior variaron de caso a caso, pero en todos fueron un funda-mental antecedente para la emergencia del Estado BA. El mismoEstado que se enlazaba con lo nacional-popular obedeca a lastendencias expansivas del capitalismo mundial, abriendo espaciosinternos que promovan la introyeccin de nuevos segmentos delcapital transnacional y, con ello, el desborde de su sociedad. Ade-ms, se implantaba aS un crecimiento econmico que, por unaparte, transformaba la burguesa local (y subordinaba no pocasde sus fracciones al capital transnacional y al aparato estatal) y,por la otra, a travs de sus sesgos desigualizantes, generaba de-mandas que tena que limitar a slo parte de quienes -COmomiembros de un pueblo y una nacin- haban llegado asentirsecon ttulo a Su satisfaccin. Por eso, el perodo que medi entrela ruptura del Estado oligrquico y la implantacin del EstadoEA fue -con sus tC'ntpos y secuencias especficas a cada caso-,el del despliegue crecientemente contradictorio entre, por una par-te, la eclosin de lo popular como principal contenido de la na-cin, y, por la otra, de las restricciones resultantes de una es-tructura productiva que acentuaba sus caractersticas econmicay socialmente desigualizantes, as como desbordantes del mbitopresupuesto por la pretensin nacional del Estado.

    4) Sobre crisis econmicas

    }{e sealado algunas caractersticas de la sociedad en la queemerge el Estado BA. Ellas son significativamente diferentes delas de los capitalismos cenb~ales. Sin embargo, se supone que tan-

    stos como aqulla deben funcionar normalmente. Qu es "nor-mal"? La respuesta est codificada por los patrones habituales defuncionamiento de los capitalismos centrales, y la interseccinde esa codificacin con las particularidades de las sociedades queaqu nos interesan tienen importantes consecuencias para la eco-noma poltica de nuestras sociedades.

    Qu quiere decir la "normalidad" del funcionamiento eco-nmico de una sociedad capitalista? Que tiene lugar su expansin,o reproduccin dinmica, sin grandes saltos en la acumulacin decapital, espeCialmente por parte de grandes unidades econmicasque en ese proceso van transformando, y --parcialmente- eli-

    minando a otros agentes econmicos. Esa normalidad eS la crisisperpetua -pero no evidente- de un ,crecimiento",d.esjgual y desi-:-gualizante en principal beneficio de unidades mono u oligoplicas,cuya ac~mulacin sulJordina los comportamientos econmico~ yla distrbucin general de recursos en el resto de la sociedad. Estosuele traducirse en varias planos. Primero, que el comportamientode algunos indicadores, que aluden a ciertas regularidades, defineuna situacin "satisfactoria" o "saludable" de la economia, entanto sealan que aquel patrn de acumulacin se est reprodu-ciendo con escasos entorpecimientos. Segundo, que dicha evalua-cin es efectuada por actores que, en conjunto, tienen peso deci-sivo como para causar, con sus actos y omisi():I~l~s,esasituacin.Por supuesto, esto no obsta para que la evaluacin pueda ser di,fe rente sobre la base de otros indicadores -que no se toman enCUEnta o que son considerados poco "importantes"-, ni para quepuedan ser otras las conclusiones que extraigan actores que tie-nen escasas posibilidades de influir en dicha situacin. Como sabaHumpty Dumpty *, si las cosas andan 'bien" o "mal" dependeen buena medida de cunto poder tienen quienes as las denomi-nan. Dicho de otra manera, segn le vaya a quienes SOn domi-nantes, as se tender a evaluar la situacindeJ conjunto del que;:.;on parte.

