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  • CUENTA ATRS

  • FRANCISCO M. ORTEGA PALOMARES

    CUENTA ATRS

    SALOBREA 1996

  • Francisco M. Ortega

    Diseo cubierta: Colin

    Depsito Legal: GR - 1.102 -96

    Imprime: Imprenta Salobrea, C.B.

  • A mis padres que me sufrieron.

    A Paco y Gerardo que me leyeron.

    A MODO DE PRLOGO

  • Por fin, Paco Ortega, o, mejor dicho, su heternimo Francisco M. Ortega Palomares, se ha decidido a publicar uno de sus mltiples poemarios. Al menos eso es lo que ha manifestado. Aunque con Paco, y, no digamos, con Francisco M. Ortega, nunca se sabe. O, para ser ms exactos, se sabe que nunca se sabe. Es por eso del existencialismo: Kafka, Camus, Sartre, la nusea... La vida, en fin; posibilidad de lo posible; por ejemplo de que Francisco M. Ortega Palomares haya resuelto o no servirnos el gisqui con agua de sus versos, que es como mostrarnos la ciudad mestiza que desde hace veinte aos le viene quitando el sueo y la vida. Porque Ortega es un poeta, un ciudadano perdido y encontrado en la neblina ambigua y finisecular de las aceras y los pabs. Masacrada por l mismo su inexistente candidez de aldea (no quiere ser una gloria local), en busca de un yo humano des-civilizado que lo rehace y lo deshace, porque en el fondo qu ms da, las palabras de Ortega se llenan de la desesperanza annima de quien no busca ya soluciones porque no cree ms que en di-soluciones. Su esttica es la esttica del perdedor, que, por perder, no le preocupa siquiera la prdida de su anonimato potico, como no le han importado desde casi nunca los escaparates editoriales ni los circos culturales. Al fin y al cabo, en todo un universo que va a su radical desaparicin, )qu importa el algo de escribir? )Qu importan unas pocas palabras? )Qu significa ganar o perder?

  • Francisco M. Ortega slo concibe otro oficio tan absurdo e intil como el de escribir, la costumbre dolorosa de vivir. La existencia humana, con su inteligencia monstruosa que no nos salva de la muerte, carece para l de toda justificacin. El hecho ineludible es que hemos de morir y, ante ese fenmeno indiscutible y sin sentido, no queda otro remedio que resignarse a vivir, acomodarse a matar el tiempo hasta que este, a su vez, nos d muerte. Este estoicismo, este escepticismo, ms bien, que si no da la felicidad al menos concede una ligera y elegante cordura, no es bastante para entender el mundo, pero s para entendrnoslas con l, para enfrentarnos a su permanente naufragio, a su desorden y a su injusticia. )Y qu mejor forma de naufragar que sobre el windsurf de la poesa? Esa momentnea apariencia de armona que nos ofrece el orden y recuento de nuestros fracasos y ausencias...

    Y precisamente ese enumerar lo vivido, esa cuenta atrs, con su doble valor en cuanto profeca del pasado y del futuro (eterno subir y bajar de Ssifo), es el nico blsamo de quien viene herido por la luz convencional de los neones y el silencio negro y hosco de los cielos urbanos, la esperanza de quien no espera nada y juega a mirar y a actuar como si esperase todava algo o a alguien. As, la mujer, como la mar de Baudelaire, siempre recomenzada y siempre deseada: Homme libre, toujours tu chriras la mer. Paco y Francisco M. juegan a

  • estar enamorados de la mujer; o mejor dicho, enamorados de la idea que tienen de lo femenino. Un idealismo, s, que nace sin duda de igual inquietud biolgica que el petrarquismo, por ms que ste la niegue, pero de muy otro referente, esta vez no mstico, sino ontolgico. De todas formas, escondida seguramente en los vocablos, vive la mitopotica angustiada del enamorado del amor: Narciso, Don Juan...

    En este libro, sobre todo, el reconocimiento a Cortzar, a Vallejo y a Cioran. Pero tambin Catulo, Pasternak, Borges, Walcott o G. Montero. Aqu, la dialctica literaria ciudad/aldea est superada. En Ortega slo sobrevive la ciudad porque ese es el nico mundo en que en que el poeta existe y se existe, la realidad que le angustia y le agoniza.

    En los poemas de Cuenta atrs, verdadera interseccin, regulada por intiles semforos, de la realidad con la imaginacin del poeta, resuenan, por aqu y por all, voces y ecos amistosos ()intertextos?) de sus escritores preferidos, estribillos de la msica pop espaola, gritos epigrficos de una pintada desde un muro en Pars o susurrantes epitafios de algunas lpidas de Montparnasse, puertas de los dormitorios de mrmol del ajedrecista Alekhine o del soador Cortzar (morir, dormir; dormir, quiz soar...).

