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LA PRUDENCIA EN ARISTTELES

CRTICA/FILOSOFADirectora: VICTORIA CAMPS

PIERRE AUBENQUE

LA PRUDENCIA EN ARISTTELES . 'con un apndice sobre LA PRUDENCIA EN KANT

CRTICAGRIJALBO MONDADORI BARCELONA

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PRLOGOTodos estos grandes nombres que se suelen dar a las virtudes y a los vicios despiertan en el espritu ms bien sentimientos confusos que ideas claras. A pesar de esta severidad de Malebranche I respecto a un vocabulario moral que haba florecido durante toda la Antigiiedad y la Edad Media, la filosofa contempornea, menos persuadida de lo que se estaba en el siglo XVI! de la transparencia de la existencia humana a las ideas claras, ha reencontrado el camino para una teora de las virtudes.2 Pero si la moral permanece, las virtudes pasan de moda y no se puede decir que la prudencia, que siempre ha sido materia de consejos, sea hoy de aquellas que ms admiran los hombres y celebran los filsofos. Vanamente se la buscar en el ndice de un moderno Tratado de las virtudes. y un autor que no debera ser menos sensible a la permanencia de las virtudes cardinales que a las variaciones de la lengua cree ms expeditivo el mtodo de arrinconar la prudencia que explicar al lector moderno que es algo ms (y mejor) de lo que l cree.3 Ciertamente, desde la poca en que la Prudencia no inspirba slo a los telogos y los filsofos, sino tambin a los pintores y los escultores, desde aquella en que La Bruyere todava la asociaba a la grandeza,4 la palabra se ha devaluado considerablemente. Pero esta deL N. de Malebranche, Trait de morale, 1, 2, 2, ed. Joly, p. 15. 2. CL especialmente: N. Hartmann, Ethik, 1926; V Janklvitch, Trait des vertus, Pars, 1949; O. F. Bollnow, Wesen und Wandel der Tugenden, Frankfurt, 1958, y la bibliografa dada por este ltimo autor, p. 203. 3. R.-A. Gauthier, La morale d'Aristote, pp. 82 ss.; comentario a la tica a Nicmaco de Gauthier y Jolif, p. 463. 4. Donde est ausente la prudencia, encontrad la grandeza, si podis (Caracteres, XII, ed. Hachette, p. 385).

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Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacin escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccin total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografa y el tratamiento informtico, y la distribucin de ejemplares de ella mediante alquiler o prstamo pblicos. Ttulo original: LA PRUDENCE CHEZ ARISTOTE Traduccin castellana de M." JOS TORRES GMEZ-PALLETE Cubierta: Luz de la Mora, sobre una creacin de Enric Satu 1963: Presses Universitaires de France, Pars 1999 de la traduccin castellana para Espaa y Amrica: CRTICA (Grijalbo Mondadori, S. A.), Arag, 385, 08013 Barcelona ISBN: 84-7423-914-1 Depsito legal: B. 585-1999 Impreso en Espaa 1999. - NOVAGRFIK, S. L, Puigcerda, 127,08019 Barcelona