    , Cmo se sabe cuando la situacin de una economa capitalis-ta es "satisfaetorir." '? Sin lwetensin de clar una respuesta exhaus-tivIl, pIll'eCe que las siguientes son condiciones generales necesa-rias pata que ese juicio sea emitido: 1) los capitali~.tas -sobretodo los colocados en las posiciones ms privilegiadas- tienen unatasa de ganancias que consideran satisfactoria al nivel de sus ac-tividades y del conjunto de la economa; 2) esas ganancias seconvierten en nuevas inversiones, gn propor:j3ill suficiente paraque la economa crezca a una tasa que aquellos actores consiq~r:::mrazonablemente alta y sostenida; 3) se predice que las condicionesanteriores se mantendrn (o 111eJ9rrriL'drrife el fbiro rel-vante para el horizonte temporal hacia el que se extienden laspreyisions y preocupaciones de esos aetores';:; *. EStas c'll'diciones

    "' Como tan 'clara y perversamente lo muestra la poltica econmil'nseg'uida en la Argentina entre 196 y 1980.

    Tal como sefiala Roberlo Frenkel en un trabajo en curso (CEDGSl,la ide:? subyacente de "nonnalidad" no {ieja de s0!' hi::;jjl1'ie"mentc situad'l;en el m;;mo pas su contenido especfico puede ser diferente en dt, Y en el t" o del pas A al 13 (por ejemplo, l1Wl ta"a allual dedel :;0 r;.; puede se!' sentiela COl)]O enUn;trlfic(l en F'.:Lados Cnidos y {'O!l1i)

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    pueden ser formuladas por la negativa: en una situacin econ-micamente anormal o insatisfactoria rije cualquiera de las si-guientes condiciones: 1. b). los capitalistas no logran una tasade acumulacin que consideran satisfactoria; 2. b) aunque larealicen, nO se convierte en inversiones que generan un crecimien-to que consideran razonablemente alto y sostenido de la economia;3. b) aunque as ocurra, los actores juzgan que la situacin futu-ra ser desfavorable 0, simplemente, no pueden predecirla. Dadacualquiera de estas condiciones, el juicio ser que la situacin esinsatisfactoria y, por lo tanto, los comportamientos tendern aajustarse a tal evaluacin.

    Advirtase que postulo que la evaluacin incluye no slo a lasituacin presente sino tambin una prediccin acerca del futuroque cada actor considera relevante. Veamos un poco ms de cercaeste punto. Una prediccin pesimista implica que el valor previstode las variables que se consideran relevantes es negativo o impre-visible. En el lmite, una prediccin pesimista por parte de loscapitalistas no se refiere a un valor an ms insatisfactorio deesas variables sino a la sustitucin del sistema vigente por otroen el que ya no hay espacio para ellos y rigen otros cdigos sus-tentados por otros actores --en otras palabras-, su prediccinms pesimista es la eliminacin del capitalismo.

    El funcionamiento normal de una economa depende en granmedida de que su situacin sea juzgada satisfactoria por sus acto-res de mayor peso. Esta afirmacin, trivial, implica varios puntosque tal vez no lo sean tanto. En primer lugar, tal juicio est co-dificado. Un cdigo es un mapa parcial de la realidad, que sesgaatencin hacia algunos aspectos y en perjuicio de otros. El cdigofiltra masas de informacin, seleccionndolas y jerarquizndolas.Selecciona al censurar la bsqueda de informacin, y su recepcin,sobre aspectos que define como irrelevantes. Jerarquiza al ordenar lainformacin admitida en elementos que son "importantes", otrosque deben quedar subordinados a aqullos y otros sobre los cuales,importantes o no, "nada se puede hacer". Tambin la jerarquizaal insertarla en un sistema de conexiones causales, que postulaQ_ue ciertas consecuencias siguen regularmente a ciertas situaciones.

    insatisfactoria en la Argentina de HH;G, a la vez que seria considprada co-mo muy satisfactoria en la Argentina de lTD). Pero en lodos Jos casosesa idea de normalidad Lendru que cumplir las condiciones genc'l'a!es queanulleio aqu.