  • Francisco M. Ortega alcanza, en esta ltima creacin, su mejor y ms maduro trabajo literario. Aqu el signo lingstico, es decir, artstico, se acomoda perfectamente a la funcin primaria del lenguaje: significar. Lo que importa al escritor (y, por tanto, a su lector) no es tanto la metfora pictrica (del Renacimiento) o la musical (del Romanticismo), sino el referente semntico, ontolgico, contemporneo, de los hijos del limo (en expresin de Octavio Paz) de este final de siglo. Retrica, pues, la de Ortega paradjicamente vital, des-mistificadora, des-veladora, resueltamente honesta, entregada, en definitiva, a significar algo y no a las meras galas del decir:

    ... ya importa poco el cuerpo que tomen las palabras empeado en encontrar un verso

    que rime mis pisadas con la calle

    -sinceramente cierto-

    y cuyo ritmo sea como el chapotear de las gotas de agua.

    Francisco Ayudarte Granados

    Motril, 12 de julio de 1996

  • Cada vez somos ms los que creemos menos en tantas cosas que llenaron nuestras vidas

    Julio Cortzar

    Vers que todo es mentira vers que nada es amor

    que al mundo nada le importa

    yira, yira.

    E.S. Discpolo

    La vida es injusta, desde el momento

  • en que la suerte te depara unos genes

    hasta el momento en que el azar de alguna enfermedad o accidente termina con tu vida.

    Simn LeVay

    IDEARIO

    Me da vrtigo el punto muerto

    y la marcha atrs,

    vivir en los atascos,

    los frenos automticos y el olor a gasoil.

    Me angustia el cruce de miradas

    la doble direccin de las palabras

    y el obsceno guiar de los semforos.

    Me da pena la vida, los cambios de sentido,

    las seales de stop y los pasos perdidos.

  • Me agobian las medianas,

    las frases que estn hechas,

    los que nunca saludan y los malos profetas.

    Me fatigan los dioses bajados del Olimpo

    a conquistar la Tierra

    y los necios de espritu.

    Me entristecen quienes me venden clines

    en los pasos de cebra,

    los que enferman de cncer

    y los que slo son simples marionetas.

    Me aplasta la hermosura

    de los cuerpos perfectos,

    las sirenas que ululan en las noches de fiesta,

    los cdigos de barras,

    el baile de etiquetas.

    Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,

  • el paso obligatorio, las tardes de domingo

    y hasta la lnea recta.

    Me enervan los que no tienen dudas

    y aquellos que se aferran

    a sus ideales sobre los de cualquiera.

    Me cansa tanto trfico

    y tanto sinsentido,

    parado frente al mar mientras que el mundo gira.

    TANTAS VECES LA VIDA

    En la vida es ms necesario perder que ganar.

  • B. PASTERNAK

    Has perdido tantas veces que una ms ya no importa,

    como tampoco importan, a poco que lo pienses,

    otras que pronto llegars a aguantar.

    Te tienen sin cuidado los saldos cotidianos,

    los juzgados de guardia y el papel timbrado,

    las pilas alcalinas y los jvenes yupis

    porque sabes que pronto volvers a perder.

    Eres esa mujer que acepta, en silencio, aquietada,

    el duro golpe helado del rapto de su flor,

    -muerto el disfraz ajado de su belleza ayer-.

    Eres el hombre hastiado en el hmedo parque

  • que mira en soliloquio fugaz atardecer

    cuando las canas pueblan la pensante testuz,

    y la ciudad perdida, a lo lejos, vomita

    colillas machacadas y fuentes de cristal.

    Te tienen derrotado los ecos de la noche

    la noctmbula voz de las sirenas

    las canciones de sal,

    y ese lento vaco de las conversaciones.

    Te han vencido las lneas de otro amanecer

    al confundir los rostros de los que van y vienen

    -nunca sabrs muy bien-.

    Estaciones de metro y garajes vacos

    te recuerdan que aoras volver a la niez.

    Te arruinan los bares, los kioscos de prensa,

    la marca de las cosas y el ltimo autobs

    -ese que nunca llega-.

    Te soterran las prisas, las angustias mortales

  • y las salas de espera, el cansino existir

    cuando ya nada importa y ya a nada sabe

    el hecho de vivir.

    SOUVENIR

    (Cimentire Montparnasse)

    Para Antonio Pea

  • Vallejo est en su tumba guardado,

    bien guardado, al fondo Montparnasse

    con su torre negra y su tapiz de razas.

    Los muertos arropados por el mustio recuerdo

    oyen ruido de rosas y feliz aguacero.

    Pars es una fies