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LA PRUDENCIA EN ARISTTELES

PRLOGO

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valuacin no es culpa de la prudencia. Se dice: un automovilista prudente; pero tambin: un nio sensato (sage), lo cual no impide que la sabidura (sagesse) sea alabada an por los filsofos, aunque slo sea por educacin. Las variaciones del juicio sobre la prudencia tienen sin duda causas diferentes eje las semnticas. No es casual que fuera considerada una virtud estpida en el Siglo de las Luces,5 o que Kant la desterrara de la moralidad porque su imperativo no era sino hipottico.6 La prudencia ha sido vctima menos de la vida de las palabras que de los avatares de la filosofa y, ms en general, del espritu pblico. La prudencia fue vctima primero del racionalismo y ms tarde del moralismo. Ligada a ciertas cosmovisiones, deba quedar asociada a su declive. Querramos intentar encontrar el lazo de unin entre la exaltacin tica de la prudencia y la cosl11ovisinque supone en aquel que fuera su primer teorizado/: En un cierto sentido, todo se ha dicho ya sobre la prudencia. Pero, en otro sentido, nada se ha dicho hasta que no se haya explicado por qu fue Aristteles, y no cualquier otro, quien hizo la teora correspondiente. La verdad es que no se puede disociar la teora tica de la prudencia de las doctrinas metafsicas de Aristteles. La prudencia es, tambin y ms que ninguna otra, una virtud metafsicamente fundada. Y si llegramos a mostrar que el tema de la prudencia tiene races muy anteriores a Aristteles, esto significara que la exaltacin de esta virtud no es extraa a una cierta cosmovisin que, si era an la de Aristteles, fue, en gran medida y por largo tiempo, la de los griegos. Este enraizamiento de la virtud de la prudencia en la tradicin griega parecera alejamos de ella para siempre, dejando nuestra investigacin sin ms inters que el puramente historico. Pero no basta con decir que las lecciones de la filosofa son eternas; hace falta aadir que no siempre se las comprende cuando son pronunciadas y que hay palabras, de entrada indistintas, que slo se articulan despus de bastantes siglos. El mundo redescubre hoy lo que los griegos sospechaban hace ms de dos mil aos: que las grandes palabras provocan las grandes desgracias;? que el hombre, esa5. Carta de Voltaire a La Harpe, 31 de marzo de 1775. 6. 1. Kant, Fundamentacin de la metafsica de las costumbres, seccin 2 (trad. fr. de Delbos, pp. 127 ss.). 7. Sfocles, Antgona, vv. 1.350-1.351.

cosa extraa entre todas las cosas,8 no es aquello que debe ser superado, sino preservado, y en primer lugar contra s mismo; que el superhombre es lo que ms se parece a lo inhumano; que el bien puede ser el enemigo de lo mejor,' que lo racional no siempre es ra~ zonable y que la tentacin de lo absoluto (que ellos llamaban vOQls) es la fuente siempre resurgente de la desgracia humana. La prudencia poda ser quiz una virtud estpida para un siglo que crea no poder cumplir con la vocacin del hombre ms que superando sus lmites y que quera realizar sin demora el Reino de Dios sobre la Tierra. Pero nosotros volvemos a descubrir hoy que el mundo es contingente y el porvenir incierto, que lo inteligible IlO es de este mundo y que, si se presenta en l, es slo en fonna de sucedneos y a la medida de nuestros e.~fuerzos. La prudencia no es una virtud heroica, si se entiende por. tal una virtud sobrehumana; pero a veces hace falta coraje, aunque slo sea el del buen juicio, para preferir el bien del hombre, ql1ees el objeto de la prudencia, a aquello que nosotros creemos que es el Bien en s. Quiz, finalmente, esta virtud tenga todava su oportunidad en una poca que, cansada de los prestigios, contrarios entre s, pero cmplices, del hroe y el alma bella, busca un nuevo arte de vivir del que sean desterradas todas las formas, incluso las ms sutiles, de la desmesura y el desprecio. 9 Para designar lo que la tradicin latina denominar prudentia, prudencia, y que es necesario distinguir de la nocin vecina, pero muy diferente, de sabidura (sapientia, aoepta), Aristteles emplea la palabraepQv17(J[s. Pero en Aristteles phrnesis no significa slo prudencia, y se distingue mal a veces de la sofa. L.as variaciones de esta palabra presentan un problema a la vez filolgico y filosfico. En la Primera parte de esta obra desmenuzaremos los trminos de las mismas. La Segunda parte, necesariamente ms larga, propondr una interpretacin de la phrnesis en el sentido de prudencia. La Tercera parte se esforzar por poner de relieve una . sntesis cs el I""ceso La inverso, que restablece el orden natural de los antecedentes y los eonsecucntes (Coleccin matemltica, VII, Prefacio, 634, 10 ss., Hultsch). Papo hace 1l'1\,,"lar este mtodo a Euclides e incluso a Platn (cf. tambin Proclo, COIIII'/III1';" ,\'(I!Jre Euclides, IlI). De hecho, el mtodo parece haber sido ya conocido por lo~ I'ilagt')ricoso CL T, Heath, Creek Mathematics, 1, p, 168; n, pp. 400-401; id., MIlIIt"IIllIli,'.\' in Aristotle, pp. 271-272. 13. T. Heath, Creek Matlzematics, Il, p. 401. 14. Cf. Anal. post., n, 12, 95a 24-b 1.111