    Como visin parcial de la realidad todo cdigo nubla la pereepcinde aspectos que pueden andar 'mal" al mismo tiempo, tal vez de-bido a que aqullos a los que se presta atencin andan "bien".Un cdigo es un segmento explicito y articulado de una ideologa.Pero la ideologa y su codificacin no son puro mito; recogen Yexpresan temas socialmente reales (ms precisamente, un nivel dela realidad que se postula como plenitud de la misma), en el doblesentido de que son una representacin relativamente correcta deese nivel y que son sustentados por actores que suelen tener pesodecisivo para determinar la situacin de ese segmento pareializadode la realidad.

    En una economa capitalista compleja, quines en realidadinteresa cmo evalan la situacin? En un sentido, "todos". Peroesta respuesta poco tiene que ver con una estructura fuertementeoligopolizada. Si tenemos esto en cuenta vemos que el juicio quems importa es el de los actores mono u oligoplicos que, por serlo,tienen mayor "poder de mercado": es decir, alta capacidad paradeterminar, mediante acciones y omisiones, la situacin actual yfutura del mbito de actividades econmieas y de relaciones socialesen el que se opera. Adems, esto implica una tambin alta capa-cidad de codeterminar, junto con otros actores de similares carac-tersticas, la situacin general de la economa. Vemos as deli-nearse una circularidad anloga al engarce micromacro postuladopor la ideologa: el juicio que ms importa sobre la situacin dela economa es el de quienes controlan sus unidades oligoplicas,porque son ellas las que tienen mayor capacidad para generar talsituacin; y, por otra parte, el cdigo que gobierna ese juiciocoincide fundamentalmente con los intereses de esos mismos ac-tores.

    Los criterios codificados para la evaluacin de la situacinde esos actores son homlogos a los codificados para el juicio sobrela. situacin general de la economa. En gran medida sta anda"bien" cuando y porque sus grandes unidades oligoplicas andan"bien", lo cual a su vez depende en gran medida que ellas consi-deren satisfactoria la situaein en su plano especfico de activi-dad *. Qu es ese "andar bien" al nivel de dichas unidades? Ellasson grandes organizaciones, sumamente complejas y burocratiza-das. De la abundante literatura sobre eUas slo necesitamos re-tener algunos puntos: sus pautas de desempeo, y de evaluacin

    '" Por supuesto, estas conexiones valen inversamente para el supuestode "mal" funeionnmiento.

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    de ese desempeo, se hallan fuertemente rutinizadas; fijan susmetas mediante criterios tambin rutinizados apuntados a un cum-plimiento satisfactorio" de las mismas (tpicamente, cierto por-centaje de ganancias sobre el capital y/o las ventas y cierta par-ticipacin en el mercado) ; tratan de controlar las reas de incer-tidumbre que han aprendido, suelen incidir negativamente sobresu desempeo; y la utilizacin de sus recursos exige complejasarticulaciones de coaliciones internas, que slo con gran dificultadpueden cambiar las actividades en que se han especializado o lasrutinas que las rigen *.

    Adems, estas organizaciones tienen un largo horizonte tem-poral en relacin con el de otros actores. Esto eS consecuencia desu complejidad interna, la dimensin de sus actividades, las in-versiones realizadas para Su especializacin en aeti vidades que nose aprenden ni desaprenden fcilmente y la maduracin en plazosrelativamente prolongados de los beneficios que generan. Por ello,actuar con una perspectiva de tiempo futuro relativamente pro-longada es la conducta racional para que estas organizaciones opti-micen las ventajas derivadas de su control de una cuantiosa ycompleja masa de recursos. En contraste, la extensin temporalde las previsiones con que suele (y racionalmente debe) mane-

    el pequeo comerciante o industrial es mucho ms breve.De esto hay evidencia emprica proveniente de estudios ele

    grandes firmas (en particular ETs). En lo que hace al caso ar-gentino, una evidencia significativa puede hal1arse~en el Cuadro1-1, que muestra cmo se alarga el horizonte de planeamientosegn aumenta el tamao de las empresas **.

