41585759 el rastro ramon gomez de la serna

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III

11

I

EL RASTRO

OBRAS DE RAMN GMEZ DE LA SERNA

PUBLICADAS

Entrando en

fuego.

1904.literatura.

Morbideces. 1907.

El concepto deBeatriz. 1909.

la

nueva

1909.

La Utopa. 1909.Cuento de Calleja.

1909. 1909.

El drama

Mis siete palabras. 1910.

del palacio deshabitado.

El Laberinto. 1910.

LaEl

bailarina.libro

1911.(secretos). 1911.

mudo

LasSur

muertas. 1911.del

Renacimiento escultrico espaol.

1911.

Ex-votos. 1912.

El Teatro en Soledad. 1912.

El luntico. 1912.El Ruso. 1913.

Ruskin

apasionado (estudio crtico publicado por esta Casa con la traduccin de Las Piedras de Veneel

co}. 1913.

Tapices. 1913.Gregueras.

1914.

ftamn Gomes de

la

Serna

EL RASTRO

Sociedad Editorial

PROMETEOB*

Gemianas,VALENCIA

S

Esta Gasa Editorial obtuvo Diplomade Honor y Medalla de Oro en la Exposicin Regional de Valencia de 1909 y

Oran Premiocional de

de

Honor en

la Interna-

Buenos Aires de 1910.

Al justo yes l

trgico Azorn, que

hombre que ms me ha persua-

dido de ese

modo

grave, atnito y

verdadero* con que sin malestar ni

degradacin ni abatimiento slo cre

poder estar persuadido secretamente

de

miel

vida, le dedico este libro

con

oficioso

y tmido deseo de

consolarle de vivir entre gentes in-

confesas y de estar dedicado al

ms

agudo y al ms disimulado de los sarcasmos en el centro de seriedades inauditas y aclamacionestraas.ex-

XIMCTI DEL

EVItlIBELIO OE

RHMII 6MEZ DE IH SERHR

por Silverio Lanza

En aquel tiempo

el

Maestro era

muy

joven y

dijo sus siete hermosas palabras. Unos no las oyeron; otros no las entendieron; y de quienes las oyeron y las entendieron, hubo los

que las rechazaron por miedo los Csares y los que hallaron en ellas como el Credo de su Fe. He aqu las siete hermosas palabras: Oh si llega la imposibilidad de deshacer! Estas fueron y no otras. Y los necios crean que la conservacin de los tronos, de las religiones, de ios pueblos y de los individuos era que no se les deshiciese; y los neciosnos perseguan. Y el Maestro recordaba que Jess dijo: Se deshar el grano de trigo para producir cobecha.

Y el Maestro vea que Dios, siendo sabio y justo y misericordioso, cambia en invierno lo que hizo on verano; y en la vejez lo que se hizo en la juventud;

y aqulo

lo

que se hizo

all.

Y

deca el Maestro

que

sabio y lo justo y lo misericordioso

y

lo divi-

VIII

no es deshacer y hacer de nuevo para deshacerlo cuando pueda interrumpir la constante evolucinque es necesaria las vidas duraderas. Y cuando el Maestro vea tronos y religiones y pueblos individuos que no permitieron que se les deshiciese, y se deshacan fatalmente, estrilmente y definitivamente, repeta el Maestro sus siete her-

mosas palabras: Oh si llega la imposibilidad de deshacer!Silverio Lanza.*

Buen Silverio Lanza! Ningn lema mejor para este libro que la reimpresin de este comentario que puso l como Padre las palabras del hijo, para realzarle. Yo no haba odo bien, en la agona con que las deb pronunciar, esas siete palabras de aquel libro mo comentado, pero desglosadas por l, me han llenado de su espanto y de su anhelo de nuevo. Honor aquel anciano previsor, lleno de serenidad en la tragedia y de originalidad en la lobreguez de su pueblo y de su siglo, tan olvidado ya en

su primer aniversario, cuando l fu quien inici la chita callando las grandes disolvencias, las grandes disociaciones que imperaran!

PROLOGOOh si llega de deshacer!la

imposibilidad'

El Rastro no es un lugar simblico ni es un simple rincn local, no; el Rastro es en mi sntesis ese sitio ameno y dramtico, irrisible y grave que hay en los suburbios de toda ciudad, y en el que se aglomeran los trastos viejos inservibles, pues si no son comparables las ciudades por sus monumentos, por sus torres por su riqueza, lo son por esos trastos filiales. Por eso donde he sentido ms aclarado el misterio de la identidad del corazn travs de la tierra, ha sido en los Rastros de esas ciudades por que pas, en los que

he visto resuelto con una facilidad inefabledel

el

esquema

mapamundi

del

mundo

natural.