medio no es slo medio para un fin, tiene tambin su propia causalidad eficiente, la cual, a falta de ser dominada o simplemente prevista, corre el riesgo de vivir su propia vida y pasar de largo o ir ms all de lo que se esperaba de ella. As, el remedio o la operacin quirrgica son medios con vistas a la salud, pero tambin puede suceder que maten al enfermo.15 Lo matan, es cierto, por accidente, y del accidente no hay ciencia,16 pero esto no es excusa para el mdico, que debe recordar que vive en un mundo donde siempre es factible el accidente y no es, pues, enteramente transparente a su CIenCIa. De hecho, Aristteles distingue dos casos: aquel en el que, dado el fin, no hay ms que un medio de realizado, y aquel en el que el fin puede ser realizado por diversos medios. En el primer caso, no hay ms que una solucin, y se trata de encontrada. Pero, en este caso, la relacin entre el fin y los medios es recproca y necesaria; ser entonces objeto de ciencia, y la deliberacin que precede a la solucin no ser sino la medida de nuestra ignorancia o, al menos, de nuestra dificultad para actualizar nuestro saber. All donde la solucin es nica, no tenemos ms que enfadamos con nosotros mismos si no la encontramos: el buen matemtico no delibera, como tampoco el buen gramtico.17 Pero se puede preguntar si este caso privilegiado (que lleva en el texto de Aristteles a la comparacin con el anlisis matemtico) encuentra a menudo su aplicacin en los asuntos humanos, por ejemplo en las cuestiones de medicina o en los asuntos de dinero.18 Aqu, puesto que el fin est dado (curarse o enriquecerse), la dificultad vendr del hecho de que hay varios medios para realizado: entonces la perplejidad surgir no de la ausencia de va, sino de la pluralidad de las vas que se abren,19pero de las cuales ninguna es tal que estemos seguros de su xito. Es aqu donde encuentra su uso la deliberacin, puesto que se trata de15. Cf. Metafsica, E, 2, 1027a 22-27. 16. bid., 1026b 4. 17. t. Nic., Ill, 5, 1112b 1. 18. ll12b 4. 19. Esta relacin dialctica que hace nacer la apoda, no de la ausencia de vas, sino de su pluralidad, est bien precisada por el coro de Antgona (v. 360), para el cual el hombre es un Jtav'toJtQor!ll dvm awepQoavrv TO YlyvroaXElv auTv ... To yaQ fvw8l aauTov xal TO LWcrQVElEOTl !lEYTa1JTOVw~ T YQafl!laT q>11aLVal Eyro. Pero ya Platn condena el acercamiento entre la frmula dlfica y x el MT]OEvayav, que la rebajara al rango de un vulgar consejo. 52. En reaccin contra la valoracin tradicional del aloro~, Digencs cl Cnico ser el primero en hacer profesin de avaloEla. Cf. Pohlenz, La libert grecque, p.99. 53. Es la frmula, quiz estoica, que aparece en El Sueiio de EscipiI/: Deum te igitur scito esse (Cicern, De republica, VI, 24). En Epicteto conoccrse a s mismo ya no es conocer los propios lmites, sino conocer la propia invcllcibilidad (cf. Coloquios, 1, 18,27). Es el cristianismo el que volver a encontrar, aUllque en otro sentido, la tonalidad restrictiva de la frmula. Cf. Pascal, fr. 72, p. 353, Br. Conozcamos nuestro alcance. Kant, en la Crtica de la razn prctica, alahar al cristianismo por haber puesto los lmites de la humildad (es decir, del col/(/('imil'nto de s mismo) a la presuncin y al amor propio, los cuales desconocen dc grado sus lmites (la cursiva es nuestra). Es verdad que la prudencia griega, que prol ()E alJTOS; a'wu LO EU ECJLLV)>>