    ~" Dentro de una abundante Hteratura, siguen siendo fundamentalesJames March y Herbel't SinlOH, Organation8, Wiley, Kew York, 1958.,lames Mal'ch y James Cyert, A behat'ioral lheol'y of the finn, Pl'entice-Hall,1':e1V Jersey, 1963, y los artculos peltinentes en James l\larch, comp.,i1cUidlJook oI OrgcIJi;;a{iOlis, Hand 1\1acNa11y, Chicago, 1965.

    j,* Estos ch,tos son an ms significativos si Se considera que, seg'':1]a fuente. todas las firmas encuestadas son sociedades annimas, es dedr,la llll.:estl''-\ no ha captado al estrato de firmas medianas o pequcfias, quesuden adoptar otras formas

  • 42 GUILLERMO O'DONNELL ANTECEDENTES TERICOS E HISTRICOS 43

    FIGURA n

    Supongamos ahora la figura 1I, que registra los mismos va-lores en el ao inicial y.en el terminal.

    La evaluacin de A, sujeta siempre a un ao de horizonte, esan ms optimista. La de B, en cambio, no slo concluye en unpunto igualmente insatisfactorio sino que adems, en contrastecon la figura anterior, llega a l a travs de fluctuaciones queprobablemente le hagan ms dificil programar y ajustar sus actlvidades. Estos ejemplos ponen de relieve que, en la medida enque la predIccin a ms de un ao es la de cualquiera de las dosfiguras, el comportamiento racional es maximizar ganancias enel corto plazo y minimizar las prdidas y riesgos predichos para elfuturo. Cabe adems suponer que --

  • 44 GUILLERMO O'DONNELL ANTECEDENTES TERICOS E HISTRICOS 45tuaciones que resultaba imposible predecir puntualmente. Es decir,la evaluacin era an ms negativa que la figura Ir porque, aun-que se poda predecir que habra empeoramiento y fluctuaciones,en contraste con el omnisciente predietor del ejemplo, esos acto-res no podan prever -salvo en el ms corto plazo-- cundo ycon qu agudeza ocurriran esas fluctuaciones.

    Esta situacin crea un tipo especialmente perverso de econo-ma, en el cual la nica actitud racional es el saqueo.1 Dada latendencia -conlbinada con la incapacidad de prever -a: medianoplazo sus fluctuaciones- es racional maximizar beneficios en elcorto plazo y tener 10 menos posible en juego cuando la situacinse agrave. En particular, no tiene sentido arriesgar la acumula-cin ya lograda en inversiones destinadas a madurar en el medianoo largo plazo; lo racional es dirigirla haca mercados cuya situa-cin futura es prevista como satisfactoria. La consecuencia esespeculacin financiera y fuga de capitales, a lo que se agrega lasuspensin del ingreso de nuevos capitales desde el exterior, queSe dirigen a economas que suscitan predicciones ms favorables,salvo colocaciones altamente especulativas. En lo que hace al ca-pital que se mantiene en aquel mercado, las mismas razones gene-ran la preferencia por colocaciones de alta liquidez y movilidad,tal como operaciones en monedas extranjeras "fuertes", especu-lacin en stocks y, en general, la transferencia de una enonnemasa de recursos a la especulacin financiera. En realidad, estono llega a una completa desinversin porque -adems de ciertasrigideces institliciohales~ es racional mantener un mnimo decapital inmovilizado para participar en las sucesivas rondas desaqueo a que darn lugar las futuras fluctuaciones. Pero, cuantoms dura y se ahonda el proceso -y, por lo tanto, cuanto ms seextiende el saqueo-- ms se extiende la especulacin financieray ms tiende a subordinar otras actividades; dicho de otra ma-nera, ms avanza el disloque de la estructura productiva y la sub-versin de los circuitos normales (en el sentido arriba. definido)

    ,de acumulacin de capital.