II

sama de su

Oh, el Mercado de las pulgas de Pars, en la Avenida Michelet, gran coincidencia de todo Pars, trgicahistoria

y

su galantera

y de aquella

calle

conmovedora y de aquella noche y de aquello y aquello otro en un revoltijo, en una confusin, en una incongruencia profunda!... Oh, el mercado judo de Londres,

X

PRLOGO

en el barrio Whitechapel en Middlesex, rasero comn de toda la gran ciudad, descanso y abismamiento de todas las observaciones hechas en caminatas largas y anhelantes!... Oh, aquel comercio en Miln, dentro de la Plaza del Mercado viejo, pequeo, oculto, pero en-

y consciente, con esa consciencia superior y postrera de los Rastros!... Y en Venecia, aquella tiendecilla opaca, llena de cosas de Rastro y los canales como parajes de Rastro en lo profundo y en la superficie: en lo profundo las innumerables cosas sumergidas por su peso y en la superficie esas cosas flotantes, informes, sospechosas, de que estn llenas sus aguas!... Y en aples aquellos tenderetes de los domingos en el barrio de los pescadores, aquellos tenderetes de una variedad inexpresable, llenos de cosas cotidianas y lamentables, en las que se me revel tan lejos del Rastro asiduo, la misma asiduidad de las cosas, la misma flaqueza y la misma flagrancia de los hombres, la misma consumacin!... Y aquel rincn de Florencia, atravesado el puente viejo hacia las afueras, y en el que nos pareci hallar corregido y depurado el Infierno ampuloso, deplorable, injusto y cruel del Dante, y en el que todo el .arte de la ciudad pareca postrarse con un secreto cansancio muy indecible, muy insospechable, pero muytraablesincero!... Y aquel tenducho de Pisa, en el que se refugiaba y se tenda toda la ciudad, su torre inclinada la

primera, como vencida y resignada, en el fondo obscuro, pacfico, eterno y asequible de la tienda!... Y aquel almacn arruinado de Roma, en el que todas las cosas sonrean de eso de la ciudad eternal, y en el que se fu hundir nuestra impresin del foro derruido, en una mezcla de ideas inseparable y tranquilizadora!... Y en Ginebra aquel escaparate de cristal brillante ante la crudeza luminosa de la nieve, tan cordial en la tarde desconcertada de tanto pasear por sus calles nevadas, entre las viviendas hermticas y castsimas, porque supuso como en todo lugar el encuentro de su Rastro, supuso la posesin de la ciudad, hallando de momento como en el sexo de una de sus prostitutas, la saciedad y el agotamiento del inters engaoso que

PRLOGO

XI

suscit de lejos ei nosotros el misterio de la ciudad y sus cosas y sus mujeres y sus hombres!... Y as, cuntos Rastros ms en el extranjero y en las provincias espaolas, todos disolventes y en todos aplacado todo!...i

III

El Rastro es siempre el mismo trecho relamido de la ciudad, planicie, costanilla, gruta de mar tienda de u ar, que es lo mismo, playa cerrada y sucia en que la g:an ciudad mejor dicho, las grandes ciudades y los p leblecillos desconocidos mueren, se abaten, se laminan como el mar en la playa, tan delgadamente, dejando tirados en la arena los restos casuales, los descartes impasibles, que all quedan engolfados y quietos hasta qie algunos se vuelven ir en la resaca. El Rastro es u i juego de mar, pero no de cualquier mar, sino de un

como el Mar Negro, el mar de aguas ms y ms repugnantes, aunque la vez el de aguas irs azules, un mar as, central, cerrado por todo un continente, y que adems se comunicase escondidairente con los dems mares. Un mar continental, secrete' salado, que travs de una estrecha bocacalle ennar aislado

espesas

,

trase de vencida en la blanda playa del Rastro para .aorir ras de tierra su mano llena de cosas.

IVY qu cosas! Casas carnales, entraables, desgarradoras, clementes, lejanas, cercanas, distintas: cosas reveladoras en su insignificancia, en su llaneza, en su mundanidad Maravillosas asociadoras de ideas!... Actitud la de esas cosas revueltas, desmelenadas y amontonadas, Simplicias y coritas! Todo tiene una tenip anza nica, nada es ya religioso con ese sanguinario y envidioso espritu de los dioses, ni nada es tampoco.

XII

PRLOGO

pretencioso con esa dura y ensaada pretensin del arte lleno de tan pesado y tan aflictivo orgullo por el estigma de divinidad que obliga soportar y por los implacables deberes estticos que somete. Aqu todo eso perece, se depura y se desautoriza porque es escueta y pura la contemplacin como consecuencia de su raz r de su total, de su completa impureza. Todo en el Rastro es para el alma una purga ideal que la calma, la despeja, la ablanda, la resuelve, la llena de juicio y para que no la fanatice ni ese juicio le

un suave escape. Las cosas del Rastro no estn, como vulgarmente se puede creer, en una situacin precaria, no; su momentoes el momento de paz y caridad despus del xodo y de la mala vida y todas ellas se ufanan y se orean como enfacilitael

descanso del

fin.