(VII, 12, 1245b 14-19).de su autor para defender a Aristteles contra el reproche que le habra sido dirigido desde el interior mismo de su escuela (On the Origin and Cycle, p. 448, n. 1, 450452). F. Dirlmeier, que apoya la autenticidad e incluso la relativa antigliedad de la obra, ve en ella, por el contrario, la crtica avant la lettre de una doctrina ya en germen en los crculos de la Academia, y que Aristteles no adoptara ms que posteriormente (Magna Moralia, pp. 467-470). Pero si nuestra interpretacin (confirmada por lo dems por el texto que citamos ms abajo de la t. Eud.) es exacta, no hay contradiccin ninguna entre Magna Moralia, ll, 15, Y la doctrina bien conocida de Metafsica, 1\, 9. Lo que el argumento aportado (con alguna complacencia, parece) por Magna Moralia ridiculiza aqu (segn la expresin de P. Merlan, SI/ldies in Epicurus and Aristotle, Wiesbaden, 1960, p. 87), no es evidentemente la doctrina del pensamiento que se piensa a s mismo, sino el modo de pensamiento antropornrfico que pretendera proponer el ejemplo divino a la imitacin inmediata del hombre. Lo que es autarqua en Dios sera enfermedad, autismo, esquizofrenia CIIel hombre. A la inversa, la experiencia apenas humana de la insensibilidad puede ser, por una inversin audaz (que anuncia la teologa negativa) transmutada en expn:si(jIJ necesariamente inadecuada de un atributo positivo de Dios. M. Merlan (11. ,:il.. p. 90) cita oportunamente a propsito los versos de Clemens Brentano (Nachkli/lg,~ 111'1'1110venscher Musik, III), que asocian tambin el tema de la insensibilidad y el del pensamiento de s mismo: Selig, wer ohne Sinne Schwebt. .. .. .ohne Sinne, dem Gott gleich, Selbst sich nur wissend. Pero en la perspectiva poco romntica de Aristteles, esta IlOlnl1:Ih, 1110 ()oou (Magna Moralia, 1212b 34) representara para el hombre una cada ell 1 1lIllIlIlIallo.

Estos textos arrojan, segn parece, alguna luz sobre el estatuto humano de la amistad, al tiempo que sobre las relaciones de la teologa y la antropologa. Los fines del hombre son los mismos de Dios, por la razn de que el hombre en su conocimiento, en su vida moral, en su trabajo, es una imitacin activa de lo divino. Pero los medios de realizar estos fines son evidentemente diferentes en Dios y en el hombre, o mejor dicho, el hombre tiene necesidad de medios, mientras que Dios es la inmediatez misma de la intencin y del acto. Esta unidad, esta autosuficiencia, originarias de la esencia divina, el hombre slo puede alcanzadas mediante un proceso de tanteo laborioso, cuyo rasgo principal es la exigencia de mediacin. As, es necesario que el hombre tenga amigos, ya que no puede conocerse y realizar su propio bien ms que a travs de un alter ego. En este sentido, la amistad es un sustituto imperfecto de la autarqua divina, igual que el pensamiento discursivo es un sustituto de la contemplacin de s mismo (Dios, en este sentido, no piensa) y que la virtud es un sustituto de una sabidura ms que humana (pues Dios es mejor que la virtud, Magna Moralia, 1200b 14, cf. t. Nic., VII, 1, 1145a 26). Pero hablar de sustitutos es hacer del hombre el agente privilegiado de esa inmensa sustitucin mediante la cual el hombre, como Aristteles lo dice de su arte, imita y acaba lo que la Naturaleza o Dios han querido, pero no han acabado. As desvalorizada o al menos puesta en su correspondiente lugar con relacin a Dios, la amistad no deja de prolongar al nivel humano las intenciones divinas: al sustituir la contingencia del fncuentro por la inteligibilidad de la eleccin reflexionada, sta introduce en el mundo sublunar un poco de esa unidad que Dios no ha podido hacer descender hasta l. Que los hombres puedan imitar, aunque sea al precio de un desvo, lo que en Dios es unidad subsistente y originaria, manifiesta tanto la potencia de los hombres como la grandeza, en suma impotente, de Dios. El ejemplo de la amistad muestra cmo, en Aristteles, una teologa de la trascendencia se degrada, pero tambin encuentra su acabamiento, en una antropologa de la mediacin.