    Observemos algunas consecuencias. La primera es que estono obsta para que se logre una alta tasa de ganancias, que es elresultado agregado de una estrategia apuntada a la optimizacinde beneficios de corto plazo. Pero esto no sustenta un juicio opti-mista sino, por el contrario, es consecuencia de que ese juicio esprofundamente pesimista -lo cual se traduce en que pocas de esasganancias retornan corno inversiones productivas, lo que a su vez

    acenta las condiciones generales que suscitaron la evaluacinpesimista. Esta es la aparente paradoja de capitalistas ruidosa-mente descontentos en circunstancias en que realizan grandes ga-nancias. Una segunda consecuenciaesque,e},~a9~_~()_,~s~na~c_tit~,?racional para todos, En particular, tal como los capitalistas tiel-den hacia el xodo, la dBsinversin y la especuhiCiri, -par los tra.;.:bajadores no tiene sentido atender argUmentos -para -que "hiode-ren sus pretensiones" en beneficio de una Situacin econmicaque de todas maneras seguir empeorando. Los nicos benefiCiosque tienen sentido son los que pueden ser realizados inmediata-mente. En tercer lugar, los saqueadores saben que viven en unmundo de saqueo. Esto implicaqu,e,ti~,:t"ld,,~:t"l.a:,rel~tj:r~E!l~,~?lltr

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    para el mismo cdigo capitalista que aplican, entre otros, sus mspoderosos actores. El segundo es que el saqueo puede dar lugar aimportantes beneficios, sobre todo para quienes gozan de gran po...del' de mercado y de fcil acceso a operaciones financieras inter-nacionales. Pero la incompatibilidad de la situacin general conun horizonte largo de tiempo atenta contra las ventajas de mediana y largo plazo que tieneJl las organizaciones oligoplicas so-bre otros actores. El tercero es que, debido a todo esto, las mayoresunidades econmicas estn profundamente descontentas, a la vezque realizan grandes ganancias que, sin embargo, no transformanen inversiones. El cuarto es que, en consecuencia, esa economareproduce cada vez peor las condiciones de sU funcionamiento.Que no funciona "normalmente" es suficientemente claro; adems,en el lmite el saqueo se agota a s mismo. Pero si es la racionali-dad de cada actor la que impulsa este proceso antagnico para lapropia lgica vigente, es claro que su terminacin tiene que venirde afuera de esos actores y de la racionalidad microeconmicaque guia sus comportamientos. Una posibilidad es que esto seaimpuesto por actores orientados por otro cdigo. Otra es que "al-guien", orientado por el mismo cdigo capitalista, reimplante con-diciones en las que los comportamientos de sus actores generenresultados generales que vuelvan a ser percibidos como normalesy satisfactorios.

    Nos hemos movido en un nivel abstracto que ha manejado unminimo de factores que habr que completar y especificar. Sinembargo, acabamos de tropezar con las instituciones estatales, ese"alguien" que puede trascender la microracionalidad que encar-nan aun las organizaciones ms grandes de la economa, y reim-plantar las condiciones generales de funcionamiento normal deesa sociedad qua capitalisa. El proceso delineado implica que elEstado est fracasando en garantizar esas condiGiones. de funcio."namiento. Esta crisis suele implicar tambin el tambaleo de la es-tructura de clases y del sistema de dominacin que tiene en ellasu raiz. En otro terreno, esas crisis y tambaleos son un remolinode fuerzas polticas e ideolgicas, que muestra el grado en quetambin es sacudida la dominacin poltica. Cuando han avanzadosuficIentemente la economa de saqueo, la randomizacin de rela-ciones sociales y dicho remolino SOl). manifestacionesostensibl~sde una crisis global de dominacin. lE! Estado como "fundamentodel orden" deja paso al Estado que 'gira, acelerndolas, en las co-rrientes del remolino. Esto genera intentos de recuperacin-- de las

    condiciones de funcionamiento normal de ese capitalismo, funda-dos en recuperar la efectiva prestacin de la garanta estatal y desu papel de organizador general de la dO!!)nacln.l. Podemos ahora pasar a temas algo ms concretos.

    5) Crisis polticas, crisis del Estado "lI crisis de la

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    caba a una clase obrera a la que los concomitantes procesos deextensin de la industria habian hecho numer