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  • 14 junio 201511 Tiempo OrdinarioMarcos 4, 26-34Jos Antonio PagolaPresentacin: B. Areskurrinaga HCEuskaraz: D. Amundarain

  • Vivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisin, noticiarios y reportajes descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escndalos grandes y pequeos. Los vendedores de sensacionalismo no parecen encontrar otra cosa ms notable en nuestro planeta.

  • La increble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. Qu puede hacer uno ante tanto sufrimiento?

  • Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos ms impotentes para afrontarlo.

  • pLa ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con ms poder tecnolgico, y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organizacin y racionalizacin de la vida.

  • Pero este poder organizado no est ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en un poder invisible que se sita ms all del alcance de cada individuo.

  • Entonces, la tentacin de inhibirnos es grande. Qu puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? No son los dirigentes polticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia ms digna, ms humana y dichosa?

  • No es as. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeas semillas de una nueva humanidad.

  • Jess no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orgenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla ms pequea, pero que est llamado a crecer y fructificar de manera insospechada.

  • Quizs necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeas y los pequeos gestos. No nos sentimos llamados a ser hroes ni mrtires cada da, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincn de nuestro pequeo mundo.

  • Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien est solo, una seal de cercana a quien comienza a desesperar, un rayo de pequea alegra en un corazn agobiado... no son cosas grandes.

  • Son pequeas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.

  • PEQUEAS SEMILLASVivimos ahogados por las malas noticias. Emisoras de radio y televisin, noticiarios y reportajes descargan sobre nosotros una avalancha de noticias de odios, guerras, hambres y violencias, escndalos grandes y pequeos. Los vendedores de sensacionalismo no parecen encontrar otra cosa ms notable en nuestro planeta. La increble velocidad con que se difunden las noticias nos deja aturdidos y desconcertados. Qu puede hacer uno ante tanto sufrimiento? Cada vez estamos mejor informados del mal que asola a la humanidad entera, y cada vez nos sentimos ms impotentes para afrontarlo. La ciencia nos ha querido convencer de que los problemas se pueden resolver con ms poder tecnolgico, y nos ha lanzado a todos a una gigantesca organizacin y racionalizacin de la vida. Pero este poder organizado no est ya en manos de las personas sino en las estructuras. Se ha convertido en un poder invisible que se sita ms all del alcance de cada individuo. Entonces, la tentacin de inhibirnos es grande. Qu puedo hacer yo para mejorar esta sociedad? No son los dirigentes polticos y religiosos quienes han de promover los cambios que se necesitan para avanzar hacia una convivencia ms digna, ms humana y dichosa? No es as. Hay en el evangelio una llamada dirigida a todos, y que consiste en sembrar pequeas semillas de una nueva humanidad. Jess no habla de cosas grandes. El reino de Dios es algo muy humilde y modesto en sus orgenes. Algo que puede pasar tan desapercibido como la semilla ms pequea, pero que est llamado a crecer y fructificar de manera insospechada. Quizs necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas pequeas y los pequeos gestos. No nos sentimos llamados a ser hroes ni mrtires cada da, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de dignidad en cada rincn de nuestro pequeo mundo. Un gesto amistoso al que vive desconcertado, una sonrisa acogedora a quien est solo, una seal de cercana a quien comienza a desesperar, un rayo de pequea alegra en un corazn agobiado... no son cosas grandes. Son pequeas semillas del reino de Dios que todos podemos sembrar en una sociedad complicada y triste, que ha olvidado el encanto de las cosas sencillas y buenas.Jos Antonio Pagola