LA PHRNESIS EN LOS ESTOICOS

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ApNDICE 2

LA PHRNESIS EN LOS ESTOICOS"La CPQV1']OLC; estoica se traduce generalmente por prudencia. Esta traduccin, que se remonta a Cicern, podra hacer creer en una filiacin entre la phrnesis aristotlica y la phrnesis estoica, y ciertos intrpretes no han dudado en compararlas (cf. Brhier, Chrysippe, 2: ed., p. 236). En realidad, las diferencias entre la doctrina aristotlica y las definiciones estoicas de la phrnesis son tales que no se puede suponer la menor influencia de la primera sobre las segundas. Segn una definicin que se remonta sin duda a Crisipo, la phrnesis -una de las cuatro virtudes cardinales, sin duda la ms importantees EmoL~ [11']WV JtoL1']LOV xaL ou JtoL1']LOV xaL OUOLQWV btLOL~[11'] yaOwv xaL xaxwv xaL OUOLEQWV + a (SVF, II1, 262). Ciertamente, la phrnesis parece designar aqu, como en Aristteles, la unidad de la teora y de la prctica, del saber y de la virtud; pero este rasgo general y comn traiciona todo lo ms una comn paternidad socrtica (cf. Jenofonte, Memor., II1, 9, 4). Ninguno de los rasgos especficos de la prudencia aristotlica se encuentra aqu: ni la oposicin de la CPQV1']OLC;, que es para Aristteles del orden de la 6~a, a la oocpLa, que es la nica que segn l es btLOL~[11']; i la divisin del alma razonable en una parte n cientfica y una parte opinativa o deliberativa, de la cual la prudencia sera la virtud propia; ni la distincin entre un bien absoluto, objeto de la sabidura, y un bien para el hombre, objeto de la prudencia; ni la atribucin a la prudencia de un campo distinto del de la sabidura, y que era en Aristteles lo contingente. De hecho, Cicern asimila generalmente el prudens y el sapiens (cf. De officiis, 1, 15-16, 19, etc.), y la tradicin medieval no volver a encontrar ms que tardamente e] sentido aristotlico de una prudentia que en la lista de las virtudes cardinales que acredit definitivamente el De officiis de san Ambrosio no era otro que la phrnesis estoica." Vase la nota al comienzo de la obra, p. 11.

Sin embargo, hay algunos textos que podran hacer suponer, en la tradicin postaristotlica, una supervivencia de la oposicin entre la sabidura y la prudencia. As, Cicern (De officiis, 1, 43, 153) previene que hay que distinguir entre la prudentia quae est rerum expetendarum fugiendarumque scientia y la sapientia quae est rerum divinarum et humanarum scientia. y san Agustn lamentar que se califique de sapientissimus a la serpiente del Gnesis: CPQovL[1UnmOe; enim in graeco scriptum est, non aocpwLaLOe; (Locutiones in Heptateuchum 1, Locutiones Genesis, VIII). Pero estos autores no justifican esta distincin mediante argumentos de inspiracin autnticamente aristotlica: as, Cicern, a partir de la superioridad de la sapientia sobre la prudentia, infiere paradjicamente la superioridad de la vida prctica sobre la vida contemplativa, puesto que la sapientia nos revela una relacin de comunidad entre los hombres y los dioses, y nos recuerda con ello nuestros deberes sociales. Se tratar aqu, o bien de un prstamo a la terminologa (pero no a la doctrina) del Liceo (cf. la polmica Teofrasto-Dicearco)', o de una simple referencia al uso popular (cf. tambin Epicuro, Carta a Meneceo, 132). No se ha de ver tampoco una influencia aristotlica en la definicin de la phrnesis como LO'U xaO~xOVLOe;E'lJQOLe;, se encuentra en un texto que de Estobeo (Eglogae, II, 5bS, Wachsmuth), que Philippson ( (p. xm). 19. Este punto est fuertemente subrayado en la primera versin (p. 178 W, nota), pero desatendido en la segunda.

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APNDICES

LA PRUDENCIA EN KANT

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Este es el lugar de interrumpir el anlisis de los textos de Kant para tomar la medida exacta del desplazamiento decisivo que hace sufrir al concepto de prudencia. Hemos dicho que este concepto haba sido tomado de la tradicin. Pero todava falta saber de cul. Klugheit es la traduccin alemana del latn prudentia, trmino que traduce el griego phrnesis, al menos en aquellos usos donde designa una sabidura orientada hacia la accin, por oposicin a una sabidura contemplativa, ms habitualmente denominada sophfa o en latn sapientia. De hecho, dos conceptos aparentemente vecinos pero distintos de la prudencia corren a travs de la tradicin moral de Occidente. El primero que est atestiguado en la literatura filosfica de lengua latina es el concepto estoico, aquel que Cicern define en el De officiis como el que designa la ciencia de las cosas a desear y a evitar, rerum expetendarum fugiendarumque scientia.20 Esta prudencia, confundida a menudo desgraciadamente con el concepto platnico de sabidura, es la que figura en la lista de las cuatro virtudes cardinales, transmitida al Occidente cristiano por el De officiis de san Ambrosio. En un contexto totalmente distinto, el de una elucidacin de las virtudes dianoticas y -en el interior de estas virtudes- el de una oposicin ms decidida a la nocin de sabidura (sopha, sapientia), hay que situar el concepto aristotlico de phrnesis, el cual, bajo la misma denominacin de prudencia, har su aparicin mucho ms tarde en la filosofa de lengua latina. Recordemos aqu solamente, para las necesidades de nuestro propsito, que la prudencia aristotlica se distingue de la prudencia estoica por los rasgos siguientes: a) no es una ciencia, sino una disposicin, un habitus (hexis) prctico (acompaado, es verdad, de regla verdadera, lo cual hace de l una virtud intelectual); b) no asegura slo la rectitud del fin, sino tambin la de los medios; c) se distingue de la sabidura, que es para s misma su propio fin, en que est ordenada al bien del hombre en general y, en particular, al de aquel que la posee: el hombre prudente es aquel que sabe reconocer lo que le es provechoso.21 De una manera general la prudencia trata de lo que es til al hombre.22 No hay duda de que es a esta ltima tradicin a la que Kant toma prestado su concepto de prudencia. La prueba negativa nos es aportada por uno de los resultados del estudio de Klaus Reich, Kant und die Ethik der GriechenY K. Reich ha podido establecer que el comienzo de la primera seccin de la Fundamentacin de la metafsica de las costumbres, la cual pretende mostrar que slo una buena voluntad puede ser tenida por buena en el mun20. 262-283. 21. 22. cia en t. 23. De officiis, 1, 43, 153. Cf. Von Arnim, Stoicorum veterum ji'l/glI/Cllta, III, t. Nic., VI, 7, 1141b 5. Magna Moralia, 1,34, 1197b 8; cf. la definicin ms completa de la prudenNic., VI, 5, 114Gb 20. Para un comentario de estos textos, vase SII/I/'(/. K. Reich, Kant und die Ethik der Griechen, Tubinga, 1935. pp. 27-33.

do e incluso fuera del mundo (p. 87), vuelve a tomar, para darle una respuesta bastante diferente, el problema planteado por Cicern en el libro 1del De officiis, captulos 3-5, donde se trataba de saber lo que es naturalmente digno de elogio, natura ... laudabile. La respuesta de Cicern era: lo honestum (1, 4, 14), es decir, la virtud, con sus cuatro divisiones cardinales que son la prudencia, la justicia, el valor y la templanza (cap. 5). Kant, que conoca la obra de Cicern por la traduccin y el comentario que haba hecho Christian Garve,24 no tiene reparo, en el primer pargrafo de la primera seccin de la Fundamentacin, en retomar por su cuenta la primera parte -negativade la argumentacin de Cicern o, ms verosmilmente, de su modelo estoico Panecio. Los dones de la naturaleza (talentos del espritu, cualidades del temperamento), no ms que los de la fortuna (poder, riqueza, consideracin, salud), no pueden, a pesar de su utilidad para el hombre, ser calificados de buenos si la voluntad que los usa no es una voluntad buena. Pero en el segundo prrafo Kant rechaza igualmente tener por buenas absolutamente cualidades -denominadas comnmente virtudes- a las cuales los Antiguos daban un valor incondicionado. Y cita: La moderacin, el dominio de s, la capacidad de reflexin sobria (